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lunes, 21 de febrero de 2011

Victoria compartida de radioescuchas y MVS: Carmen Aristegui


Propietarios tomaron una “difícil decisión, pero acertada”, dijo la periodista al regresar al aire.

Miriam Posada García y Alonso Urrutia
Publicado: 21/02/2011 09:13

México, DF. Carmen Aristegui regresó esta mañana al aire como conductora de la Primera emisión de Noticias MVS, tras su cese hace dos semanas por comentarios sobre el presunto alcoholismo del presidente Felipe Calderón, y aseguró que se trata de una victoria compartida de los radioescuchas y la empresa.

Dijo que el regreso fue posible gracias a la reacción de todos los que se manifestaron en contra de un acto autoritario y de quienes se sacudieron la indiferencia.

“En apenas dos semanas perdimos y recuperamos este espacio de noticias, de información, de crítica y de debate para usted y con usted. Nuestro regreso tiene un cierto aroma de victoria compartida con usted que ve y escucha este noticiero, victoria compartida con MVS que dio el paso y revirtió esta medida", señaló la periodista al retomar la emisión.

Los propietarios de MVS tomaron una "difícil decisión, pero acertada", sostuvo, y agradeció tanto a la familia Vargas como a su público y colegas por el apoyo y labor que permitieron su regreso y el de su equipo al aire.

Este regreso “nos coloca a todos en una nueva perspectiva, la de una relación más estrecha, más responsable, más comprometida con nuestras audiencias”, dijo Aristegui al destacar “la cordura, la inteligencia y la valoración de una mano tendida” durante el conflicto.

Asimismo, la periodista leyó sendos comunicados de Reporteros sin Fronteras, la Asociación Mexicana de Derecho a la Información y la relatoría especial de la Naciones Unidas sobre libertad de prensa, que celebraron el acuerdo alcanzado por MVS Noticias y Carmen Aristegui que permitió el regreso de la periodista a la emisora.

Dar a conocer al público el código de ética de la Primera Emisión de Noticias MVS y crear un defensor del radioescuchas representan avances considerables en materia de libertad de prensa y el derecho a la información, señalaron las organizaciones en los comunicados leídos esta mañana por Aristegui.

Ambas partes, los dueños de la radioemisora MVS y la periodista Aristegui, mostraron disposición y apertura al diálogo, donde se privilegió la pluralidad y el derecho de los radioescuchas, coincidieron.

Cabe recordar que Carmen Aristegui fue cesada por el grupo Multivisión luego de que diera a conocer el contenido de una manta colgada en San Lázaro sobre el presunto alcoholismo del presidente Felipe Calderón y solicitara a Presidencia pronunciarse al respecto.

El inicio del noticiero fue antecedido por la retransmisión de la entrevista que Aristegui hizo para CNN al protagonista y creadores del documental Presunto Culpable.

sábado, 12 de febrero de 2011

Desfiladero



Aristegui y el wikidescontento en México

Jaime Avilés

La periodista Carmen Aristegui habló el miércoles de su salida de MVS Carlos Cisneros Foto

Hoy, a las 12 horas, habrá un multitudinario mitin en Mariano Escobedo 532, frente a MVS Radio, para exigir la reinstalación de Carmen Aristegui como conductora del noticiario matutino de ese espacio, propiedad de la nación, concesionado a una familia. ¿Por qué la reprimen y censuran?, se pregunta, en un artículo que circula por la red, el activista Pablo Moctezuma. Su respuesta es múltiple.

Aristegui, recuerda, denunció la ley Televisa, las aberraciones de Marcial Maciel y el asesinato de Ernestina Ascención, violada por soldados, en Zongolica, Veracruz; además, reprodujo, de viva voz, las conversaciones del góber precioso, Mario Marín, con el “rey de la mezclilla”, Kamel Nacif, para proteger a otro pederasta, y dio a conocer, en una entrevista con Miguel de la Madrid, las ligas de la familia Salinas con los narcos, pero salió del aire por preguntar, desde su tribuna, si Felipe Calderón tiene problemas con el alcoholismo.

El puntual recuento de Pablo Moctezuma podría ampliarse. Aristegui fue también amordazada porque abrió sus micrófonos a las denuncias del experto de la ONU en tráfico de drogas, Edgardo Buscaglia, y de la periodista Anabel Hernández, acerca de los grandes empresarios, políticos, policías y propagandísticas electrónicos del gobierno de Calderón que trabajan para el crimen organizado.

Pero Carmen Aristegui fue acallada también no sólo por lo que ha revelado, sino a la vez para que ya no hable de lo que está por ocurrir. Verbigracia, el inminente descubrimiento de la identidad de los dueños de PC Capital, grupo que según Javier Lozano, “por órdenes de arriba”, se quedará con Mexicana de Aviación. Los ex trabajadores de la aerolínea sospechan que quienes tienen todo planchado para apoderarse de la empresa son un secretario y un ex secretario de Calderón, que si algo tienen en común es que ambos usan lentes, aunque sólo uno se deje crecer el bigote (?). Desfiladero no logra descifrar el acertijo, pero acepta propuestas.

