martes, 30 de julio de 2013

¿El que no transa no avanza?

Pedro Salmerón
P
ues sí: en el semestre que se inicia en estos días, el doctor Boris Berenzon impartirá las materias historiografía de México III e historia y sicología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Eso significa que las autoridades universitarias (el Consejo Técnico y la dirección de la facultad y la oficina del abogado general) han sido insensibles ante las múltiples demandas y las incontrovertibles pruebas que se les han presentado. ¿De qué trata el caso y por qué creo que es de interés público un tema que en su origen debería atener únicamente a la comunidad de mi facultad?
Aunque desde mis tiempos de estudiante (hace veinte años) los alumnos sabíamos que la principal característica del doctor Berenzon en el aula es su ausencia, el escándalo empezó en febrero de 2011, cuando un grupo de alumnos denunció su ausentismo sistemático ante el consejo técnico de la facultad, que se limitó a hacerle unextrañamiento… y a autorizarle inmediatamente después un año sabático en París. En respuesta, una autora anónima, individual o colectiva, llamada Bárbara Bautista Gómez creó un espléndido blog donde se puede encontrar toda la documentación que cito en este artículo: http://yoquierountrabajo comoeldeboris.blogspot.mx/
Pasaron dos años y dejamos pasar el tema, hasta que en abril de este año el profesor Juan Manuel Aurrecoechea denunció a Berenzon por plagio de su libro, escrito con Armando Bartra, Puros cuentos: historia de la historieta en México, 1874-1934. Esta denuncia formal destapó una historia que sería inverosímil si las pruebas no fueran irrefutables: existe un profesor laureado y premiado, miembro de Sistema Nacional de Investigadores, que ha ocupado numerosos cargos, cuya carrera está construida a base de plagiar (es decir, robar) el trabajo de otros. En efecto: su tesis doctoral está plagada de plagios del libro de Bartra y Aurrecochea y al menos de cinco autores más, y su tesis de maestría también contiene innumerables plagios probados. Entre otros plagios más, el caso más sorprendente, por inverosímil, es el de la conferencia magistral dictada por el doctor Berenzon en el Congreso Mexicano de Ateísmo en diciembre de 2012, en la que a partir del primer minuto repite palabra por palabra una conferencia dictada por el profesor Francisco Miñarro tres años antes (léase la carta-denuncia de Miñarro. Garantizo varios minutos de sano esparcimiento:http://defensaatea.blogspot.com.es/2013/ 05/el-oada-contra-boris-berenzon.html ).
Los profesores Aurrecoechea y Miñarro recurrieron a las autoridades universitarias, como dos años antes habían hecho los alumnos. Se les respondió que el caso se turnaba al abogado general. Silencio desde entonces. Silencio de las autoridades, porque han levantado la voz los profesores Guillermo Sheridan, Roberto Breña, Gabriel Torres Puga, Carlos Martínez García (quien documentó los plagios de Berenzon ni más ni menos que a Carlos Monsiváis), Luis Fernando Granados, Bernardo Ibarrola y Josefina MacGregor, además de media docena de denuncias periodísticas.
Y aquí la pertinencia pública: el plagio no es otra cosa, señala Sheridan, que el contagio a la academia de una cultura que reconoce el despojo no como un acto inmoral sino como encomiable pericia. Dice Torres Puga: Protestemos contra la complicidad (por participación o por omisión) y fortalezcamos los principios éticos de nuestra Facultad de Filosofía y Letras, de nuestro gremio de historiadores, de nuestra comunidad académica. Correctamente afirma Granados que los criteriosacadémicos impuestos hace veinte años por el doctor Alzati (nuevamente funcionario de la SEP, desde el mismo día del atroz despido del etnólogo Sergio Raúl Arroyo de la dirección general del INAH), traen consigo el abaratamiento de la producción intelectual hasta el caso de obligar a individuos como Berenzon y otros a plagiar para poder mantenerse en la estructura (http://elpresentedelpasado.com/2013/07 16/fausto-alzati-similares-y-conexos/ ). Un modelo que, en efecto, privilegia la puntitis sobre la calidad y el compromiso.
Quizá (y esto también es pertinente), como se desprende de las actas del consejo técnico, el caso es una muestra más de lo que ocurre en una universidad donde los cuerpos colegiados parecen ceder cada vez más espacio, más decisiones fundamentales (como la de la renovación de la planta docente), a los directores de facultad o escuela.
Sea lo que sea, Boris Berenzon impartirá (es un decir) sus clases este semestre. ¿Qué aprenderán sus alumnos? ¿Que la impunidad campea, que el cinismo desconcierta?, ¿uka uka, el que lo encuentre se lo emboruca (es decir, la ética priísta)?, ¿el que no transa no avanza?
Pd. ¿Por qué tiene que soportar esto mi facultad, la facultad donde tomé clases con tantos profesores sabios y generosos?

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