martes, 21 de agosto de 2012

Astillero



Democracia en germe

Pobrecito IFE



Lipe y Elba, adiós



Panal victorioso



Julio Hernández López
DESPEDIDA. El presidente Felipe Calderón inauguró ayer el ciclo escolar 2012-2013, en la Escuela Técnica Número 14. En el acto fue acompañado por el titular de la Secretaría de Educación Pública, José Ángel Córdova Villalobos, y por la lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo Morales    Foto Jesús Villaseca

Deseoso de limpiar en algo la muy mala imagen del Instituto Federal Electoral y especialmente de sus consejeros (malos operadores, buenos cómplices), uno de ellos, Alfredo Figueroa, acabó confesando que la democracia mexicana (por llamarla de alguna manera) es apenas un esbozo, un intento: rechazo absolutamente las ideas de democracia consolidada”, dijo al reportero Alonso Urrutia en la entrevista que como nota principal de su portada llevó La Jornada este lunes.



Cierto es que solamente ganando las millonadas que ganan los plácidos consejeros se podría atrever alguien a hablar de “democracia consolidada”, por lo que el audaz Figueroa complementó su tesis con el señalamiento de que “hay una democracia germinal, con elementos que no terminan de florecer, con déficits muy importantes que obligan a replantear la transición”. ¿Germinal? Pues sí. Eso dice el consejero Figueroa, quien parece decidido a practicar una especie de chuchismo perredista en el interior del IFE: palabrería “crítica” para consolidar el sistema del que se benefician.



Si han de tomarse en serio las palabras del poblano Figueroa, la democracia mexicana en estado germinal ni siquiera a estar en pañales alcanza (aunque en gasto general, y en especial en sueldos y prestaciones de los consejeros, el nivel es altísimo, descomunal) y mucho menos a “terminar” de “florecer”, pues según la Real Academia Española tal germinalidad significa el “esbozo que da principio al desarrollo de un ser vivo”, o la “parte de la semilla de que se forma la planta”, o el “primer tallo que brota de ésta”.



Otro momento brillante de la entrevista de Figueroa se produjo cuando el reportero Urrutia le recordó que en 2006 se había hablado de una profunda reforma electoral, “y ahora otra vez...” A ello el maestro Figueroa respondió, con seriedad abismal: “se hizo, pero hay que profundizar más”. Sin explicar en qué momento podría darse por satisfecho ese profundizómetro, añadió: “ninguna reforma va a resolver las ausencias democráticas en otras esferas, a menos que se pretenda que el IFE se convierta en el Estado completo. No se puede pretender que sólo una institución de la República pueda resolver problemas que los poderes unidos no han podido”.



Dolido, casi exigiendo indemnización pública o algún acto nacional de desagravio, el ya antes mencionado consejero Figueroa reprochó entre muy sentidos signos de interrogación: “Al IFE se le exige como si fuera todo el Estado mexicano, ¿y qué se hace con fenómenos como el lavado de dinero, la creciente opacidad en los gobiernos estatales y municipales de todos los partidos o la compra del voto?”



No, pos sí. Con tanta claridad, ¿quién podría haber esperado algo distinto en este proceso electoral a punto de desembocar en una declaratoria de validez de compra de una elección presidencial? ¿Qué pueden hacer los santos consejeros electorales aparte de consumir a título de compensación buena parte de esos recursos públicos que de otra manera tampoco habrían de servir para nada mejor? Mexicanos: comprendan a los señores consejeros y al respetable IFE, por favor.



En la tanda de las despedidas, Felipe Calderón Hinojosa y Elba Esther Gordillo Morales compartieron con frialdad apenas disfrazada el inicio de clases en el sistema educativo nacional. Cómplices en el trasiego de votos de 2006, hoy transitan por caminos divergentes, luego de superar la tentación de confrontarse abiertamente. Si del amor al odio solamente hay un paso, los tórtolos electorales de seis años atrás hoy viven pasiones políticas tormentosas.



Tanto le llegó a deber Felipe a Elba Esther que le hizo pagos que fueron proporcionalmente tan altos (Issste, Lotería Nacional, subsecretaría de la SEP, secretaría técnica del Sistema Nacional de Seguridad Pública) como los favores electorales recibidos por el panista que apenas alcanzó a hacerse declarar triunfador con una diferencia de 250 mil votos. En algún momento de despecho, en junio de 2011, la vendedora de favores reveló que los cargos (y presupuestos) recibidos provenían de un puntual “arreglo político”. Por si hubiera dudas.



La profesora Gordillo reivindicó su olfato triunfador este año, pero con una apuesta partidista distinta. Volvió al redil original, el de tres colores, pero con fuerza y agenda propias, ya con un partido familiar, el denominado Nueva Alianza, al que en esta columna bautismal se le hizo llamar Panal (y, a su dueña, Elbeja Reina). Alineada oportunamente con Enrique Peña Nieto (aunque por cuestiones tácticas se simularon distancias y se presentó a un dizque candidato presidencial, Gabriel Quadri de la Torre), Gordillo Morales tiene frente a sí otro panorama sexenal grupalmente victorioso. Su hija va al Senado y su nieto a San Lázaro (además, cubrió pagos pendientes: a la amiguísima Marta Sahagún le hizo el favor de convertir al hijo, Fernando Bribiesca, en diputado federal; al prestanombres Quadri le colocó a un hijo en ruta suplente, que pronto podría desembocar en una curul, y a Jaén Castillo Jonguitud, nieto del cacique al que desplazó, Carlos Jonguitud, lo hizo diputado local por San Luis Potosí).



El problema de fondo, sin embargo, no es de índole electoral o de acomodos de camarillas (aunque de allí proviene y en ese contexto sobrevive), sino de la prolongada crisis del sistema educativo, dominado por una mafia sindical que se sostiene gracias a sus arreglos electorales con los poderes institucionales con los que acaba fundiéndose en términos dominantes en cuanto a ese ámbito específico.



El proceso educacional mexicano está dando tan malos resultados que el país se va atrasando en el contexto internacional, y generaciones de jóvenes quedan sin la preparación adecuada para enfrentar un futuro tan difícil que, como acaba de decir Zygmunt Bauman a El País (http://bit.ly/NVfEYF ): “Es la primera vez en la historia, y he tenido una larga vida, en que toda una generación está al borde de quedarse en la cuneta. La juventud corre el riesgo de hacerse redundante”.



Y, mientras se multiplican los hechos violentos en el Distrito Federal, ¡hasta mañana, con el suavecito Gamboa prometiendo erradicar del Congreso de la Unión las confrontaciones “estériles”!



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