jueves, 24 de noviembre de 2011

Astillero



Trampas mediáticas

Juanitos informativos

Propaganda disfrazada

SCJN: tretas libres

Julio Hernández López

TÍTULO DE PROPIEDAD AL ESTANQUILLO. Carlos Slim saluda a José María Pérez Gay en la entrega al Museo del Estanquillo de las escrituras del edificio en el Centro Histórico, que hizo ayer el jefe de gobierno capitalino Marcelo Ebrard. Familiares de Carlos Monsiváis, cuya colección está albergada en el inmueble, entre los asistentes Foto José Antonio López

Apesar de que la declaración de Andrés Manuel López Obrador había sido primera en tiempo, ayer la atención de los grandes medios informativos prefirió destacar y celebrar la que varias horas después hizo Enrique Peña Nieto al anunciar que no simularía contienda interna en el PRI para aprovechar tiempos electrónicos de precampaña.

El tabasqueño había adelantado de mañana, en Cancún, la difícil decisión de no aparecer en tiempos oficiales de radio y televisión desde el 18 del próximo mes hasta el 15 de febrero (más un inmediato periodo de “veda” que terminará a finales de marzo), conforme a la peculiar normativa electoral vigente y “para que se acabe ya con la especulación, porque nosotros no somos marrulleros”. El candidato de Morena y tres partidos más daba así respuesta a la oleada de críticas que habían generado las palabras pronunciadas en radio con Carmen Aristegui, al sugerir que los dirigentes de PRD, PT y Movimiento Ciudadano podrían apuntarse como contendientes de utilería para así usar las ventanas electrónicas que la ley ofrece solamente a los partidos cuando tienen disputa interna.

López Obrador argumentó que aquellas palabras habían sido mal entendidas y aseguró que la “confusión” había contado con un afán de seguimiento por parte de “medios de comunicación al servicio de Peña Nieto y del PRI” (nota de Adriana Varillas, en el portal de El Universal). La recompostura que hizo el tabasqueño, sin embargo, no contó con una difusión proporcional a la que habían tenido sus originales declaraciones en que prefiguraba una segunda etapa de lo que comenzó a llamarse el juanitismo, en recuerdo del episodio de rejuegos en escena que tuvo como escenario Iztapalapa y su elección de jefe delegacional. Por el contrario, la “nota” se la llevó el ex gobernador del estado de México, quien horas después de AMLO dio a conocer una postura similar, en el sentido de no usar con tretas los multimencionados tiempos. A ciudadanos con poca información o con un acceso apresurado y acrítico a ésta, el manejo desequilibrado del asunto podría dejar la impresión de que el perredista había sido arrastrado a su decisión por el priísta o incluso que ni siquiera hubiera corregido. Manipula, que algo queda.

En esas trampas del manejo informativo descansará parte importante de las campañas de las dos opciones partidistas con poder económico y político, las del PAN y las del PRI. Peña Nieto puede despojarse de los tiempos oficiales de precampaña porque sus actos “internos”, sin promoción explícita de su candidatura, aunque a todo mundo le quede más que clara la intención (o la presentación de un libro, atendida generosamente anoche en Foro Tv, de Televisa), serán potenciados por los agradecidos y coaligados medios que “por sí mismos” habrán de apenas disimular propaganda como “información”. En cambio, en ejercicio de esos libérrimos criterios informativos, los mismos medios pueden dar un tratamiento secundario, desdeñoso o testimonial a las actividades de los candidatos que no les satisfagan.

Es decir, las empresas periodísticas de intereses comprometidos con los poderes en contienda podrán fungir como juanitos informativos, supliendo con marrullería las limitaciones que imponga la ley y favoreciendo a sus amplios clientes favoritos, como fue el gobierno peñanietista y siguen siendo ahora otras administraciones priístas concurrentes con el proyecto rumbo a Los Pinos, o como es el gobierno calderonista que aún no decide si mantendrá el simulacro de contienda entre tres pesos menores (con lo cual podría aprovechar los tiempos de precampaña, aunque sin posicionar en el ánimo colectivo el nombre del candidato definitivo, como sí lo están haciendo ya el PRI y la izquierda) o aprieta tuercas para juntar menudencias y armar algo parecido a un urgente aspirante único de la derecha.

Las reglas electorales en práctica, diseñadas con la vista puesta en lo que pasó en 2006, y aprobadas por la izquierda colaboracionista para conjurar una segunda aparición de AMLO, concentran el fragor electoral en un corto periodo que solamente podrá ser explotado con éxito por quienes tengan dinero en abundancia y gran maquinaria burocrática a disposición. Por lo pronto, los tiempos en radio y televisión correspondientes a los partidos que no tengan precampaña podrán ser usados por éstos pero sin aparición ni promoción específica de su candidato único. Del 18 de diciembre al 15 de febrero no podrán aprovechar tales espacios, y luego entrará en vigor una suerte de veda que terminará a finales de marzo.

Tal como se preveía, la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación aprobó por mayoría de votos (cuatro contra uno) el proyecto de resolución que el ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea había redactado para dictar la última palabra en el litigio entre La Jornada y Letras Libres. El golpe judicial abre la puerta al uso de la calumnia para tratar de descalificar y poner en peligro el ejercicio periodístico que no forma parte del entramado de intereses dominantes. Dejar que corra la grave acusación, sin pruebas, de que un diario mexicano es cómplice del terrorismo internacional equivale a una hipócrita convalidación desde el máximo tribunal mexicano. Habrá de verse si justamente de eso se trata, de colocar en situación de riesgo, en amago preparatorio, a un medio que no forma parte del coro domesticable.

Desde luego, La Jornada continuará adelante como siempre, sabedora de que su ejercicio periodístico no ha dependido ni depende de consignas palaciegas ni intrigas de mala literatura. La verdadera libertad se vive y se demuestra día con día, plana tras plana, y la comunidad jornalera lo sabe y lo practica.

Y, mientras el corresponsal de La Jornada en Culiacán, y reportero de Ríodoce, Javier Valdez Cárdenas, recibía el premio a la libertad de prensa otorgado en Nueva York por el Comité para la Protección de Periodistas (en bit.ly/t3Zn6F están disponibles una entrevista, el discurso de Javier y una nota informativa), ¡hasta mañana!

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