lunes, 2 de julio de 2018

Observadores independientes reportan indicios de acarreo y compra de votos en colonias de Ecatepec

Supuestos operadores de Eruviel Ávila amenazan a reporteros: aguas con lo que anotan
Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Lunes 2 de julio de 2018, p. 19
Es un trabajo de precisión, un llenado rápido y a la vez exacto, la sofisticacióndel pase de lista. Una labor de priístas en territorio considerado aún tricolor: el estado de México, para llevar de manera irregular votos a su causa.
Observadores de la Red Universitaria y Ciudadana por la Democracia (RUCD), entre ellos el sacerdote Miguel Concha, director del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, detectaron lo anterior durante un recorrido en la jornada electoral por varios puntos de Ecatepec.
Todo se inició días antes. En colonias populares de ese municipio, representantes del PRI solicitaron a los ciudadanos una copia de la credencial de elector. Movidos por la precariedad o porque aquí manda ese partido, algunos accedieron. La promesa: alguna dádiva una vez que el candidato resultara ganador.
El ciclo se completó ayer: representantes del tricolor –igual que los de otros partidos– tenían la lista nominal de cada casilla. Sin embargo, a diferencia de los de otros institutos políticos, los priístas contaban con algo más: copias con un listado únicamente numérico del total de quienes votarían en cada sitio y un papel carbón.
Modus operandi
Cada vez que un ciudadano llegaba a sufragar, todos comprobaban que estuviera registrado en la lista oficial y el número que le correspondiera, pero los priístas rellenaban además las copias. Así, si alguien tenía el 113 en el listado nominal, marcaban en sus copias esa cifra; si llegaba el 96, también.
Pasado un tiempo, hacían señas a otra persona para que se acercara. Sin tapujos, le entregaban alguna de las copias. El receptor salía de inmediato y, metros adelante, la entregaba a otros. El proceso se repetía una y otra vez. Se trata del llamado bingo, lo que de acuerdo con los observadores de la RUCD es un indicio de acarreo y compra del voto.
Los observadores pidieron la intervención de los representantes del Instituto Nacional Electoral (INE) y confrontaron a los priístas, quienes, al verse descubiertos en la casilla del Mercado 16 de Octubre, de la colonia Polígonos 5 de Ecatepec, reaccionaron de manera violenta.
Esto es normal. Cada partido lo hace a su manera, dijo uno. Otro reclamó a los reporteros que acompañaron a los observadores: ¿Ustedes qué?, inquirió. Somos periodistas, fue la respuesta. ¿Y qué anotan?, exclamó. Lo que observamos, dijeron los comunicadores. ¡Pues aguas con lo que anotan!, advirtió el hombre con gesto adusto.
En otra casilla cercana, el acoso casi llega a la agresión. Manuel Barbosa, del Centro Vitoria y acreditado por la Red ante el INE, fue encarado: “Aquí va a ganar Meade. Somos operadores de Eruviel Ávila y controlen a su hitlercito(López Obrador)”, espetó un sujeto, al tiempo que lanzaba un puñetazo, que el observador alcanzó a esquivar.
La RUCD desplegó a más de 200 observadores nacionales y 100 internacionales en 65 distritos federales de 23 entidades. Hasta las 18 horas, habían detectado algunos indicios de irregularidades como apertura tardía de ciertas casillas; violencia en Oaxaca, Tamaulipas, Chiapas y Tabasco; casillas instaladas en espacios abiertos, como mercados públicos, e intentos de compra y coacción, entre otros.
Por otro lado, el ex presidente de República Dominicana Leonel Fernández, cabeza del equipo de 70 observadores internacionales enviados por la OEA, sostuvo que la jornada de ayer transcurría en armonía y con una masiva participación.

Juntos Haremos Historia se enfila a ser primera fuerza en el Congreso


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▲ Miles de personas salieron a festejar la victoria de Andrés Manuel López Obrador.Foto Víctor Camacho
Georgina Saldierna y Ana Langner
 
Periódico La Jornada
Lunes 2 de julio de 2018, p. 12
Como parte del efecto Andrés Manuel López Obrador que se impuso en las elecciones, la coalición Juntos Haremos Historia, integrada por los partidos Morena, del Trabajo y Encuentro Social, llevaba hasta la medianoche de ayer la delantera en 23 senadurías y 185 diputaciones de mayoría relativa, con poco más de 6 por ciento de las actas computadas, según el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). De esta manera, se preveía que esta agrupación se convertiría en la primera fuerza electoral en el Congreso.
La alianza Por México al Frente, conformada por los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC), se colocaba en segundo sitio, al presentar ventaja en siete senadurías y 74 diputaciones uninominales.
Al tercer lugar cayó la coalición Todos por México, integrada por los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Verde Ecologista de México (PVEM) y Nueva Alianza (Panal), la cual aún no tenía ventaja en ninguna senaduría y por lo que hace a las diputaciones de mayorías relativa, tenía 11.
De acuerdo con el PREP, la agrupación encabezada por López Obrador llevaba hasta el cierre de esta edición un millón 407 mil 537 votos, es decir, 39.7 por ciento de los sufragios computados en lo que hace a las senadurías.
La alianza liderada por el panista Ricardo Anaya tenía un millón 47 mil 900 sufragios (29.5 por ciento de los votos), en la misma elección, y la de José Antonio Meade aparecía con 321 mil 937 (9 por ciento).
En cuanto a las diputaciones, la primera coalición citada arriba tenía un millón 356 mil 409 sufragios (39.8 por ciento); la segunda, un millón 31 mil 790 (30.2 por ciento), y la tercera, 288 mil 716 (8.47).
El PREP avanzó de manera lenta debido a que una resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ordenó a los funcionarios de casillas llenar las actas de escrutinio sólo cuando se hubieran computado todas las elecciones realizadas en cada entidad. Por ejemplo, en la Ciudad de México se efectuaron seis comicios: en el ámbito federal se eligieron presidente de la República, senadores y diputados, y en el local, jefe de Gobierno, alcaldías y diputaciones locales.
De acuerdo con los primeros datos del PREP, el nivel de participación fue superior a 60 por ciento.
No es ésta la primera ocasión que el partido en el gobierno se va al tercer lugar en una elección. En 2006, el PRI se colocó en ese sitio en la cámara baja, al ser superado por el PAN y el PRD, según información del entonces Instituto Federal Electoral (IFE).
En el Senado, el tricolor se quedó en el segundo sitio, debajo del PAN y arriba del PRD.

