lunes, 2 de diciembre de 2013

La igualdad y las derechas

Bernardo Bátiz V.
H
ace unos días, en la librería Gandhi se presentó el libro Derechas y ultraderechas en México, del doctor Octavio Rodríguez Araujo, editado por Orfila; se trata de un cuidadoso estudio sobre un tema actual y oportuno. En el intercambio de opiniones participaron el público, el autor, la moderadora Guadalupe Ortiz Elguea y los comentaristas: la doctora Lilia Venegas, el periodista Luis Hernández Navarro y yo.
En mi turno hice una observación inicial: el libro es una atinada síntesis histórica del México reciente. Abarca y describe algo así como la larga vida de un hombre. Va desde un poco antes del gobierno de Lázaro Cárdenas a nuestros tormentosos y oscuros días.
El autor es objetivo al describir las derechas y ultraderechas, y simultáneamente severo en su crítica a estas expresiones políticas. No oculta su convicción de izquierda; sin embargo, se esmera en separar la descripción objetiva de los hechos de sus opiniones personales. Los capítulos constituyen un repaso a las muy diversas actitudes, movimientos sociales y políticos y personajes de la derecha y de la ultra, empezando por el nacionalismo exacerbado que entre 1929 y 1934 se expresó en una irracional xenofobia que perseguía, expulsaba y aun asesinaba extranjeros calificados de indeseables; desfilan luego los calificados por Lombardo Toledano de cartuchos quemados y los camisas doradas, el antisemitismo al estilo del judío internacional de Henry Ford y los anticomunistas de toda laya.
En el libro ocupan su puesto los simpatizantes mexicanos del nazismo, los admiradores de Franco, los cristeros, los sinarquistas, el clero católico, el PAN y los gobiernos priístas posteriores a Cárdenas; en ese totum revolutum, hasta los rotarios y los leones quedan, y con toda razón, en una franja del amplio abanico.
El libro es inquietante y provocador. De su lectura, de la amplia documentación bibliográfica que lo soporta y de la opinión siempre sustentada del autor se desprenden dudas e interrogantes sobre la dificultad de asir con precisión el concepto de derecha. La pregunta que recorre los capítulos del texto, que aparece tras la abundancia de datos, nombres, reflexiones y señalamientos es: ¿cómo conocemos que alguien es de derecha? ¿qué distingue a un gobierno, a un partido, a un movimiento como de derecha? Las respuestas y criterios son múltiples; son de derecha los conservadores, los que no quieren que las cosas cambien, los defensores de las ideas religiosas, los militaristas y fascistas, los nacionalistas extremos, los burgueses, los poderosos, los explotadores, los caciques y en general los que defienden sus intereses personales sin pensar en la sociedad o en los demás.
El acercamiento a la delimitación del concepto, que no es fácil, se logra por la claridad de pensamiento del autor, por su compromiso más allá de un puro interés académico y su sólida formación como maestro de la ciencia política; otra valiosa aportación es la propuesta de criterios para distinguir a las derechas moderadas de las intolerantes, intransigentes y dogmáticas, que constituyen las ultraderechas.
Para mí, que no acepto que quepan en el mismo saco panistas de la élite y sinarquistas populares, católicos, camisas doradas, leones y rotarios o Almazán, Vasconcelos y el doctor Atl, la discusión en la Gandhi fue clarificadora; en lo personal concluyo para mí, pero pienso que el autor puede estar de acuerdo, que para distinguir a las derechas de las izquierdas un punto clave, la piedra de toque, puede ser la posición frente al tema de la igualdad. Quienes son de derecha aceptan la fatalidad de la desigualdad, la promueven, la defienden, porque les conviene y de ser necesario la imponen por la fuerza; en cambio, la izquierda busca fórmulas y herramientas sociales que superen desigualdades y procuren mayor equidad social, que seamos todos más solidarios, más fraternos, con mayor similitud en posibilidades, oportunidades y bienes.
La diferenciación entre derecha e izquierda irrumpe en el lenguaje de la política durante la Revolución Francesa, ahí en la Asamblea Nacional, los que abolieron privilegios y títulos nobiliarios, los que dieron a todos el honroso e igual calificativo de ciudadanos, se sentaban frente al presidente de los debates de su lado izquierdo.
Hoy, independientemente de convicciones filosóficas, religiosas o políticas, podemos considerar de izquierda a quienes tratan de abatir las grandes diferencias entre los sumamente ricos y los sumamente pobres, quienes proponen programas de gobierno y decisiones económicas encaminadas a buscar una mejor distribución de la riqueza y mas oportunidades en educación, salud, vivienda, empleo y recreación. Por el contrario, quienes promueven facilidades a los grandes empresarios, salarios bajos, entrega del patrimonio nacional a la iniciativa privada, promulgan leyes represoras y mantienen actitudes discriminatorias, se encuentran sin duda en las derechas y ultraderechas.

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