martes, 18 de octubre de 2011

Astillero



Discutir sobre el narco

Se enreda Calderón

PRI se desmarca

Peligros para México

Julio Hernández López

CONFLUENCIA TRICOLOR. Los priístas Manlio Fabio Beltrones (senador), Enrique Peña Nieto (ex gobernador mexiquense), Ivonne Ortega (gobernadora de Yucatán) y Humberto Moreira (líder nacional del tricolor), en el contexto del segundo Foro Regional de la Fundación Colosio, efectuado ayer en el Centro de Convenciones de la ciudad de Campeche Foto Notimex

Adiferencia de lo sucedido casi seis años atrás, cuando el tema del narcotráfico no fue parte sustancial del debate ni de las propuestas de los candidatos presidenciales, en esta ocasión, incluso de manera temprana y arrebatada, está en vías de convertirse en el eje central de la discusión pública y las campañas rumbo a Los Pinos.

Por lo pronto, el foro para esta discusión está siendo usado casi en exclusiva por dos partidos que han redondeado posturas claramente identificables: de un lado, el panismo calderonista, que busca abiertamente dar continuidad a su política guerrera, con precandidatos que en términos generales, aunque con diferentes matices, se alinean con los trazos bélicos hechos por Felipe Calderón en lo que va del sexenio y que de alguna manera creen posible beneficiarse con los réditos comiciales que pueda aportarles la principal obra calderonista que ha sido la del reacomodo sangriento del negocio de las drogas.

Y en otra esquina de ese cuadrilátero político está el priísmo peñanietista que en su discurso oficial se dice dispuesto a sostener en lo esencial el combate al narcotráfico, pero en la práctica está construyendo su plataforma de acceso al poder con personajes largamente acusados de haberse asociado con determinados cárteles en los estados que gobernaron y que además, y justamente por ese inocultable tufo de labrada capacidad de entendimiento y control del fenómeno delincuencial, está siendo beneficiado por un ánimo electoral desesperado que anhela a como dé lugar el retorno de la paz negociada que durante décadas mantuvieron las administraciones priístas.

En el contexto de esos posicionamientos se ha producido una escaramuza que, mal manejada que fuera por la administración calderonista, siempre bien dispuesta a empeorar las cosas, acabaría precipitando lo que de otra forma podría y debería ser una sana discusión pública sobre el problema del narcotráfico y las soluciones posibles y deseables (proceso que nunca realizó el actual jefe de los operativos de “guerra”, sorprendentemente lanzado a esa campaña bélica apenas hubo tomado el poder y sistemáticamente negado en los años posteriores a realizar discusiones y correcciones verdaderas). Entrevistado por The New York Times, el ocupante de la silla presidencial sostuvo la línea electoralmente trazada con la que busca colocar al priísmo ascendente como cómplice de la delincuencia desbordada que, según eso, él sí combate parejo. Dicha de otra manera, es la tesis foxista de no cambiar de caballo a mitad del río (el símil sería no cambiar de operador del tanque de guerra a mitad de la balacera).

Más allá del tragicómico intercambio de acusaciones e intentos de exculpación que han hecho las dos partes contendientes, lo importante sería aprovechar la circunstancia para colocar en la mesa del debate público lo que se piensa hacer respecto al narcotráfico, en todas sus aristas, desde la probable responsabilidad criminal que miles de mexicanos han solicitado a la Corte Penal Internacional que investigue en las personas de Calderón y sus secretarios de guerra, hasta el papel en sí del Ejército y la Marina, y la conveniencia o rechazo a que continúen en las calles.

Sin embargo, todo parece destinado a diluirse en el marco de la inmediatez y el desquiciamiento de lo electoral. Aun cuando la simple lectura del párrafo polémico de la entrevista con el NYT muestra el claro interés de Calderón por colocar al priísmo la casaca de posibles complicidades con el narco si regresa a Los Pinos, el secretario de Gobernación ha pretendido enderezar una especie de responsabilidad indirecta hacia los reporteros y un ex gobernador priísta de Nuevo León, como si aquéllos fueran los causantes de las respuestas dadas por el mexicano y como si los dichos de Sócrates Rizzo, posteriormente desautorizados pero no desmentidos por él mismo, pudieran ser una fuente fidedigna y poderosa para la elaboración del discurso de alguien que formalmente es jefe de Estado y además debería esmerarse en actuar con cuidado y equilibrio en terrenos electorales para no permitir que se asiente la impresión o la convicción de que está actuando abiertamente como jefe de campaña de su partido y que está abandonando lo que le quedara de empaque institucional al cargo que ejerce.

Hay otro aspecto que es más trascendente que el forcejeo declarativo en el que hoy participan Calderón, Peña Nieto, Cordero y Moreira, entre otros: la conversión del poder de Los Pinos en instrumento electoral de agresión, en busca de conservar el poder, etiquetando al adversario más adelantado como “peligro para México”. Seis años atrás, el foxismo actuó de manera parecida contra Andrés Manuel López Obrador, a tal grado que incluso el tribunal federal electoral reconoció las distorsiones graves del proceso, aunque se declaró sin fuerza para imponer sanciones e impedir que las inequidades reconocidas se transformaran en poder de facto. A los nubarrones conocidos, Calderón estaría agregando la certidumbre de que está decidido a utilizar sin recato cuanto recurso tenga a la mano, legal o ilegal, moral o inmoral, haiga de ser como haiga de ser, para tratar de sostener en el mando nacional su opción partidista.

Astillas

Continúa la discusión entre élites partidistas respecto a las propuestas misceláneas de reacomodo político que entre otros puntos polémicos incluyen la posibilidad de que un presidente provisional de la República, designado ante la falta absoluta del titular, pueda ser candidato a ocupar el mismo cargo, en una forma indirecta de relección. La serie de modificaciones constitucionales que se proponen en materia de sustitución del Presidente, para superar el vacío normativo actual, que deja todo abiertamente en manos del Congreso, también abona especulaciones diversas que encuentran campo de cultivo en la volátil circunstancia política actual...

Y, mientras con una voz se reconoce que el alzamiento zapatista se debió a las circunstancias de marginación y miseria que se vivía en la región, y con otra se propone como alternativa a los problemas la conversión al turismo de aventura, ¡hasta mañana!

Twitter: @julioastillero

Facebook: Julio Astillero

juliohdz@jornada.com.mx

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