Ex presidentes felicitan a López Obrador


De la Redacción
 
Periódico La Jornada
Lunes 2 de julio de 2018, p. 11
El ex mandatario Carlos Salinas de Gortari felicitó al virtual ganador de la elección presidencial, Andrés Manuel López Obrador. Anoche, después de que las tendencias daban amplia ventaja al abanderado de la coalición Juntos Haremos Historia, la oficina del ex gobernante (1988-1994) emitió un comunicado, en el cual aseguró que si al tabasqueño le va bien, al país también.
Andrés Manuel López Obrador ganó la elección. Felicidades por su triunfo. Cada uno en su ámbito de responsabilidad habrá de apoyarlo, porque si al presidente López Obrador le va bien, a México le irá bien. Bienvenida la reconciliación, que permita la unidad de la República. Es por México. Siempre primero México, sostuvo el ex mandatario, quien por años ha sido criticado por López Obrador.
A las felicitaciones se sumaron dos ex mandatarios que en días recientes se convirtieron en los principales opositores a López Obrador: Felipe Calderón y Vicente Fox.
Tendrá mi apoyo: Felipe Calderón
En su cuenta de Twitter, Calderón, quien gobernó el país de 2006 a 2012, señaló: “Los ciudadanos han decidido; felicito a @lopezobrador_ por haber ganado las elecciones. Como mexicano deseo que le vaya bien, y que gobierne con sensatez y honestidad, atento a lo que hagan sus subordinados. En lo que haga bien tendrá todo mi apoyo”.
Fue después de las 11 de la noche que Fox (2000-2006), quien en los pasados meses atacó constantemente al tabasqueño y a sus simpatizantes y advirtió que si ganaba dejaría el país, tuiteó: Felicito a Andrés Manuel, nuevo presidente de México. Hago votos por que nuestro país continúe su marcha de éxito. Tenía otras opciones como preferencia, sin embargo, democráticamente el pueblo de México ha decidido y decidido para bien.
Margarita Zavala, ex primera dama y ex candidata independiente a la Presidencia, tuiteó: “Felicidades a @lopezobrador_ por el triunfo que marcan las tendencias que se están dando a conocer. Le deseo éxito en su gobierno por el bien de México y de todos los mexicanos”.
La luchadora social Ifigenia Martínez también escribió: “¡Hace 30 años iniciamos esta ardua lucha, hoy vemos cristalizados nuestros anhelos de la mano de @lopezobrador_ es un día crucial para la izquieda mexicana, se ha logrado un triunfo histórico, sabremos cumplirle al pueblo de México!”

Conteo rápido revela que AMLO tuvo 53% de votos


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▲ GRAN PARTICIPACIÓN. Las autoridades electorales consideraron la jornada electoral de ayer una fiesta cívica.Foto Yazmín Ortega Cortés
Alonso Urrutia y Néstor Jiménez
 
Periódico La Jornada
Lunes 2 de julio de 2018, p. 8
Al dar a conocer el resultado del conteo rápido realizado por el Instituto Nacional Electoral (INE), el consejero presidente del organismo, Lorenzo Córdova, informó que el intervalo de votación logrado por el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, alcanzó entre 53 y 53.8 por ciento. Subrayó que con esta proyección, que no se sobrepone con ninguno de sus adversarios, puede declararse una clara tendencia de votación en su favor.
En un mensaje difundido en cadena nacional, Córdova puntualizó que de acuerdo con el conteo rápido levantado en 7 mil 787 casillas electorales en todo el país, el candidato presidencial de la alianza Por México al Frente, Ricardo Anaya, obtendría entre 22.1 y 22.8 por ciento, ubicándose en la segunda posición en la carrera presidencial.
De acuerdo con los resultados del conteo rápido del INE, el candidato de la alianza Todos por México, José Antonio Meade, se ubicó en tercer lugar, con una proyección de votos de entre 15.7 y 16.3 por ciento del total.
Finalmente, el candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón alcanzó entre 5.3 y 5.5 por ciento de la votación presidencial.
Córdova precisó que el conteo rápido es una proyección de votación que tiene como fuente de información los cuadernos de trabajo de las casillas, documentos oficiales del INE, es decir, de los votos efectivamente depositados en las urnas, por lo que tiene una gran diferencia de precisión con respecto a las encuestas de salida que se sustentan en la declaración del sentido del voto que un ciudadano da a encuestadores.
El consejero presidente del INE destacó que las proyecciones de participación ciudadana que arrojó el conteo rápido establecen que habrían votado entre 62.9 y 63.8 por ciento del total de 89 millones de electores que se encuentran en el listado nominal. Subrayó que se trató de una jornada exitosa
Durante su mensaje, Córdova aclaró que tanto las proyecciones del conteo rápido como la información del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) no son resultados oficiales, son de índole preliminar, los cuales surgirán del cómputo en los 300 distritos electorales que se realizarán a partir del próximo jueves.
Sin embargo, de acuerdo con las experiencias anteriores del PREP y del conteo rápido, ambos tienen un muy alto grado de precisión con respecto al resultado oficial que surge de estos cómputos.
Aprovechó para reconocer la participación del millón 400 mil funcionarios de casilla que realizaron el escrutinio y cómputo de las poco más de 156 mil casillas que fueron instaladas en todo el país. Calificó la elección de este domingo como una fiesta cívica en la que millones de ciudadanos salieron a votar de forma libre, masiva y en paz.
Dijo que con la afluencia a las urnas, la sociedad mexicana refrendó su pluralidad y diversidad en la obtención de los cargos públicos. Ahora nos toca estar a la altura de este ejercicio democrático ejemplar. Se debe encarar los desafíos históricos con pleno respeto a la voluntad soberana.

Presidentes y políticos felicitan a AMLO por su virtual triunfo

De la Redacción
 
Periódico La Jornada
Lunes 2 de julio de 2018, p. 5
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, felicitó a Andrés Manuel López Obrador por su virtual triunfo. De igual forma otros mandatarios y líderes se sumaron a los saludos: los de izquierda exaltaron la oportunidad que tiene su mandato para México, mientras los de otras posiciones políticas confiaron en que las relaciones bilaterales y regionales mejoren. Todo a través de Twitter.
Trump envió su mensaje al abanderado de la coalición Juntos Haremos Historia: Felicidades a Andrés Manuel López Obrador por convertirse en el siguiente Presidente de México. Espero realmente trabajar con él, juntos. Hay mucho por hacer que beneficiará a ambos: Estados Unidos y México.
En un mensaje difundido en su página oficial, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, fue más explícito: “Canadá y México son amigos cercanos y socios desde hace mucho tiempo. Compartimos objetivos comunes, personas fuertes con lazos también fuertes y una relación comercial mutuamente benéfica que es la envidia del mundo, reflejada en nuestro esfuerzo conjunto por actualizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte para el siglo XXI (…) Espero trabajar en estrecha colaboración con el presidente electo López Obrador, su administración y el Congreso mexicano para construir sobre la vibrante asociación entre nuestros dos países, crear un crecimiento económico que funcione para todos y avanzar en los derechos humanos y la igualdad. Juntos podemos profundizar nuestra sólida relación y dar forma a un futuro mejor para mexicanos y canadienses por igual”.
Por su parte, el presidente de Bolivia, Evo Morales, apuntó: “Nuestra más calurosa felicitación al nuevo Presidente electo @lopezobrador_, por su contundente victoria en las elecciones de #México. Estamos seguros que su gobierno escribirá una nueva página en la historia de dignidad y soberanía latinoamericana. #AndrésManuelPresidente”.
Desde Ecuador, el mandatario de esa nación Lenin Moreno tuiteó: “Felicitaciones a Andrés Manuel @LopezObrador_ nuevo presidente de México. Mis mejores augurios para el hermano pueblo azteca. Seguiremos estrechando lazos y aunando esperanzas”.
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, aseveró: “Felicito al hermano pueblo mexicano y a su presidente electo, @laopezobrador_. Que se abran las anchas alamedas de soberanía y amistad de nuestros pueblos. Con él triunfa la verdad por encima de la mentira y se renueva la esperanza de la Patria Grande”.
Rafael Correa, ex mandatario de Ecuador, señaló: "Felicitaciones a Andrés Manuel López Obrador, nuevo Presidente de nuestro México lindo y querido, con una victoria arrasadora. La Patria Grande está de fiesta. Duro golpe a la restauración conservadora y a los vientos de entreguismo que vivía la región. ¡Mucha suerte AMLO!”
El presidente colombiano Juan Manuel Santos confió en que con el triunfo de López Obrador, México y Colombia mantengan las excelentes relaciones que hemos tenido entre nuestros dos países.
Lo propio hizo su similar de El Salvador, Salvador Sánchez: “Mis sinceras felicitaciones a Andrés Manuel López Obrador por la victoria obtenida en las presidenciales de México. Con @lopezobrador_ seguiremos fortaleciendo los profundos lazos de amistad en función del bienestar de nuestros pueblos”.
La ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, expresó: “Grandes felicitaciones para el nuevo Presidente electo de México, Andrés Manuel @lopezobrador_, y para la primera mujer jefa de Gobierno de la Ciudad de México, @Claudiashein. ¡Les deseo éxito liderando los importantes cambios sociales que los mexicanos/as buscan y se merecen!”
Carlos Alvarado, presidente de Costa Rica, dijo: “En nombre del pueblo costarricense, le extiendo un abrazo fraterno al presidente electo de México @lopezobrador_. Estamos seguros que a lo largo de su Administración continuaremos afianzando los lazos de hermandad y cooperación que unen a ambas naciones”.
El presidente hondureño Juan Orlando señaló: “Felicito al pueblo mexicano por la fiesta cívica vivida y al Presidente electo @lopezobrador_ por su triunfo, deseando que su gestión signifique prosperidad para los mexicanos y confiando que bajo su dirección se fortalecerán vínculos que siempre han unido a Honduras y México!”
Otros saludos
La cancillería argentina también se sumó a los parabienes: Felicitamos a #México por las elecciones. Seguiremos trabajando para profundizar la relación bilateral y construir una América Latina estable, integrada y democrática.
Ya desde el sábado la ex presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, vaticinó en un tuit el triunfo del tabasqueño. El izquierdista Gustavo Petro, quien recién perdió la elección en Colombia, también tuiteó anoche, así como la ex embajadora de Estados Unidos en México, Roberta Jacobson y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Desde Brasil, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra expresó su beneplácito con López Obrador.

