jueves, 28 de septiembre de 2017

Una crítica fraternal a La Jornada

Octavio Rodríguez Araujo
L
os terremotos pasados, como era de esperarse, se politizaron, y de mala manera. Incluso entraron en la lógica de la subasta quién da más de los partidos en contienda electoral. Esta politización alcanzó también al periodismo, aun al nuestro de La Jornada, donde los dimes y diretes de las redes sociales le ganaron a la objetividad sobre todo el pasado fin de semana. No me refiero a los artículos de opinión, en los que cada autor tiene el derecho de decir lo suyo con base en la libertad de expresión, sino a los reporteros y a quienes deciden las notas principales de primera plana.
Un buen periodismo es el que no acusa sin pruebas, el que busca la verdad entre varias versiones, el que investiga lo que otros dicen o denuncian, el que presenta la opinión de unos y la de quienes discrepan sobre un mismo asunto, el que no toma partido por unos para desprestigiar a otros, y así.
El pasado fin de semana hubo dos noticias destacadas en primera plana (las llamadas principales) en este diario. Las dos tuvieron como fuente sendas notas de la corresponsal del periódico en Morelos, Rubicela Morelos Cruz. Esta periodista, a su vez, se basó en videos que ya estaban circulando en las redes sociales, una de las fuentes de grandes mentiras y pocas verdades que la gente suele aceptar sin investigar. Pero un buen periodista está obligado a investigar y no a transcribir, sin cuestionarlos, los videos que circulan en Internet. Si se dijo que La esposa de Graco se apropia de víveres para damnificados (principal del sábado) el periódico debe presentar pruebas, pues todos sabemos que yo me puedo ubicar junto a un camión y filmar con mi celular, al mismo tiempo que digo sin mostrarme, que está cargado de víveres y que éstos fueron a parar, indebidamente a una bodega del DIF cuya titular en Morelos es, por cierto, una mujer con identidad propia y no sólo la esposa de alguien, en este caso del gobernador (las feministas no están muy contentas).
Bien dijo Rubicela Morelos que un grupo de ciudadanos dirigidos por Gabriel Rivas Ríos se llevaron por la fuerza parte de la ayuda almacenada en una bodega (pues así ocurrió, según mis fuentes), pero no ofreció constancia de que esas provisiones fueran entregadas a los habitantes de los pueblos más afectados por el sismo y no a las casas de los saqueadores. Tampoco dijo que Rivas Ríos, ex perredista, es ahora militante de Morena y del Frente Amplio Morelense, integrado por algunos empresarios, Antorcha Campesina, el rector de la UAEM (acusado de fraude y malversación de fondos), Gerardo Becerra y otros entre los que destaca el controvertido obispo de Cuernavaca (Ramón Castro Castro).
Este sacerdote, probablemente con mucho poder ya que es amigo personal de Pietro Parolin, hoy secretario del Estado Vaticano, y Franco Coppola, el nuevo nuncio apostólico en México, fue el que dio pie a la segunda nota, la principal del domingo pasado también firmada por Morelos Cruz, que decía: Desvía Graco más provisiones, acusa obispo de Morelos.
¿Basar una noticia en un video que ya circulaba dos días antes en las redes sin investigar si el obispo tuvo pruebas en su denuncia? Otro error pues el obispo nunca presentó pruebas, no en su video. Nunca señaló quién enviaba los camiones con provisiones, de dónde venían y qué placas los identificaba. Sabido es que el obispo no es proclive a demostrar lo que dice. En marzo de este año el corresponsal en Morelos de El Universal (Justino Miranda) le preguntó al obispo Castro Castro si tenía pruebas de su acusación de los moches que demanda el gobierno del estado en la obra pública. Y el clérigo contestó, sin sonrojarse: “No las tengo […] Es un secreto a voces.” Le faltó decir que estaba en Internet. Rubicela nunca –que yo sepa– ha escrito nota alguna sobre la denuncia originada en Campeche del ex seminarista Luis Felipe Izquierdo Cundafe por abuso sexual en su contra y que Ramón Castro, siendo obispo de ese estado, simplemente ignoró (hay expediente judicial al respecto). Ni tampoco ha dicho nada del cobijo que le dio el obispo, cambiándolo de parroquia, al sacerdote Omar Aguilar Vega imputado del delito de violación en agravio de un menor de edad, a cuya víctima golpeó y abuso sexualmente de él, según la investigación ministerial.Esto último fue en Morelos y también está documentado. Encubrir a encubridores de pederastas no es precisamente sinónimo de responsabilidad periodística. Pareciera, y lo digo con cautela, que Rubicela Morelos sólo registra las notas contra el gobernador Graco Ramírez tanto del Frente Amplio Morelense (que exige su destitución) como de Morena, cuyo dirigente nacional lo apoya solidariamente, según dijo en el mitin de Cuernavaca de pasado 6 de mayo. De pena ajena.
Personalmente, y lo saben mis lectores desde hace muchos años, no defiendo a ningún gobierno, sea del signo que sea. Pero si lo hiciera (que no lo haré) sería mi opinión, a la que tengo derecho gracias a la libertad de expresión. Pero un reportero o reportera no puede guiarse por sus fobias o sus filias, pues su labor es informar, no hacer propaganda contra un gobernador, pese a todos los defectos que éste y su administración puedan tener. Mejor que lo investigue y haga públicos sus hallazgos debidamente comprobados.
Con los sismos, como dije al principio, todo se ha politizado y las famosas redes sociales han servido muy bien para confundir con mentiras, tergiversaciones y sucesos nunca ocurridos. ¿Alguien ha podido demostrar, por ejemplo, que las provisiones en las bodegas del DIF de Morelos están etiquetadas como si fueran del gobierno? Pero afirmarlo, sin comprobar, es muy redituable electoralmente para los partidos en contienda. No es muy diferente lo que vemos en las redes sociales sobre el robogubernamental de ayuda a los damnificados, de las advertencias de que a las 10 de la noche habrá un megasismo. Así son las redes, en las que nadie se siente obligado a demostrar lo que dice o exhibe, pero el periodismo responsable es otra cosa. Por esto es que seguimos leyendo periódicos y no nos conformamos con las ocurrencias, muchas veces anónimas e irresponsables, que se dicen en las redes.

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