lunes, 22 de mayo de 2017

México SA

ATP: canción de los perritos
Lighthizer: funeral oficial
Romance en condominio
Carlos Fernández-Vega
P
or si alguien mantuviera la duda, ayer formalmente fue (una vez más) enterrado el Acuerdo de Asociación Transpacífico (ATP), y el sepulturero se llama Robert Lighthizer, representante comercial estadunidense, en nombre del dueño de la funeraria, el energúmeno de la Casa Blanca (quien lo oficializó, mediante una orden ejecutiva, desde enero pasado). El mensaje es simple:Estados Unidos se retiró (de ese mecanismo) y no va a cambiar esa decisión. ¿Dudas?
Es el mismo acuerdo comercial (en realidad un bloque geoestratégico favorable a los intereses político-económicos y militares de Barack Obama en contra de China), que se negoció en lo oscurito y en palabras del siempre exacto Ildefonso Guajardo, secretario peñanietista de economía, pondrá a México a la vanguardia del comercio internacional, pues el ATP uniría en un bloque de naciones 40 por ciento del producto interno mundial, alrededor de 25 por ciento del comercio internacional y 28 por ciento de la inversión extranjera directa global.
Pero, como siempre, la propaganda oficial no lo dijo todo. De hecho, expresó muy poco, porque casi dos terceras partes del gran pastel promocionado corresponden exclusivamente a Estados Unidos (62 por ciento del total) y una gruesa rebanada adicional a Japón (cerca de 17 por ciento). El 21 por ciento restante se reparte no equitativamente entre las otras 10 naciones participantes, y el peso específico de México apenas es de 3 por ciento del total, y con eso, presumía Guajardo, nuestro país se pondría a la vanguardia del comercio internacional.
Ayer Robert Lighthizer reiteró la postura oficial del gobierno de su país y lo hizo en el contexto de un encuentro de ministros de Comercio de la región Asia-Pacífico, que se lleva a cabo en Vietnam, uno de los signatarios del ATP (firmado por 12 naciones; Estados Unidos, una de ellas). Se supone –versión oficial– que los 11 restantes intentarían mantener activo el citado mecanismo comercial, pero el funcionario gringo les quitó las ganas.
De hecho, tras el anuncio de Trump en enero pasado –uno de los primeros tras instalarse en la Oficina Oval–, tres países (Canadá, Chile y Perú) pintaron su raya. El de la hoja de arce dijo que primero son sus intereses y después los amigos; el segundo –en voz de su canciller–, que el ATP, tal cual lo conocíamos, ya no está sobre la mesa, y no hay posibilidad de mandar un proyecto (al Congreso de aquella nación) que no incluya a Estados Unidos, y el tercero –Pedro Pablo Kuczynski dixit– anunció que su gobierno trabajará con China y otras naciones asiáticas, con la finalidad de rescatar los buenos elementos del acuerdo.
Entre lo más reciente hay que considerar que Vietnam y Malasia no están muy animados por intentar revivir un ATP sin los gringos, es decir, el objetivo de tal acuerdo. Así, como en la canción de los perritos, de los 12 que tenía ahora sólo quedan seis, y descontando, pero gobiernos como el peñanietista se aferran a la novela rosa de que será posible rescatarlo. ¿Con quién?, porque en el juego de las sumas y restas –más las últimas que las primeras– México aparecería como uno de losgigantes, después de Japón (que significa 17 por ciento del acuerdo) y Australia (4.5 por ciento), de tal suerte que para nuestro país no pintaría muy bien.
Y de refilón parece que la estrategia del Sol naciente es armar su equipo… sin los aztecas. Japón estaría por estructurar su dream team con Australia, Nueva Zelanda, Brunei y Singapur… y México se rascaría solo: todo el ATP para él.
Sin la participación de Estados Unidos, 65 por ciento del citado acuerdo se viene abajo; si se suman a Canadá, Chile, Perú, Vietnam y Malasia, tal proporción crece a 74 por ciento, lo que quiere decir que en el aire quedarían tres cuartas partes de la pretensión mexicana de consolidarse como una plataforma en la integración de los cuatro puntos cardinales de la política de comercio exterior (Guajardo dixit). Siempre fue un sueño guajiro, porque alrededor de 85 por ciento del comercio exterior mexicano se realiza con un solo país: Estados Unidos, que ya enterró al ATP y muy cerca está de hacer lo propio con el TLCAN.
Según los números (PIB por país, Banco Mundial, 2016), los cuatro grandes del ATP en realidad son sólo uno: Estados Unidos (producto interno bruto: 18.6 billones de dólares). Varios escalones abajo aparece Japón (4.7 billones) y aún más lejos están Canadá (1.6 billones), Australia (1.3 billones) y México (un billón).
Sin los gringos, el PIB conjunto de los cinco grandes mencionados es de 8.6 billones de dólares, menos de la mitad (46 por ciento) del producto de Estados Unidos. Y el bloque de estos seis representa 95 por ciento del producto interno bruto involucrado en el ATP. Las naciones restantes a duras penas significan 5 por ciento del acuerdo comercial, aunque algunas de ellas no llegan al medio por ciento. Y todas, dice la propaganda, competirían en igualdad de condiciones.
Entonces, desde un principio fue extremadamente dispareja la concepción económica del acuerdo (el pretexto del armado), aunque para Obama ello era lo menos importante. Simple justificación geoestratégica. Pero el salvaje de la Casa Blanca ni por aproximación lo consideró, y muy animado está de borrar el TLCAN, es decir, el de los amigos y socios que pregona la novela rosa de Los Pinos, y el problema se agudiza porque Trump va llegando (a ver si termina el cuatrienio) y Peña Nieto, felizmente, está por irse. La papa caliente, pues, la avienta al próximo sexenio.
En este tema no se puede olvidar la advertencia que hiciera, antes de la firma del ATP, el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz: Si el presidente Peña Nieto desea hacer lo correcto por el pueblo mexicano, instruirá al secretario Ildefonso Guajardo para que rechace un acuerdo que dejará el futuro económico de México en manos de inversionistas trasnacionales; a partir de la experiencia pasada, con acuerdos comerciales liderados por Estados Unidos y lo que hemos podido deducir de documentos filtrados de debates de carácter confidencial, es claro que las esperanzas de EPN se encuentran fuera de lugar. Los negociadores de México parecen estar a punto de rendirse ante las demandas de las empresas de los países avanzados, sin beneficios para su país. Y se rindieron.
Las rebanadas del pastel
Qué románticos: Alejandra Barrales y Ricardo Anaya unieron sus cora$ones, y fieles a sus convicciones proclaman: condominios ya, Miami-Atlanta para todos.
Twitter: @cafevega

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