Ofrece Peña Nieto apoyo de su gobierno para una transición ordenada

Habló por teléfono con López Obrador

En mensaje en cadena nacional, dijo que todos los mexicanos le deseamos una gestión exitosa
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▲ Después de haber votado en la escuela El Pípila, el presidente posó junto con su familia.Foto Marco Peláez
Ángeles Cruz Martínez
 
Periódico La Jornada
Lunes 2 de julio de 2018, p. 5
El primer mandatario Enrique Peña Nieto reconoció el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, candidato a la Presidencia de la coalición Juntos Haremos Historia. Informó que anoche mismo se comunicó con él para felicitarlo y ofrecerle el apoyo de su administración para que la transición se dé de manera ordenada y eficiente.
En mensaje transmitido en cadena nacional, dijo que aún habrá que esperar los resultados totales de los cómputos distritales y que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación otorgue la declaratoria de validez; reiteró que de confirmarse el resultado, López Obrador será el presidente de México para el periodo 2018-2024.
Estoy seguro de que todos los mexicanos le deseamos una gestión exitosa, en beneficio de nuestro país. El mensaje de Peña Nieto se transmitió inmediatamente después del que dio Lorenzo Córdova, presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), en el que informó que el tabasqueño obtuvo entre 53 y 53.8 por ciento de los votos.
Como lo mencionó en la mañana cuando acudió a emitir su voto, el titular del Ejecutivo resaltó que la jornada electoral ha sido la más grande de nuestra historia por el número de electores y de cargos públicos en disputa y se llevó a cabo con normalidad, equidad y una amplia participación ciudadana.
Ante el resultado obtenido, hizo un llamado a los ciudadanos para que por encima de nuestras legítimas diferencias nos unamos en torno a los valores que compartimos y de las instituciones que hemos creado para trabajar juntos en el bienestar del país.
La nación nos necesita a todos unidos por un objetivo común, que es seguir mejorando la vida de las y los mexicanos. Unidos todo es posible. Por la tarde, trascendió que el Presidente se reunió con su gabinete de seguridad y ya con los datos del conteo rápido, se sumó a las declaraciones que previamente hicieron los aspirantes a la Presidencia José Antonio Meade, de la coalición Todos por México, y Ricardo Anaya, de Por México al Frente, quienes desde las 20 horas admitieron que las tendencias del voto no les favorecían y que López Obrador llevaba la ventaja.
Peña Nieto destacó que los mexicanos decidimos, por medio del voto, el rumbo que habrá de seguir el país durante los próximos años. Este es el día más importante en una democracia, la fecha en la que ejercemos con responsabilidad y libertad el derecho a elegir a nuestros gobernantes.
México ha decidido en democracia, en un proceso libre y plural, conducido por el INE, órgano independiente y autónomo. De igual forma, hizo un reconocimiento a todos los candidatos a puestos de elección popular. Su esfuerzo es testimonio de una clara voluntad de contribuir al desarrollo de México y confirma la vitalidad de nuestra democracia. También reconoció el trabajo de quienes fungieron como funcionarios de casillas, representantes de partidos y observadores.

La fiesta del triunfo hermanó generaciones

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▲ Miles de simpatizantes del candidato de la coalición Juntos Haremos Historia celebraron en el Zócalo de Ciudad de México el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la elección presidencial.Foto Afp
Arturo Cano
 
Periódico La Jornada
Lunes 2 de julio de 2018, p. 4
El alarido en el Zócalo esperó 30 años. Y se coló entre las banderas nacionales y del partido Morena. Un ¡aaauuu! largo que siguió la voz de Andrés Manuel López Obrador: ¡Va a ser gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo!
El grito hermanó a generaciones. Estaban aquí, en la plaza mayor recuperada tras la mancerista privatización, los viejos del 68, los mayores que se la rifaron en la raya del fraude electoral en 1988 y 2006, los jóvenes que, de acuerdo con los datos disponibles y las caras que se vieron frente a Palacio Nacional, votaron por el candidato mayor en la contienda.
Muchos de los reunidos habían esperado durante horas en la avenida Juárez, frente al hotel donde el ganador de la contienda dio su primer mensaje a los medios de comunicación.
Ahí, a la espera del candidato, miraron los noticiarios de televisión. Una entrevista, por ejemplo, con Cuahtémoc Blanco, ganador de la gubernatura de Morelos.
–Es justicia divina. Estos personajes que tanto daño hicieron –dice el ex futbolista.
–¿Los meterías a la cárcel? –le preguntan.
–Ya he dicho muchas veces que sí –responde Blanco en referencia a Graco Ramírez, actual mandatario morelense y personaje clave en la historia de López Obrador, pues fue quien, en 1988, lo acercó a Cuauhtémoc Cárdenas y a Porfirio Muñoz Ledo.
En la colonia Roma seguía la espera poco tiempo antes. Érick, un niño de 11 años, se trepó en un árbol desde el cual podía mirar el patio de la casona donde estaba López Obrador. Sus padres no consiguieron convencerlo de que se bajara.
¡López Obrador, no la hagas de emoción!, gritaron una y otra vez, hasta que el candidato los complació. Salió a un balcón a repartir abrazos figurados y con una seña invitó a los presentes a acompañarlo al Zócalo.
En un edificio ubicado en esta plaza, el Palacio Nacional, se reunirá López Obrador mañana martes con el presidente Enrique Peña Nieto, para quien el virtual ganador sólo tuvo cortesías, sobre todo después del mensaje en el que el ocupante de Los Pinos reconociera su triunfo.
Desde muy temprano, cuando comenzaron a fluir las encuestas, unas filtradas y otras patito, se desvaneció una de las preguntas más escuchadas en esta campaña: ¿Crees que lo dejen ganar?
La respuesta, al filo de las ocho de la noche, fue este grito: ¡El pueblo consciente ya tiene presidente!
Cuando finalmente salió de su oficina en la colonia Roma, López Obrador demoró el triple de tiempo en llegar a la Alameda, porque lo saludaban y detenían a cada paso.
Finalmente se presentó ante centenares de cámaras fotográficas y de televisión para ofrecer su primer mensaje.
La tarea central de su gobierno será erradicar la corrupción y la impunidad: Sobre aviso no hay engaño. Sea quien sea, será castigado. Incluyo a compañeros de lucha, a funcionarios, a los amigos y a los familiares. Un buen juez por la casa empieza.
Siguió la promesa ya esbozada en campaña: cambios profundos en el contexto del orden legal establecido, preferencia por los más humildes y los olvidados, en especial, los pueblos indígenas.
Luego, el llamado a la reconciliación y a respetar a las autoridades actuales, subrayó en el Zócalo, semilleno de manera espontánea, donde la pieza oratoria fue breve y un tanto anticlimática para los oídos críticos, aunque la multitud ovacionaba cada promesa, cada frase de las muchas veces repetidas por López Obrador.
La fiesta se imponía por sobre las grandes líneas. Era la fiesta que el fraude de 1988 le quedó a deber al neocardenismo, la fiesta que se truncó con el 0.56 de hace 12 años.
En la fiesta, llovían las felicitaciones. Sí, Donald Trump ya felicitó a López Obrador. Y también Nicolás Maduro, con lo que comenzaron a llover las comparaciones en las redes sociales.
A esas mismas horas, un intelectual venezolano ahora en el exilio, Tulio Hernández, escribía, con un ojo en México: El chavismo sólo es posible en Venezuela. Necesita cinco ingredientes: un Estado petrolero, una economía privada dependiente del Estado, una sociedad civil muy frágil, un líder carismático, una cultura política militarista y una población educada para el culto a un solo individuo.
En los días recientes, de veda electoral, uno de los ataques más sonados contra López Obraor era que volvería al país la Venezuela del norte.
El festejo multigeneracional en el Zócalo era totalmente mexicano, al son del Cielito lindo, y pocos lo explicarían mejor que un joven intelectual morenista, Gibrán Ramírez:
–¿Qué significa este triunfo para tu generación?
–La única alternativa que hemos visto: nacimos en la crisis, con una versión de modernidad, y crecimos viendo que nunca tendríamos casa propia, empleo estable, derechos laborales. Y es una esperanza de que eso sea diferente. Es una alianza con los abuelos para saldar una deuda de la generación de los padres.
Sonaba el himno de Morena y la gente bailaba feliz gritando: Si el país se moreniza, no nos gana Televisa.
Horas antes, Televisa había montado un tinglado de telenovela en la casilla donde votó el candidato y más tarde lo siguió, en transmisión en vivo, en su recorrido rumbo al centro de la ciudad.
Y cuando el futuro presidente se fue, la fiesta siguió y siguió.

