martes, 25 de agosto de 2015

Maíz y país

Bernardo Bátiz V.
E
n México no gana uno para sustos; las malas noticias llegan en racimo y no nos hemos repuesto de una cuando ya está tocando la puerta la que sigue. Enumero algunas de los últimos meses; empezaré por la dolorosa y absurda suspensión del programa de Carmen Aristegui, por ser una de las peores informaciones recibidas en los últimos tiempos, emblemática de la calaña del sistema y también, para que no se nos olvide.
Más cerca de estos días hay otras noticias muy malas: aumento del desempleo, caída del valor del peso, carestía galopante, inseguridad que avanza ya a las goteras de la capital; persecución de maestros, asesinato de periodistas; que la línea 12 no puede emparejar todavía ruedas con rieles; que se militariza Oaxaca; Chuayffet vuelve a dar declaraciones; Cué no sabe qué hacer; Moreno Valle sí sabe que hacer; se abarata el petróleo; la ronda uno se pone más fácil para las empresas extranjeras, y por ahí podríamos llenar unas cuantas cuartillas, solamente con enunciados de pésimas novedades.
Recientemente recibimos una terrible que inquietó a muchos: la resolución del juez federal duodécimo en materia civil que negó la suspensión definitiva en la acción colectiva intentada por una pluralidad de firmantes, que se presentaron con toda justicia, como titulares del derecho al ambiente sano y en especial, en defensa de los maíces mexicanos, nativos o criollos, amenazados por la autorización oficial para sembrar en nuestro territorio maíz transgénico.
La demanda fue suscrita por personas distinguidas, entre ellas el experto en estos temas doctor Antonio Turrent, Jesusa Rodríguez, Raúl Hernández García Diego, Víctor Suárez y Víctor Toledo; el secerdote Miguel Concha, Genaro García Torres, de Tlaxcala, y muchos más, encabezados por el alma del grupo, que es Adelita San Vicente. Un día deberá publicarse la lista completa de los firmantes, para reconocimiento de todos. Quien encabeza el equipo de abogados es René Sánchez Galindo y firmaron también una docena de organizaciones civiles.
¿Contra quién se enderezó esta novedosa acción colectiva difusa, recientemente incorporada a nuestra legislación? Pues nada menos que contra las demandadas Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (¡uf, qué nombre!), conocida por el acrónimo Sagarpa, y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat); los particulares demandados son los titulares de permisos para sembrar en territorio nacional maíz transgénico, encabezados por la trasnacional Monsanto.
El juez dio entrada a la demanda y concedió de inmediato una suspensión provisional, que ha detenido por cerca de dos años la invasión de los transgénicos; contra esta oportuna resolución que nos ha librado del atropello y que constituye una medida defensora de las docenas de tipos de maíz mexicano adaptadas cada una a sus regiones y climas se han interpuesto recursos ordinarios y amparos, tanto por las secretarías demandadas como por las empresas que aspiran a un gran negocio con los transgénicos, sin parar mientes en el daño que puede causar a nuestro ya de por sí vapuleado y abandonado campo mexicano. Hasta hace poco, la prudencia y sensibilidad de los jueces y magistrados que han conocido del caso han impedido que se dé el banderazo de salida a la temida siembra invasora.
La pésima noticia que nos preocupó, más que otras, fue que el juzgado que conoce del asunto negó la suspensión definitiva y abrió un resquicio que hizo que las empresas interesadas se frotaran las manos y se relamieran los bigotes.
Afortunadamente, el equipo de abogados actuó con rapidez, presentó contra la resolución negativa un recurso de apelación y el mismo juez tuvo el buen tino de admitirla con premura y volver a dejar las cosas como están, es decir, que la prohibición de sembrar transgénicos sigue en vigor. Al menos, podemos estar tranquilos en tanto esta apelación se resuelva.
La lógica indica que mientras no se reciban las pruebas, entre ellas peritajes y estudios científicos, para determinar el alcance de los daños posibles al campo mexicano, no debiera abrirse la posibilidad de la temida siembra invasiva. Como se dice en las movilizaciones, sin maíz no hay país. Lo dijo primero y hace ya casi cien años Ramón López Velarde: México, tu territorio es el maíz.
Los ciudadanos y agrupaciones que fueron los actores en la demanda colectiva dirían en forma menos poética, pero sin duda patriótica y realista, México, tu territorio son la gran variedad de maíces nuestros, diversos, sustento del pueblo y cada uno, adaptado a través de los siglos a los sistemas ecológicos de los que forman parte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario