sábado, 29 de noviembre de 2014

Infancia y sociedad

 Marchas, monstruos y poesía
Andrea Bárcena
A
ntes de la marcha del 20 de noviembre pasado pensábamos preparar otra para el domingo 30 en la que los participantes fueran mayoritariamente niños que quisieran caminar con nosotros desde Bellas Artes hasta el Zócalo. Creció nuestro entusiasmo al ver que en la marcha del jueves 20 muchos padres llevaron a sus hijos pequeños, incluso a bebés en sus carriolas. Era una marcha totalmente pacífica.
También las fotos de protestas por los crímenes contra normalistas de Ayotzinapa en distintas ciudades del mundo muestran niños pequeños marchando a favor de la justicia. No obstante, hemos pospuesto el proyecto de una marcha de menores hasta saber si las autoridades capitalinas y federales van a poner límites a sus policías, para evitar que ataquen como perros rabiosos y descerebrados a la gente inocente, a nuestros jóvenes y a nuestros niños.
No te mueras, México. No nos mates, decía uno de los carteles que, en manos de una joven universitaria, más me conmovió el jueves 20. Sería por su comunión con las líneas que, días antes desde Buenos Aires, me envió otra joven, mi hija Araucaria:México no te mueras /Si pudiera volver, tomarte la mano y volver a esa tierra de colores /Tierra Azteca donde nace y muere el sol entre dos mares /Si pudiera contarte los sabores, cantarte los olores y bailar dentro de tus mil sones /Maíz, maíz, tierra mía donde nací /hoy me dueles como una brasa que arde en la piel /¿Y debo encontrarte así? ¿En una bolsa de cenizas? /Ay de ti mi pobre y bello país, que sucumbió en altares ajenos y humores alternos /Y en silencio nunca viste por la espalda el puñal ajeno /Fuiste hogar de mil culturas y orgulloso nos llamaste ¡escuincles...!
Pareciera que estamos ante la dificultad de saber transitar de las protestas a las propuestas. En el caso de qué hacer y decir a los niños, la respuesta es sencilla: siempre la verdad, sin horrorizarlos.
Genial es la propuesta, en este sentido, del poeta acapulqueño Julián Herbert, quien con el apoyo del Fondo de Cultura Económica realiza un taller llamado Monstruos, con jóvenes de 13 a 18 años, con la idea del ogro devorador como metáfora de la violencia en México. Esto ocurre en Michoacán, en Apatzingan, corazón de una de las regiones más afectadas por la violencia, pero valdría la pena multiplicar estos talleres por todo el país.
Se trata de que los participantes expresen sus angustias y temores para superarlos al convertirlos en belleza. Si somos capaces de abordajes tan originales, tal vez podamos hacer de esta crisis una oportunidad, no sólo para renovar al gobierno, sino para ser mejores como sociedad.

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