Convoca AMLO a la reconciliación; promete respetar todas las libertades

Reconoce conducta del presidente

Mantendrá la disciplina financiera, no actuará de manera arbitraria ni confiscará bienes; el martes se reunirá con Peña Nieto para dar inicio a una transición ordenada
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▲ En el Zócalo capitalino, López Obrador, acompañado por su esposa, Beatriz Gutiérrez, reiteró la frase que sintetiza su pensamiento: Por el bien de todos, primero los pobres.Foto Roberto García Ortiz
Alma E. Muñoz y Andrea Becerril
 
Periódico La Jornada
Lunes 2 de julio de 2018, p. 3
Andrés Manuel López Obrador, virtual triunfador de la contienda por la Presidencia de la República, hizo un llamado a la reconciliación nacional, reiteró su compromiso de respetar todas las libertades y envió un mensaje de confianza a los mercados al sostener que respetará la autonomía del Banco de México, mantendrá la disciplina financiera y fiscal, y no actuará de manera arbitraria ni habrá confiscación de bienes.
En su primer discurso luego de que el Instituto Nacional Electoral reconoció que las tendencias de votación lo favorecían, el tabasqueño formuló un reconocimiento al presidente Enrique Peña Nieto.
Dijo que en esta contienda el mandatario se comportó de forma distinta a como lo hicieron en su momento los jefe del Ejecutivo federal de administraciones pasadas.
Anunció que se reunirá con Peña Nieto el próximo martes en Palacio Nacional, con la finalidad de comenzar el proceso de transición.
Vamos a actuar de forma respetuosa. La transición va a ser ordenada para que se mantenga la estabilidad económica y financiera, y que no haya sobresaltos.
López Obrador hizo un reconocimiento a sus tres contendientes por la Presidencia de la República.
Entre aplausos de los integrantes del futuro gabinete presidencial y de simpatizantes, reiteró que su gobierno reconocerá los compromisos contraídos con empresas y bancos extranjeros.
Acerca de los contratos petroleros y otros acuerdos del sector energético suscritos con particulares, explicó que serán revisados para prevenir actos de corrupción o de ilegalidad.
Si encontramos anomalías que afecten el interés nacional, se acudirá al Congreso de la Unión y a tribunales nacionales e internacionales, advirtió. Es decir, siempre nos conduciremos por la vía legal. No actuaremos de manera arbitraria.
Reiteró que erradicar la corrupción será la misión principal del nuevo gobierno. Afirmó que bajo ninguna circunstancia el próximo presidente permitirá actos de corrupción, y como el buen juez por su casa empieza, impedirá que incurran en corruptelas compañeros de lucha, funcionarios, amigos y familiares.
El candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia insistió en que el domingo se vivió un día histórico y que esta sería una noche memorable.
Al final de su intervención, López Obrador repitió la frase que, dijo, sintetiza su pensamiento: Por el bien de todos, primero los pobres.
Anunció entonces que se atenderá sobre todo a los más humildes y a los olvidados; de forma especial a los pueblos indígenas de México.
Reconoció que tiene una legítima ambición de pasar a la historia como un buen mandatario. No les voy a fallar, no se van a decepcionar. Soy muy consciente de mi realidad, no quiero pasar a la historia como un mal presidente, sino pasar a la historia como un buen presidente de México.
Del hotel Hilton, ubicado frente a la Alameda Central, donde emitió su primer mensaje como ganador de la contienda, López Obrador se trasladó al Zócalo capitalino, donde detalló que se pondrá de acuerdo con el presidente Peña Nieto para llevar a cabo los cambios en los últimos meses del actual gobierno.
Trabajo con respeto a la autoridad constituida
Ante miles de simpatizantes que llenaron la Plaza de la Constitución, afirmó que trabajará respetando a la autoridad constituida. No vamos a faltarle al respeto a las actuales autoridades, vamos a esperar nuestro tiempo en el proceso de transición para que el país siga su marcha sin crisis de ninguna índole.
Entre gritos de ¡Presidente, Presidente!, anunció a su equipo de transición: en materia económica y financiera, Carlos Urzúa, quien será secretario de Hacienda; y Alfonso Romo, coordinador de la Oficina de la Presidencia.
En cuanto a los asuntos internacionales, señaló que empezarán a trabajar en el equipo de transición Héctor Vasconcelos, quien será canciller, así como Marcelo Ebrard, Olga Sánchez Cordero y Tatiana Clouthier, en asuntos políticos internos. El encargado de medios de comunicación, César Yáñez, también se integrará al equipo de transición.
Anunció que dedicará los próximos dos meses y medio a definir acciones y llevar a cabo una gira a mediados de septiembre y octubre, ya como presidente electo, por todo el país.
Cerró su intervención en el Zócalo con el ofrecimiento de que no habrá divorcio con la sociedad y encabezará “un gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo.
“Hoy –destacó– se termina una etapa y se inicia otra”. Desde este día hasta el primero de diciembre, cuando tome posesión, se dedicará a trabajar con los miembros de su gabinete con la finalidad de no perder tiempo y elaborar los proyectos que le permitan, desde el primer día de su gobierno, comenzar a cumplir los compromisos de campaña.
Desde temprano, cuando acudió a votar, y durante toda la jornada, el abanderado de Morena se mostró confiado en obtener el respaldo de la ciudadanía.
Cerca de la media noche, en el Zócalo capitalino colmado de simpatizantes que no ocultaban la enorme alegría que les produjo el triunfo, López Obrador aseveró que aplicará los criterios básicos que rigen su vida: No mentir, no robar y no traicionar al pueblo.
Ante miles de seguidores de todas las edades que llegaron por voluntad propia al corazón de la ciudad, el virtual nuevo Presidente de la República, manifestó:
No tengo más que decirles, sólo abrazarlos, mucho; decirles que amor con amor se paga y que les quiero un poquito más todavía, tras lo cual recibió un estruendoso aplauso entre gritos de ¡Presidente, Presidente!

