miércoles, 22 de enero de 2020

México SA

México: desigualdad galopante// Fortunas al amparo del Estado
C
omo cada año, la organización no gubernamental Oxfam divulgó su informe sobre la desigualdad en México y el planeta en su conjunto, y el resultado cada vez es peor: en nuestro país las seis personas con mayores fortunas tienen más riqueza que 50 por ciento de la población más pobre, y a nivel global 2 mil 153 multimillonarios poseen más que 4 mil 600 millones de personas (60 por ciento de la población mundial).
Una tragedia llamada neoliberalismo. Transcurren el tiempo, los gobiernos (todos comprometidos con la igualdad y la equidad, con resultados desastrosos) y año tras año el balance empeora, tanto en México como en el resto de la comunidad de naciones. La constante ha sido la acelerada depauperación de la mayoría y la escandalosa concentra-ción del ingreso y la riqueza de un grupúsculo.
No es casual que México esté ubicado entre los primeros países más desiguales de América Latina, a su vez la zona más dispar del planeta. El informe más reciente de Oxfam aporta nombres y apellidos de los seis mexicanos con más fortunas que superan los haberes de 50 por ciento de la población más pobre.
Son los seis más ricos entre los ricos del país (aunque existen unos cuantos más), cuyas voluminosas fortunas están asociadas a la privatización del aparato productivo del Estado, al usufructo de los bienes de la nación, las inagotables concesiones gubernamentales, los jugosos contratos públicos, los generosos beneficiosos fiscales, la impunidad garantizada y demás, gracias a seis gobiernos al hilo (de Miguel de la Madrid a Peña Nieto), que les permitieron hacer de México su paraíso.
El primero en aparecer entre los multimillonarios Forbes (1991, luego de la privatización de Teléfonos de México, en el sexenio salinista) fue Carlos Slim, con una fortuna calculada en mil 600 millones de dólares. A la vuelta de 27 años (hasta 2018, y luego de más concesiones, contratos públicos y beneficios fiscales), su fortuna escaló hasta llegar a 67 mil 200 millones de dólares; es decir, un incremento de 4 mil 200 por ciento, a razón anual promedio de casi 155 por ciento en una economía, la mexicana, que a duras penas promedió 2 por ciento anual en el mismo periodo.
Otro de los seis es el tóxico Germán Larrea, heredero de la fortuna de su padre (Jorge El Azote Larrea Ortega), la cual consolidó con la compra amañada, a precio de obsequio (cortesía de Carlos Salinas), de la histórica mina de Cananea, hoy Buenavista del Cobre (la del impune derrame tóxico en los ríos Sonora y Bacanuchi). Después, con Zedillo, se quedaría con los ferrocarriles.
En 1994 (año del boom de multimillonarios mexicanos Forbes, con 24 empresarios), Jorge Larrea Ortega apareció por primera vez en la lista con mil 100 millones de dólares; en 2018, su hijo acumulaba 16 mil 500 millones de dólares (mil 500 por ciento de aumento en 24 años.
También está Alberto Bailleres González, heredero de la fortuna de su padre (Raúl Bailleres Chávez), dueño, entre otras muchas cosas, de uno de los mayores consorcios mineros del país, Peñoles, y hoy –como Slim y Larrea– también metido en el negocio petrolero, tras la reforma energética. De 1994 a 2018 su fortuna pasó de mil 900 a 6 mil 900 millones de dólares. Tras comprar Canal 13 del Estado (hoy Tv Azteca, para lo cual el empresario pidió un préstamo a Raúl Salinas de Gortari), Ricardo Salinas Pliego apareció en Forbes (1994) con mil 200 de dólares; en 2018 reportó 14 mil 500 millones (mil 200 por ciento más en 24 años).
Aparecen Eva Gonda (7 mil 300 millones de dólares) y María Asunción Aramburuzabala (5 mil 700 millones), ambas herederas de las fortunas de su marido (Eugenio Garza Lagüera) y de su padre (Pablo Aramburuzabala, Grupo Modelo), respectivamente. Otros 11 megaricos mexicanos aparecen en Forbes, aunque sus haberes no superan las proporciones descritas.
Las rebanadas del pastel
Nada mal estaría que Forbes publicara su relación de multimillonarios del mundo político, con el mexicano en primer lugar, porque allí las fortunas también son de ensueño.

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