miércoles, 28 de junio de 2017

México SA

Política social=más pobres

Treinta años sin resultados

Javidú, feliz por el retorno

Carlos Fernández-Vega

S
i en las altas esferas de la industria del maquillaje no deciden lo contrario, en un par de meses se divulgarán las cifras actualizadas sobre la pobreza en México, correspondientes al periodo 2015-2016, o lo que es lo mismo, el segundo bienio del gobierno peñanietista. En el primero de ellos se registró un sensible crecimiento en el número de mexicanos en tal condición, aunque ello no fue novedad porque es norma desde que en 1988 el gobierno federal decidió combatir decididamente este lacerante problema social.

Originalmente prevista para mediados del próximo mes de julio, la publicación del informe temático 2016 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) fue pospuesto por una serie de encontronazos, presiones desde la residencia oficial, unilaterales cambios metodológicos por parte del Inegi y, entre lo más reciente, la imposición en la vicepresidencia de dicho instituto de una amiga de los amigos (Paloma Merodio), la cual a todas luces incumplió los requisitos marcados por la ley respectiva.
En el primer bienio peñanietista los precarios resultados económicos de un gobierno que prometió mover a México auguraban los mismos resultados desde que Carlos Salinas de Gortari puso en marcha su política social (electoral, en los hechos) que bautizó como Solidaridad. En los dos primeros años de Peña Nieto nadie se animó a augurar buenos resultados en el combate a la pobreza, como insistentemente se prometía desde Los Pinos.

Y, en efecto, sucedió lo de siempre (con la etiqueta que cada uno de los inquilinos de Los Pinos le puso al mismo programa social), es decir, se incrementó el número de mexicanos en pobreza y el inventario de depauperados por ingreso se elevó a más de 63 millones. Eso es lo sucedido a lo largo de casi tres décadas (desde el 2 de diciembre de 1988) sin importar cómo se denomine el instrumento (Solidaridad, el balance moral de la modernización, según Salinas de Gortari; Progresa, con Ernesto Zedillo; Oportunidades, con Fox y Calderón; o Prospera, con EPN).
En puerta, pues, el informe sobre la pobreza en el segundo bienio de Peña Nieto, en el que dos constantes (raquítico comportamiento económico y caída del ingreso) parecen adelantar el resultado de dicho reporte, esto es, que el número de mexicanos en pobreza se mantiene al alza y que así será permanentemente sin importar con qué logotipo justifica su política social el gobierno en turno. Y un hecho que sostiene lo anterior es que de 1988 (estreno de Solidaridad) a 2014 (estreno de Prospera) el número de pobres en el país se incrementó la friolera de 25 millones (de 38 a 63 millones de mexicanos, y contando).

En septiembre de 2014 el actual inquilino de Los Pinos decidió dar por terminado el programa Oportunidades y rebautizarlo como Prospera. ¿Por qué? Bueno, porque, la proporción de mexicanos en pobreza es prácticamente la misma desde hace tres décadas y las limitaciones del primero de los programas citados son cada día más evidentes (EPN dixit).

De hecho, en 2015 el gobierno federal reconoció que “a pesar de los programas de transferencias condicionadas, en 2012 la pobreza de los mexicanos era similar a la de 1992. Hasta ahora se desconoce la población que ha salido de la pobreza con estos programas. En 2012, de 600 mil familias que salieron de Oportunidades por haber mejorado sus condiciones de vida, 70 por ciento volvió al programa. Ahora con Prospera –que entró en función el año pasado– se desconoce la población que ha dejado la miseria, y apenas este año se hará un censo a 800 mil familias para conocer sus condiciones de vida”. De hecho, los últimos 20 años del trabajo de combate a la pobreza no han sido alentadores. A pesar de que los recursos destinados al programa Oportunidades habían aumentado considerablemente, la pobreza por ingresos no había disminuido de manera importante (La Jornada, Angélica Enciso).

Y la historia se repite bienio tras bienio, gobierno tras gobierno, con todo y la multimillonaria asignación (versión oficial) de recursos públicos al desarrollo social. Precisamente sobre este último punto el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM ha documentado que “el gasto gubernamental en los programas de combate a la pobreza –a nivel federal, estatal y municipal– se incrementó en términos absolutos 98 por ciento entre 1970 y 2012 (y por esa ruta ha seguido desde entonces). El gasto total desembolsado por el gobierno federal en programas de combate a la pobreza a nivel nacional ha sido continuo, pero no ha resuelto el problema de la pobreza. En dicho periodo, el número de pobres en México se incrementó 58.2 por ciento”.

De acuerdo con el cálculo del citado centro de análisis, si el total de recursos públicos (oficialmente) asignados y utilizados en los distintos programas (sociales) creados durante esos 42 años para combatir la pobreza, realmente se hubieran ejecutado para disminuirla, tomando en consideración, únicamente los datos oficiales, no habría un incremento de pobres. Lejos de ello, en ese periodo millones de mexicanos cayeron en pobreza, y de ellos cerca de 20 millones se registraron a partir del Programa Nacional de Solidaridad. En 1970, apunta el centro de análisis, alrededor de 31 millones de mexicanos se encontraban en tan precaria situación; en 2012 el inventario sumaba 61.3 millones, y para 2014 había crecido a casi 64 millones.
El CAM plantea: si realmente año con año se incrementó el presupuesto para combatir la pobreza y el hambre, ¿por qué aumentó la pobreza? (se duplicó en el periodo referido), ¿cuántos de los recursos originalmente destinados llegaron a los mexicanos en pobreza?, ¿cuántos de los recursos se quedaron en el aparato gubernamental y bajo qué argumentos? Lo cierto es que basta mirar a la población para corroborar la vigencia de los mismos problemas. Mientras el modelo económico siga parchándose, mayores y más complejos serán los problemas. Y hoy se llama Prospera, porque Oportunidades no sirvió.

En síntesis, inservible en lo social, pero qué tal en lo electoral.

Las rebanadas del pastel

De nueva cuenta aparece Javier Duarte, con sonrisa de oreja a oreja, quitado de la pena y sin visos de saber qué es el hambre. En Guatemala lo llevaron al juzgado para el asunto de su extradición, y él fue feliz. Entonces, ¿cuál es el mensaje correcto enviado por Javidú? A) Estoy de maravilla en Guatemala; B) me vale madre lo que digan de mí; o C) tranquilos, piojosos, que regresando a México me liberan.

Twitter: @cafevega

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