Dinero

Las tendencias indican: ¡AMLO presidente! // Gabinete con el que arranca su sexenio // Wall Street da la bienvenida al cambio
Enrique Galván Ochoa
L
as encuestas de salida de TvAzteca y Televisa daban anoche un claro triunfo al candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador. Creó la imagen de un cambio en la mente de los mexicanos. Ahora deberá hacerla realidad. Anoche dijo Tatiana Clouthier que lo que sigue es la reconciliación. El candidato José Antonio Meade reconoció anoche mismo su triunfo, en un gesto que lo enaltece.
Wall Street anticipó la victoria
Aun cuando los opositores intentaron crear la imagen de un AMLO en contradicción con el sector privado, Wall Street anticipaba su triunfo. Se encuentra a la expectativa de sus primeras decisiones. Enseguida hablan tres de las principales instituciones financieras internacionales.
Credit Suisse
Una nueva era probablemente comenzará la próxima semana en México, si Andrés Manuel López Obrador (AMLO) gana las elecciones presidenciales, que las encuestas sugieren que así será. Una victoria de AMLO hasta 20 puntos porcentuales por delante del segundo lugar es nuestro escenario central. También creemos que tendrá el control de ambas cámaras del Congreso gracias a la alianza de su partido (Morena) con PT y Encuentro Social en las elecciones legislativas del domingo, pero no lo suficiente como para cambiar la Constitución del país (necesitaría dos tercios en cada casa, más la mayoría de los congresos locales de México para hacerlo). Proyectamos que Morena, PT y PES votarán juntos en el Congreso sobre la mayoría de los asuntos, al menos al principio, y que en muchas ocasiones es probable que se les unan miembros del Congreso de otros partidos de la oposición, especialmente PRD y PRI. Esto probablemente convertirá a AMLO en el presidente con el mandato más fuerte en más de dos décadas, con controles y equilibrios bastante limitados y con una aversión explícita al modelo económico neoliberal de las últimas décadas. Una nueva era, de hecho. Sólo el tiempo dirá lo que una victoria aplastante probable de AMLO traerá a México durante su mandato presidencial de seis años.
Bank of America/Merryl Lynch
El presidente Enrique Peña finaliza su administración con niveles de aprobación históricamente bajos, lo que sugiere que a los mexicanos les gustaría ver un partido diferente en la Presidencia. La caída en la aprobación presidencial coincidió con la depreciación del peso, un aumento de la inseguridad y un aumento de la corrupción, o al menos la percepción de corrupción. México ocupa el lugar 135 de 180 naciones en el Índice de Percepción de la Corrupción 2017 de Transparency International, cayendo 30 lugares durante la administración actual.
Citibank
Nuestro escenario central es una victoria relajada para AMLO. Mantiene una cómoda ventaja con 51 por ciento de la intención del voto, aunque los resultados finales podrían ser más estrictos. Morena también tomará un primer puesto minoritario en ambas cámaras del Congreso (tal vez incluso una mayoría) y probablemente gane entre cuatro y seis de las nueve gubernaturas en disputa. Nosotros, junto con el mercado, esperamos que AMLO elija ser conciliador en su discurso de victoria y no malgastar la buena voluntad que tendrá al principio.
El gabinete de AMLO
Jefe de Gabinete, Alfonso Romo.
Gobernación, Olga Sánchez Cordero.
Cancillería, Héctor Vasconcelos.
Economía, Graciela Márquez Colín.
Hacienda, Carlos Urzúa.
Energía, Norma Rocío Nahle.
SAGARPA, Víctor Villalobos.
Trabajo, Luisa María Alcalde.
Educación, Esteban Moctezuma.
Cultura, Alejandra Fausto Guerrero.
SCT, Javier Jiménez Espriú.
Medio Ambiente, Josefa González.
Turismo, Miguel Torruco Márquez.
SFP, Irma Eréndira Sandoval.
Salud, Jorge Alcocer Varela.
Sedesol, María Luisa Albores.
Desarrollo Agrario, Román G. Meyer Falcón.
Negociador del TLCAN, Jesús Seade.
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Un pueblo que elige corruptos, impostores, ladrones y traidores, no es víctima, es cómplice.
George Orwell
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Astillero

Revés y recomposición // Mandato de cambio // AMLO, Morena y la esperanza // Los probables gobernadores
Julio Hernández López
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▲ Acompañado por su esposa Beatriz y su hijo Jesús, Andrés Manuel López Obrador llegó temprano al centro de votación. FotoFoto Carlos Ramos Mamahua
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l sólido apunte inicial que anoche mostraba un triunfo presidencial de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) significa el mayor revés histórico a un sistema empecinado en sostener la corrupción, la criminalidad y la desigualdad como sus pilares. Al mismo tiempo, es un vigoroso soplo de esperanza para millones de mexicanos, sobre todo jóvenes, que demandan un vigoroso cambio de rumbo en el país. El nivel de participación en los comicios subraya la urgencia y la densidad del mandato entregado sobre todo al tabasqueño, en cuanto timonel de un proyecto que va a significar la recomposición del mosaico político nacional (sobre todo en cuanto a partidos políticos, que están en crisis salvo el ahora dominante) y la redefinición de los ámbitos de acción y de ganancia de las élites políticas y económicas.
La trascendencia de lo sucedido ayer habrá de irse confrontando con la realidad. Por hoy vale expresar la importancia de que, a pesar de acechanzas estructurales, ataques criminales y abusos propagandísticos, la voluntad ciudadana haya aparecido como arrollador motor de cambio.
A la hora de cerrar esta columna todo indicaba que, cuando menos en cuatro entidades, Morena habría crecido tanto que estaría apuntada para quedarse con las gubernaturas de Chiapas, Morelos, Tabasco y Ciudad de México, que serían los nuevos sitios de hegemonía lopezobradorista, aunque con características distintas en cada entidad, diversidad que debe ser analizada más allá de la euforia inmediata de los triunfos electorales. Y, además, dos gubernaturas en litigio, con un evidente desarrollo de Morena: Puebla y Veracruz.
En Ciudad de México queda Claudia Sheinbaum como derivación inequívoca de la base social del ex jefe de gobierno, que ahora tendrá con la científica universitaria una continuidad política como no la tuvo con Marcelo Ebrard, cuyo peso político le hizo también buscar caminos propios, y mucho menos Miguel Ángel Mancera, el gran villano de la izquierda capitalina. Sheinbaum forma parte del primer círculo de López Obrador y, a pesar de su talante político reservado, incluso frío, está prefigurada para formar parte de la baraja sucesoria de Morena para 2024.
Por otra parte, a reserva de que se precisen triunfos o derrotas de los siguientes candidatos, conviene revisar su posicionamiento político y grupal: Cuitláhuac García es otra pieza del lopezobradorismo con acento de izquierda. Es una de las figuras descubiertas por el partido de la regeneración nacional y, aun cuando los Yunes panistas seguirán peleando por acreditarse un triunfo en las urnas o en la mesa, está habilitado García para desarrollar una carrera política fuerte al mando de Veracruz.
Miguel Ángel Barbosa, Rutilio Escandón y Cuauhtémoc Blanco representan corrientes, estilos y proyectos distintos. El poblano ha librado una cerrada pelea con la esposa de Rafael Moreno Valle y es probable que justamente a causa de sus limitaciones y distorsiones políticas el reciente ex perredista no logró arrollar a su adversaria como sí lo hicieron otros aspirantes que utilizaron la marca López Obrador. De ganar esa gubernatura, Barbosa sería el más perredista de los gobernadores lopezobradorista, con riesgo cantado de reproducir el estilo de los Chuchos, de los que formó parte y luego se distanció.
Rutilio Escandón, por su parte, significa el triunfo del gobernador Verde Manuel Velasco, quien se fundió con Morena en un abrazo electoral de beneficio para AMLO en lo nacional y del velasquismo en lo local. Cuauhtémoc Blanco es otro viajero de oportunidad, que conjuró las pretensiones dinásticas del gobernador saliente Graco Ramírez, impulsor de su hijo Rodrigo Gayosso como aspirante a la sucesión, pero que pareciera predestinado a practicar la cuauhtemiña al proyecto morenista en cuanto el ex jugador profesional de futbol encuentre mejores alternativas personales y grupales.
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Nosotros ya no somos los mismos