El otro asunto del que Aristegui no podrá informar es la toma de la ciudad de México por las fuerzas armadas, un proceso que hace dos semanas inició la Marina. Al respecto, la edición más reciente de Tu manzana, vocero oficioso de la delegación Benito Juárez, que encabeza el panista Mario Palacios, acaba de publicar un instructivo sobre lo que se debe hacer “ante la movilización militar en la demarcación”. Y en un recuadro titulado “participa”, aconseja lo siguiente:

“Atiende las indicaciones de los efectivos militares en retenes que se implementan/ No estés cerca de puertas y ventanas en el momento de un operativo/ En caso de una balacera, tírate al suelo o resguárdate debajo de la cama/ Evita llamadas y gritos de pánico, pues suelen alterar a los demás/ Tú haces la diferencia”.

Dirigido por el periodista Alejandro Envila Fisher y la diputada panista y feroz antiabortista Paula Soto Maldonado, Tu manzana dedica dos páginas, de un total de ocho, al tema de la presencia militar en Benito Juárez, con la finalidad de anticiparnos que marinos y soldados pronto formarán parte del paisaje cotidiano en la ciudad. En ese trabajo, la publicación entrevista a Javier Oliva, “especialista en seguridad nacional y académico de la UNAM”, quien “sugiere medidas precautorias previas a un enfrentamiento armado. Una de ellas es suspender citas o reuniones. ‘Si ves que elementos de seguridad han cerrado calles o acordonan la zona cercana a tu destino, procura cancelar el plan. Resguárdate en otro lugar alejado del operativo y espera hasta que pase’”.

El texto, sin embargo, también cita el testimonio anónimo de un vecino acerca de lo que vivió “alrededor de las cinco de la mañana del lunes 24 de enero”, cuando un grupo de marinos se desplegó en el número 21-A de la calle de Miguel Laurent, entre Fresas y Tejocotes. Tres individuos, cuenta, “se bajaron de un taxi porque no había paso. Inmediatamente fueron jalados y empujados por los militares para que no caminaran por donde ellos se encontraban”. Según esta versión, “los tres pasajeros habrían sido tratados con violencia, cuando ni siquiera se encontraban próximos al lugar”.

¿A qué vienen los militares a las calles de la ciudad de México? ¿A intensificar la guerra de Calderón contra el pueblo, no contra el narcotráfico, una industria que se encuentra más fortalecida que nunca, en todos los sentidos, gracias a la disparatada y horrorosa carnicería provocada por el hombrecito que desde hace 50 meses vive gratis en Los Pinos? Esto no es una especulación: hay abundantes pruebas del avance económico, político y militar de los cárteles, pero también acerca del riego que implica usar a la Marina o al Ejército en una urbe.

Según el cable número 233709, entregado por Wikileaks a nuestro diario, “a fines de 2009, el consulado de Estados Unidos en Monterrey observa que en la medida en que militares en activo o retirados se incorporan como jefes de unidades policiacas, los cárteles dirigen sus ataques contra las fuerzas armadas” (La Jornada, 10/02/11). Lo que no dice es que, para que esto suceda, se necesita que las fuerzas armadas estén en la vía pública.

Si esta es la moraleja, ¿para qué quiere Calderón poner a las fuerzas armadas en las calles de la capital del país? ¿Para exacerbar la violencia e implantar el estado de excepción indefinido? ¿Para liquidar de una vez las posibilidades de un cambio de gobierno por la vía electoral el año próximo? ¿Para colocarse al frente de una dictadura militar? ¿Para acelerar la intervención de las tropas de Estados Unidos, que ya empiezan a hablar descaradamente de lo que en este y en otros espacios, desde el año pasado, se dijo que pretendían hacer, esto es, invadirnos?

En julio de 1976, cuando Luis Echeverría quitó a Julio Scherer de la dirección de Excélsior, los malpensados sospechamos que se trataba de una medida preventiva. El gobierno enfrentaba la revuelta de los electricistas de Rafael Galván, que luchaban contra el cacicazgo de Fidel Velázquez en la CTM. Sin embargo, tras la caída de Scherer, Echeverría no reprimió a los electricistas, pero hizo algo peor: devaluó el peso, que mantenía una relación de 12.50 frente al dólar desde 1954.

Meses más tarde, Echeverría se fue y surgió una nueva generación de periódicos y revistas críticos al régimen, que al paso del tiempo obligaron al sistema a permitir una mínima apertura de los medios electrónicos en los años 90, impulsada desde Televisa por Ricardo Rocha, que pronto fue sacado de cuadro, y en radio, sobre todo, por Carmen Aristegui.

