viernes, 31 de octubre de 2014

Vertical, la sociedad

Gabriela Rodríguez
H
ace rato que no presenciaba una disputa en la Cámara de Diputados tan intensa e ideológica. Una polarización con densidad electromagnética. Desde la esquina derecha, ubicados en coordenadas que les dan identidad, diputados del PAN, del Partido Verde y conocidos cabildeadores pagados a tiempo completo por empresarios supernumerarios del Opus Dei, pugnaron por borrar los derechos sexuales y reproductivos del proyecto de ley general de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Desde su esquina nos dirigían miradas condenatorias a las izquierdas ahí presentes, a diputadas, a feministas y líderes de ONG defensoras de los derechos de niños, niñas y adolescentes, gente que nos identificamos más bien con el opus night. Lo cual es un decir, porque ya todos vimos en el YouTube que a quienes realmente les gustan las chicas del table dance son precisamente a coordinadores de la fracción panista: a Luis Alberto Villarreal y Jorge Iván Villalobos no les sirvió esconder el fistol del PAN ni los crucifijos del cuello al pagar a las chicas de Puerto Vallarta para evitar el estatus de ex coordinadores. Con gestos inquisidores los señores del PAN dirigían ondas hacia el polo opuesto donde se ubicaban las presidentas de la Comisión de Género y de la Comisión de la Niñez, diputadas Malú Micher y Verónica Juárez Piña, entre otros legisladores que junto con ellas consideran que negarles titularidad, así como la misma dignidad y derechos a niñas, niños y adolescentes, es discriminarlos por su edad, como señala el primer artículo de nuestra Carta Magna.
En los pasillos de centro y derecha, el PRI evidenció que la laicidad del Estado está por borrarse de sus estatutos, pero su pacto con el PAN es eterno, como el matrimonio religioso hasta que la muerte los separe; y está visto que para ellos eltable es un vicio menor. A Cuauhtémoc Gutiérrez le aprueban que estén en la nómina del partido las muchachas que ofrecen servicios sexuales, esos sí son derechos sexuales que reconocen, y más, que ejercen en las propias oficinas del PRI. El momento chusco fue cuando el priísta Héctor Gutiérrez de la Garza señaló que no se trataba de un debate entre liberales y conservadores: un ¡Jajajajajajaja! masivo invadió toda la sala. La risa, dijera Freud, es un acto defensivo automático que despeja la energía y esconde, en este caso, el dolor o displacer que de fondo provoca la negación de derechos infantiles. En especial los sexuales. Hace más de 100 años, en 1905, Sigmund Freud escandalizó al mundo al demostrar que la sexualidad no aparecía con la pubertad sino en la temprana infancia, una fuerza motriz que produce sensaciones placenteras y resignifica como erógenas ciertas zonas del cuerpo. La falta de reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos es sobre todo desconocimiento de la sexualidad humana, de esa dimensión que existe desde el nacimiento y en todas las etapas de la vida.
La ignorancia del marco internacional y nacional de derechos humanos también se expuso en el debate. Los más expertos, defensores de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), solicitaron esta semana al Congreso que incluyan en la ley el reconocimiento a los derechos sexuales y reproductivos de niñas, niños y adolescentes, así como la protección y garantía del derecho a la libertad de expresión y a la intimidad en medios de comunicación. La CDHDF reconoció el avance realizado por el Senado y las organizaciones civiles a la iniciativa preferente, pero valoró como desafortunada la eliminación del reconocimiento explícito de derechos sexuales y reproductivos de las y los adolescentes; todavía falta el último paso, así que el Senado puede reinsertarlos. Argumentaron que son derechos reconocidos en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, en el Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo y en las Observaciones Generales 3 y 4 del Comité de los Derechos del Niño. Es preocupante que la violencia sexual, la trata, los embarazos adolescentes y la falta de acceso a servicios de salud constituyen una violencia estructural que impiden el goce y disfrute de los derechos sexuales y reproductivos de las y los adolescentes. La educación sexual no es un derecho de los padres, sino que es su obligación, tal como lo señala el artículo cuarto constitucional. Hay niñas y niños víctimas de abuso sexual por parte de familiares, en especial de padres y padrastros, el Estado debe proteger a menores y garantizar el derecho de los últimos a la integridad corporal y a decidir sobre su cuerpo. Por fortuna, proporcionar asesoría y orientación en salud sexual y reproductiva se mantuvo en el texto del artículo 50, lo cual implica el reconocimiento implícito de derechos sexuales, según el Plan de Acción de la Conferencia Internacional de Población: La salud reproductiva debe elevar los derechos de la persona, inclusive el de elegir libremente y de forma responsable la cantidad de hijos que la persona desea tener, el espacio entre uno y otro, y el derecho a tener una vida sexual satisfactoria y sin riesgos. Además quedó la educación sexual integral (CSE, por sus siglas en inglés) en el artículo 58, en el lenguaje acordado de la ONU se refiere a una educación sexual laica, con perspectiva de género y basada en derechos sexuales y reproductivos.
Lo que desnudó el debate es el autoritarismo de la sociedad mexicana, el miedo a reconocer que aunque sean menores, los adultos debemos respetar sus derechos, que el Estado debe garantizarlos y defender siempre el interés superior del menor. Más que polarizada, nuestra cultura es vertical; como una plomada perpendicular al horizonte, se impone la fuerza de arriba hacia abajo, y no a la inversa.
Twitter: @Gabrielarodr108

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