Calambres y taquicardias // El sabor del Himno Nacional // Lealtad y antigüedad partidaria // Sufragio por Morena
Ortiz Tejeda
T
engo días intentando escribir esta columneta. La empiezo y luego de unos cuantos renglones la leo y me desespero, me enfurezco: no logro definir qué quiero decir ni cómo hacerlo. Me he propuesto escribir la crónica de las recientes campañas electorales y mencionar los increíbles gafes, errores, irresponsabilidades, obcecaciones, limitaciones, excesos y carencias de los candidatos y sus inconmensurables ridículos, el primero de los cuales –adelanto– fue la equívoca cuantificación de beneficios que les representaba la suma de la fauna más desacreditada de la llamada clase política ¿Puede una persona sencilla, un ciudadano medianamente informado, sin militancia formal en partido alguno pero con referencias sobre quiénes han sido Javier Lozano, Manuel de Jesús Espino, Jorge Castañeda, Xóchitl Gálvez, Purificación Carpinteyro, Gabriela Cuevas, Germán Martínez, Carlos Alazraki, Alejandra Sota o Agustín Basave, sentirse motivado para afiliarse a un partido o comprometerse con una candidatura a la que éstos se incorporaron descarada, cínica y convenencieramente al 15 para las 12?
Pero para tratar este tema tenemos mucho tiempo. Por ahora les comparto unos calambres, pálpitos y taquicardias que experimenté durante la tarde/noche del miércoles pasado.
Yo, como todos ustedes, he cantado el Himno Nacional cientos de veces en la vida: desde el jardín de niños, los Boy Scouts o las Vanguardias (pubertos de la Acción Católica Juvenil Mexicana), hasta con las miles de familias que integraron la heroica Caravana Minera de los años 50. Luego con Othón, casi a diario, en los patios de la SEP. En las vías de la estación de Buenavista o en la Arena Coliseo, con Demetrio y, por supuesto, con Rafael Galván y sus indómitos trabajadores electricistas. Lo he cantado con Cuauhtémoc, durante el despojo, y con Andrés frente al desafuero. También en cientos de actos cívicos, ceremonias oficiales, escolares, deportivas. Lo he desentonado en el país o en el extranjero y, lo que es peor, por culpa de una de mis abuelas reciclables yo, hasta hace muy pocos sexenios, era de los escasos ciudadanos que se sabía las 10 estrofas y el estribillo del original. Pues diga lo que diga el director, pero el himno tiene 10 estrofas, y tú te las aprendes, me espetaba Cata (la abuela 3, que era maestra de música).
Pues después de haber descrito mi larga tournée interpretando la más famosa creación del maestro González Bocanegra, debo hacer una confesión: a mí el Himno Nacional no me sabe igual cada vez que lo desentono. En las ceremonias oficiales, con salvas excepciones, la voz se me apaga, se vuelve pastosa; repito las estrofas automáticamente, como las letanías de las posadas. Eran ya muchas las veces que mi himno, antes brioso, altivo, echado pa’ delante y que, inevitablemente me anudaba la garganta, se me había venido a menos. El miércoles pasado recobré emociones y sentimientos originarios. Mi himno –no importa qué dijera– se me clavó en el bajo vientre, mis vísceras ya caducas se estremecieron como hacía mucho no lo hacían y, sin pena ni rubores, chillé abiertamente. En ese pequeño espacio del estadio Azteca se concentraban el vigor, la fuerza, la decisión y la esperanza. Desconfiado, como todavía lo estaba en la casilla al cruzar mi boleta hace unos momentos, me quedaba claro: mi voto tendría que ser por el México de mis hijas, de mis nietos, pero también por mi pasado y el de mis orígenes.
Salvo prueba en contrario, puedo afirmar que a menos que la edad sea factor determinante, no hay en el país un militante priísta que pueda acreditar, fehacientemente, una mayor antigüedad partidaria que el suscrito. Los principios del único partido en el que militado –con toda lealtad, militancia comprometida, trabajo de partido– son los que mueven mi pensamiento y acción política de todos los días: creo en un Estado soberano a plenitud, en una nación democrática, libertaria y sustentada en la igualdad. Sostengo que la educación debe ser laica y gratuita. La propiedad de tierras, aguas, subsuelo, espacio aéreo corresponde originariamente a la nación. Tengo algunos otros principios fundamentales que siempre han sido mi compromiso y a los que fallar a mi edad, además de una aberrante inmoralidad, sería una supina estupidez. A reserva de una explicación menos acelerada, concluyo: para ser fiel a esos ideales, hace unas horas, mi voto fue por Morena.
Twitter: @ortiztejeda

