viernes, 29 de septiembre de 2017

Frágiles

Gabriela Rodríguez
H
abía olvidado que somos más frágiles que la misma tierra. Hace como ocho años que no sintonizaba el canal de las estrellas, pero el fantasma de Frida Sofía en la escuela Enrique Rébsamen cautivó mi interés por más de 20 horas. Me queda claro que el régimen calculó que el acto terminaría con un rescate conmovedor de una niña sobreviviente de 13 años abrazada por Aurelio Nuño, secretario de Educación. El Estado fue capaz de arrebatar nuestras angustias para recuperar legitimidad y promover a un candidato.
Que la verdadera Frida, la perrita rescatista de la Marina, coincidiera con el mismo nombre de la niña, me hace pensar que fue un soldado de la Marina quien bautizó a la niña fantasma. Todo apunta a que el Estado dio la pauta a la reportera de Televisa para que construyera la noticia: Frida pidió agua, estaba con tres compañeritos, dijo que estaba muy cansada. El melodrama fue el arma para acaparar el interés, la reportera olvidó al resto de sobrevivientes, ella nunca entrevistó a los ingenieros que desde la otra fachada de la escuela construían un túnel para rescatar sobrevivientes. En efecto, había una persona, era Reyna, la empleada doméstica, el mismo gusto nos hubiera dado verla salir viva esa noche. Ya había olvidado que a esa empresa le interesa más el rating que la vida de las víctimas, y que sigue siendo cómplice de los gobernantes en turno.
Pero a Nuño todo le sale mal, no sólo la reforma educativa, tan fácil que era revisar listas y confirmar que no había ninguna estudiante desaparecida, y darle la misma importancia al salvamento de Reyna, en vez de retirarse del inmueble en cuanto desapareció Frida. ¿Que diría del secretario el gran pedagogo Enrique Rébsamen? El desenlace no pudo ser más revelador: la Marina sometida a los medios. El oficial José Luis Vergara tuvo que disculparse en nuestro ánimo nunca ha estado el generar falsas expectativas. Nosotros hemos ido compartiendo toda la información que hemos obtenido de los rescatistas y de los análisis técnicos (El Universal, 21/9/17).
Por fortuna, otras vidas salieron a flote del resto de edificios colapsados. Mientras secuestraron nuestro tiempo, una verdadera niña de ocho años de edad fue rescatada con vida por brigadistas, después de 33 horas debajo de los escombros. Esto ocurrió la noche del miércoles 20, en el multifamiliar de Tlalpan (Animal Político 21/9/17): me hubiera gustado ver la sonrisa de esa niña o la de su madre.
Apenas estamos percatándonos que en Ciudad de México murieron más mujeres que hombres en los sismos. De los 198 decesos registrados en CDMX hasta el miércoles 27, más del doble, 127 eran mujeres (Excélsior, 28/9/17). Muchos de los edificios colapsados eran habitacionales, se corrobora que son las mujeres quienes siguen cargando con las tareas de preparación de alimentos, limpieza de la casa, además de los cuidados de familiares, discapacitados, enfermos y ancianos, las fallecidas eran amas de casa, empleadas domésticas, cuidadoras, adultas mayores. También salió a flote la explotación de trabajadoras. Más de 40 mujeres que trabajaban en la textilera de Chimalpopoca quedaron atrapadas bajo los escombros. El hecho nos recuerda a las 400 mujeres costureras que perdieron la vida en el sismo de 1985 (Sara Lovera, Palabra de Antígona, 25/9/17).
Lo que sigue es reconstruir México, no solamente los edificios sino sobre todo necesitamos una nueva arquitectura institucional, una que funcione, una que permita prevenir los desastres y distribuir de otra manera los recursos, hay que superar las desigualdades, las sociales y las de género.
Urge un nuevo rumbo, seguir un camino inverso al que hasta ahora hemos tomado, el sismo puede ser el toque de fondo. Los siempre excluidos pasaron a ser damnificados, aunque hay también familias de clase media muy afectadas. No es cuestión de dádivas ni de filantropía (no digo que se rechace los mil 500 millones que ofrecieron los empresarios), hoy más que nunca es necesario redistribuir el presupuesto, además de recuperar lo que roban y despilfarran los gobernantes. Bien lo dijo esta semana Rocío Nahle al proponer una reforma presupuestal: la diputada de Morena afirmó que de los cinco billones presupuestados para 2018 podrían dirigirse 302 mil millones de pesos a la reconstrucción de México, cantidad que se aproxima a lo urgente. Tan sólo del fideicomiso del aeropuerto pueden rescatarse 38 mil millones (y habilitar el de Santa Lucía), otro tanto de los gastos de promoción de imagen del presidente, 10 mil millones del remanente del Banco de México; el recurso a partidos y al INE podría reducirse a la mitad (6 mil más 18 mil entre dos) y serían 12 mil millones más, como lo ha solicitado la ciudadanía (no 100 por ciento para evitar privatizar las campañas o financiarlas con recursos de dudosa procedencia). También habría que recuperar siete mil de la venta del avión presidencial que no lo tiene ni Obama y los siete mil millones de la estafa maestra ¿Pensaron que se nos olvidó con el sismo? Además, podrían dirigirse miles de millones más si se aplicara una política de austeridad.
Porque si algo nos hace frágiles es la corrupción y la falta de un jefe de Estado, en vez de gobernantes que roban y que buscan legitimarse con nuestras desgracias.
Twitter: @Gabrielarodr108

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