México SA




En puerta, cuarta transformación // Democracia dispendiosa y fallida
Carlos Fernández-Vega
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▲ En el mejor de los escenarios, durante la elección de este 2018 cada voto habría costado 319 pesos, siempre y cuando sufragara el total de inscritos en la lista nominal aprobada por el Instituto Nacional Electoral.Foto Roberto García Ortiz
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rosso modo, y en el mejor de los escenarios, en la elección 2018 cada voto habría costado 319 pesos, siempre y cuando sufragara el total de inscritos en la lista nominal aprobada por el Instituto Nacional Electoral (INE). Sin embargo, ese sería el panorama ideal, porque si bien la participación ciudadana en las elecciones presidenciales suele ser mayor a las intermedias, en el caso de los comicios de ayer se calcula un abstencionismo de entre 30 y 35 por ciento, de tal suerte que a menor participación efectiva mayor el costo por sufragio.
El padrón electoral reconocido por el INE suma, en números cerrados, 89 millones 840 mil ciudadanos, mientras la lista nominal asciende a 87 millones 840 mil. Esta última es la que incluye a aquellos mexicanos con credencial vigente en mano y con derecho a sufragar.
Si se considera íntegramente el presupuesto público autorizado al aparato (INE, Tribunal Electoral, Fepade y partidos políticos, es decir, alrededor de 28 mil millones de pesos) y con base en la última cifra citada, el costo por voto sería –como se cita al principio– de 319 pesos con una participación ciudadana de 100 por ciento, pero si se consideran los pronósticos de abstención (30-35 por ciento), ese monto podría elevarse a entre 455 y 490 pesos por sufragio emitido, lo que ubica a los comicios mexicanos entre los más onerosos del mundo.
Con 30 por ciento de abstención (aunque, al igual que en comicios previos, la autoridad electoral pronostica una votación copiosa), se habrían emitido cerca de 61 millones 500 mil votos, y con 35 por ciento de abstención ese monto se reduciría a 57 millones 100 mil. Así, independientemente del costo político (millones de mexicanos habrían perdido la oportunidad de decidir sobre el rumbo del país), el económico se incrementaría aún más.
En números cerrados, en las elecciones presidenciales del año 2000 el abstencionismo fue de 36 por ciento; en las de 2006 de 42 por ciento y en las de 2012 de 34 por ciento. Tales proporciones aumentaron considerablemente el costo por sufragio, independientemente del espantoso resultado para el país por los (oficialmente) ganadores de los respectivos procesos.
De acuerdo con el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados, tan sólo las cuatro elecciones del nuevo siglo (2000, 2006, 2012 y 2018) costaron a los mexicanos alrededor de 215 mil millones de pesos (a escala federal; faltan los presupuestos estatales), es decir, los recursos del erario canalizados al aparato electoral (INE, Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales y partidos políticos).
Así, la democracia a la mexicana resulta doblemente onerosa: por el elevadísimo cuan creciente costo económico que implica y por la ostentosa falta de resultados de quienes resultaron oficialmente ganadores de los distintos cargos en los citados procesos electorales. En esas dos vertientes, la deuda de la clase política con los mexicanos es ya incalculable.
No hay que olvidar que, tras los cambios a la ley respectiva, en 1997 la promesa oficial fue que se financiaba a los partidos políticos con recursos públicos para que la democracia rinda frutos en el corto plazo. Obvio es que no fue así. Fue sólo una de miles de promesas incumplidas por la clase política, porque dos décadas después el balance resulta desastroso: partidos que se transformaron en voraces empresas privadas que recibieron cerca de 70 mil millones de pesos en el periodo (para el PRI, PAN y PRD más de la mitad de ellos), sólo para patear a los ciudadanos y a la democracia, a estas alturas ostentosamente fallida y onerosa.
Las rebanadas del pastel
Entonces, si las tendencias se confirman, como lo harán, en breve la circunstancia mexicana se modificará y vendrá la cuarta transformación, para, como dicen los clásicos, bien de la República. ¡Salud!
Twitter: @cafevega

Cambió la historia


L
a elección presidencial de ayer es extraordinaria por donde se le vea y en muchas dimensiones marca un punto de inflexión en la historia de México y de América Latina. Representa el triunfo de un proyecto transformador en lo político, lo social, lo económico y lo ético que se propuso conquistar el poder presidencial por la vía pacífica y democrática; asimismo, el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, de su partido, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), y de su coalición Juntos Haremos Historia, integrada además por los partidos del Trabajo y Encuentro Social, marca el fin de un ciclo de gobiernos que empezó en 1988 y llevó al país por un camino de desarrollo supeditado a la economía de Estados Unidos, a una dramática concentración de la riqueza, al crecimiento desmedido de la pobreza, al quiebre del estado de derecho en diversas regiones, a una alarmante corrupción y a asimetrías sociales que terminaron por generar una crisis de inseguridad y violencia, exasperación ciudadana y pronunciado deterioro institucional.
Los comicios de ayer no tienen precedente, además, por el resultado que da una mayoría absoluta al triunfador, por el elevado porcentaje de participación popular (cercano a 63 por ciento de la lista nominal), por el número de funcionarios electorales involucrados –cerca de un millón 400 mil– por la normalidad en que transcurrieron y se resolvieron –a pesar de incidentes muy lamentables, pero aislados, y de desaseos marcadamente regionales, como en Puebla y Veracruz–; también porque la elección desembocó en un reconocimiento adelantado al triunfador por parte de sus rivales, José Antonio Meade y Ricardo Anaya. A esos discursos se unieron, tres horas más tarde, el anuncio de las tendencias –irreversibles– del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) por parte del consejero presidente del Instituto Nacional Electoral y del mensaje en cadena nacional del presidente Enrique Peña Nieto, quien se desempeñó a la altura de un estadista. Esas alocuciones democráticas despejaron cualquier escenario de conflicto y apaciguaron los ánimos sociales y las incertidumbres económicas y financieras que hubieran podido subsistir. Por lo demás, no dejó de resultar sorprendente para muchos que el grupo en el poder haya terminado por reconocer el triunfo electoral de una propuesta de viraje nacional que fue bloqueada en 2006 y 2012.
Después de tres décadas de gobiernos neoliberales, el proyecto de nación que servirá de base al programa de gobierno del dirigente tabasqueño y ex jefe de Gobierno capitalino propone una senda claramente diferente a los lineamientos seguidos por las últimas administraciones –y retomados, en lo fundamental, por los aspirantes presidenciales de los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional con sus respectivas coaliciones, José Antonio Meade y Ricardo Anaya– y a las prioridades del sector público, empezando por la construcción de un estado de bienestar, la redistribución de la riqueza, el rescate del campo y el énfasis en la generación de empleos, la incorporación masiva de los jóvenes a la educación superior, la inclusión de grupos hasta ahora marginados, la austeridad republicana en el servicio público, diversas modalidades de recuperación del dominio de la nación sobre los recursos naturales y la soberanía nacional.
Independientemente de cuánto de ese programa pueda concretarse, el hecho de que haya recibido un apoyo abrumador en las urnas habla del dramático cambio de enfoque en el ánimo nacional. El país consumó ayer, en suma, un cambio de paradigma de gran trascendencia para los años venideros.
Ese proyecto no nació en las recientes campañas ni en los comicios presidenciales pasados o antepasados. El ideario de la coalición Juntos Haremos Historia tiene raíces de muchas décadas en movimientos obreros, campesinos y sociales, así como en luchas partidistas por la democratización del país, y reúne medio siglo (o más) de experiencias de movilización, participación y resistencia de buena parte de las izquierdas nacionales. Es la más reciente expresión de una visión alternativa que hasta hace unos años parecía aplastada por el pensamiento único característico del neoliberalismo, y es justo reconocer que tras el éxito electoral de López Obrador están la tenacidad y la abnegación de miles de activistas, dirigentes, militantes, intelectuales, informadores y simples ciudadanos que consagraron parte o la totalidad de sus vidas a una transformación con sentido social y popular. Debe admitirse, ciertamente, el tesón empeñado por el propio candidato triunfante en la construcción de una dirigencia y de una organización capaz de llevarlo a la Presidencia por la vía electoral.
En suma, el país debe felicitarse por la consecución de una madurez democrática que se traducirá en una renovada legitimidad institucional y en un nuevo estadio en la vida republicana, por el clima propicio a la reconciliación nacional que deja la contienda y por el fin de un tramo político y económico de consecuencias devastadoras que había llegado al pleno agotamiento.

El día después

John M. Ackerman
N
o es momento para triunfalismos. La victoria ciudadana en las urnas con Andrés Manuel López Obrador es apenas el primer paso hacia la transformación de la República. La llegada de un hombre honesto y digno a la Presidencia de la República implicará un cambio radical en las altas esferas del poder y un nuevo contexto para el florecimiento de la sociedad civil. Sin embargo, el futuro de México no dependerá de lo que haga o deje de hacer un solo hombre, sino de las acciones de cada uno de nosotros.
¿La oligarquía aceptará su contundente derrota en las urnas? ¿Qué harán los periodistas cómplices con el régimen corrupto ahora que se les acaban los moches desde el poder? ¿Y el gobierno de Enrique Peña Nieto entregará tranquilamente el poder al nuevo presidente electo?
La lucha por la justicia social y un buen gobierno apenas se inicia. La jornada electoral de ayer fue marcada por una serie de graves irregularidades: desorganización en la instalación de las casillas electorales, insuficientes casillas especiales, robo de urnas, violencia callejera, un operativo masivo de compra y coacción del voto, presión sobre beneficiarios de programas sociales y la continuación de las llamadas de intimidación. Frente a estos graves problemas, las instituciones públicas hicieron poco o nada para defender la legalidad del proceso electoral.
Pero a pesar de la indolencia y la complicidad de las autoridades electorales, los ciudadanos acudieron masivamente a las urnas para expresar su voluntad respecto de la conformación del nuevo gobierno de México. El pueblo rebasó a las instituciones y se escuchó su grito de hartazgo, de coraje y de esperanza por todos los rincones de la República.
La tarea ahora no debe ser la construcción de una unidad falsa, cómplice y superficial, sino de generar una coalición entre las diferentes corrientes democráticas, una verdadera alianza desde abajo y a la izquierda que cuente con suficiente fuerza para transformar de fondo al sistema autoritario imperante.
No podemos repetir los errores de Vicente Fox. El pacto de transición debe ser con la ciudadanía, no con la oligarquía o los mismos corruptos de siempre. La única forma para llegar al fondo, de extirpar de raíz los graves problemas de corrupción, pobreza e ilegalidad es a partir de una transformación profunda de las formas de ­gobernar.
No mentir, no robar y no traicionar, así resume López Obrador su proyecto de Nación. Estas tres expresiones no pueden quedarse como un simple discurso electorero, sino que deben convertirse también en los estandartes de su próximo gobierno. No mentir significa informar, de manera plena y con total transparencia, a la sociedad sobre todos los gastos, las acciones y los planes del gobierno. No robar implica acabar de una vez por todas con la corrupción en absolutamente todos los niveles de la administración pública federal. No traicionar significa cumplir con las altas expectativas del pueblo mexicano con respecto al crecimiento económico, el fin de la pobreza y la construcción de la paz y la justicia.
No podemos dejar solo a López Obrador. Si bien la crítica al poder gubernamental es siempre esencial, también tenemos que tener claro que los gobiernos de izquierda se enfrentan a enormes retos con respecto a su relación con los poderes llamados fácticos que operan fuera de la institucionalidad democrática, como los oligarcas, los narcotraficantes y los grandes medios de comunicación.
La sociedad mexicana ha dado una enorme muestra de valentía, de fuerza y de dignidad el domingo, primero de julio. Celebremos la victoria. Nos la merecemos después de tantas décadas de luchas constantes por la justicia y la democracia, en las cuales han ofrendado sus vidas miles de héroes ­anónimos.
Pero también hay que ponernos a trabajar. Hoy se abre una enorme oportunidad histórica para un cambio verdadero. No dejemos pasar este precioso momento para poner, cada quien, su granito de arena.
Twitter: @JohnMAckerman

AMLO y el poder real

Carlos Fazio
A
yer, primero de julio, millones de mexicanos salieron a votar, y si no hubo un fraude de Estado monumental, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) será el próximo presidente de la República. De no ocurrir nada extraordinario en el periodo de transición, el primero de diciembre próximo AMLO deberá asumir el gobierno. Pero en ese lapso, y aún más allá del mediano plazo, el poder seguirá estando en manos de la clase capitalista ­trasnacional.
Es previsible, también, que a partir de este 2 de julio, el bloque de poder (la plutonomía, Citigroup dixit), incluidos sus medios hegemónicos (Televisa y Tv Azteca, de Azcárraga y Salinas Pliego, ambos megamillonarios de la lista Forbes), y sus operadores en las estructuras gubernamentales (el Congreso, el aparato judicial, etcétera), escalarán la insurgencia plutocrática buscando ampliar sus privilegios y garantizar sus intereses de clase, y para seguir potenciando la correlación de fuerzas en su favor.
Más allá del ruido de las campañas, el proceso electoral transcurrió bajo el signo de la militarización y la paramilitarización de vastos espacios de la geografía nacional, y de una guerra social de exterminio (necropolítica) que elevó los grados de violencia homicida a límites nunca vistos en el México moderno, similares a los de un país en guerra (naturalizándose en vísperas de los comicios el asesinato de candidatos a cargos de elección ­popular).
Como recordó Gilberto López y Rivas en La Jornada, ese conflicto armado no reconocido es la dimensión represiva de lo que William I. Robinson denomina acumulación militarizada, cuya finalidad es la ocupación y recolonización integral de vastos territorios rurales y urbanos para el saqueo y despojo de los recursos geoestratégicos, mediante una violencia exponencial y de espectro completo que es característica de la actual configuración del capitalismo; el conflicto y la represión como medio de acumulación de la ­plutonomía.
Para ello la clase dominante hizo aprobar la Ley de Seguridad Interior. Y está latente, para su ratificación en el Senado, la iniciativa de Diputados de quitar el fuero al presidente de la República; la denominada estrategia de lawfare aplicada a Dilma Rousseff y Lula da Silva en Brasil, que implica el uso de la ley como arma para perseguir y destruir a un adversario político por la vía parlamentaria y/o judicial; una variable de los golpes suaves de manufactura estadunidense que podría revertirse contra AMLO.
Al respecto, y más allá de su giro hacia el centro y el rediseño de su programa de transición reformista −capitalista, democrático y nacional, con grandes concesiones al bloque de poder dominante−, la llegada de López Obrador al gobierno pudiera implicar, en principio, una ralentización o respiro (Galeano dixit) a la tendencia del mentado fin de ciclo progresista y restauración de la derecha neoliberal en América Latina.
El impulso de una nueva forma de Estado social, sin ruptura frontal con el Consenso de Washington, significará, no obstante, un cambio en la correlación de fuerzas regionales y tendrá tremendo impacto en los pueblos latinoamericanos. Por ello no es para nada inocente –o simplemente centrada en la profundización de las políticas de cambio de régimen en Venezuela y Nicaragua− la reciente gira neomonroísta del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, por Brasil, Ecuador y Guatemala.
Cabe recordar el inusualmente crítico editorial del Washington Post del 18 de junio, que asumió como suficientemente creíbles los nexos de colaboradores cercanos de López Obrador con los gobiernos de Cuba y Venezuela, y las declaraciones del senador republicano John McCain, tildando a AMLO como un posible presidente izquierdista antiestadunidense y las del actual jefe de gabinete de la administración Trump, general (retirado) John Kelly, quien afirmó que López Obrador no sería bueno para Estados Unidos ni para México.
Según asesores de política exterior de AMLO, ante Washington, su gobierno antepondrá la defensa a ultranza de la soberanía nacional; revisará el marco de la cooperación policial, militar y de seguridad (DEA, CIA, ICI, Pentágono, etcétera), y bajo la premisa de que la migración no es un crimen, incrementará la protección de los connacionales irregulares, como si fuera una procuraduría ante los tribunales de Estados Unidos. También revisará los contratos petroleros y de obra pública. Lo que sin duda traerá fuertes confrontaciones con la Casa Blanca y la plutocracia internacional.
Como dice Ilán Semo, en México la Presidencia de la República encierra potencialidades simbólicas insospechadas; una suerte de carisma institucional. No importa quién la ocupe, incluso a un inepto (pensemos en Vicente Fox), el cargo le trasmite un aura: es el Presidente. Tras la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana, AMLO quiere trascender a la historia como el hombre de la cuarta transformación. Pero para ello se necesita un cambio de régimen e impulsar grandes saltos en la conciencia política de los sectores populares; sin un pueblo organizado y movilizado tras un proyecto de cambio radical y profundo, no hay carisma que alcance.