Perseguida por la empresa de Emilio Azcárraga, reprimida por la olinarquía a la que sirve Calderón, pero agigantada moral y profesionalmente por quienes acaban de correrla, Aristegui no debe olvidar que –si no nos invade Estados Unidos y sacamos del poder a la mafia que nos robó el país, objetivos que únicamente lograremos si nos movilizamos– pronto habrá una tercera cadena de televisión y desde ahora Carmen está llamada a dirigirla. Esa cadena será un instrumento esencial para el rescate y la transformación profunda de México.

Por lo pronto hoy, a partir de las 16 horas, ante el Monumento a la Revolución, habrá un encuentro “sin líderes ni protagonistas”, convocado a lo largo de la semana por usuarios de las redes sociales de Internet, inspirados en el ejemplo de las rebeliones que derrocaron a los dictadores de Túnez y de Egipto, en este caso, para insistir en la reinstalación de Aristegui en su cabina, rechazar la presencia de las fuerzas armadas en las calles de la ciudad de México y exigir el regreso de la Marina y el Ejército a sus cuarteles al grito de “no más sangre”, entre otras cosas...

jamastu@gmail.com

jueves, 10 de febrero de 2011

Un berrinche presidencial digno de las dictaduras ocasionó mi cese: Aristegui



La periodista dice estar lista para regresar a MVS si se resarce su integridad profesional

Ratifica su postura de que Presidencia debe informar si Calderón tiene problemas de alcoholismo


La conferencia de prensa de Carmen Aristegui reunió a medios nacionales e internacionales
Foto Carlos Cisneros

Alonso Urrutia

Periódico La Jornada
Jueves 10 de febrero de 2011, p. 19
“Mi cese de MVS se debió a un berrinche presidencial, sólo imaginable en las dictaduras que nadie desea para México. Castigar por opinar o por cuestionar a los gobernantes”. Es un hecho “autoritario, desmedido e inaceptable”, afirmó Carmen Aristegui en su primera reacción pública luego de que fue separada de su programa radiofónico.

La periodista llegó puntual a un auditorio repleto de cámaras y reporteros, nacionales e internacionales, quienes tenían la expectativa de escuchar la versión de Carmen Aristegui sobre su cese en MVS el pasado fin de semana: “¿Qué clase de democracia es ésta que por un comentario editorial, que irritó al gobernante, se le corta la cabeza a quien opinó? ¿Cómo es que pudieron elevar desde Los Pinos el grado de exigencia pidiendo casi la humillación por un hecho absolutamente sobredimensionado?”

Sin ambigüedades, la periodista fue clara y directa en imputar al presidente Felipe Calderón su salida del programa noticioso. Consideró que su despido es “un hecho sólo imaginable en las dictaduras que nadie desea para México. Castigar por opinar o por cuestionar a los gobernantes”.

Es un hecho, enfatizó, “autoritario, desmedido e inaceptable”, derivado de un “berrinche” presidencial, que exigía a los dueños de MVS una disculpa pública de la periodista.

Concesiones, la estrategia de presión

Aristegui leyó un largo texto para justificar que sus cuestionamientos acerca de la presunta adicción al alcohol del Presidente es un asunto de interés público, que no existió trasgresión alguna al código de ética de MVS y que detrás de todo el escándalo está la presión por las concesiones a la empresa, cuya autorización final, tras aprobarse los requisitos técnicos y jurídicos, es política y está en el cajón del Presidente. En su desenlace gravita el interés del duopolio televisivo, que no admite competencia.

“Joaquín Vargas sabe perfectamente que yo no infringí ningún código de ética. Sabe lo que sucedió, sabe que fue una coartada, sabe, porque lo sufre todos los días, de las verdaderas razones que están detrás de está decisión que está a punto de costarnos la cabeza.”

Entonces Aristegui lanzó su propuesta a la empresa: restituirla en su cargo el próximo lunes, previo retiro del comunicado oficial de la empresa acusándola de trasgredir el código de ética, sustituyéndolo por otro en el que se asuma que no hubo tal, para resarcir su integridad profesional. “Si MVS acepta hacerlo, se reconocerá la naturaleza real de lo ocurrido”, pues de lo contrario pierden todos, la empresa, la sociedad, la Presidencia, pues el país no está para perder los espacios ganados, ni que se le regatee a la sociedad mantenerse informado, “no hay que tirar por la borda lo ganado”.

Desde antes de la llegada de la periodista a Casa Lamm, ya había decenas de radioescuchas gritando consignas que daban por ciertas las versiones de la presunta adicción del Presidente: “Carmen sí, borracho no”, “Carmen a la cabina, Calderón a la cantina”. Reclamos en pancartas: “Alcoholímetro a Calderón”.

La periodista apareció entonces para leer sus razones por las cuales pidió una postura a Los Pinos en torno a la denuncia que, mediante una pancarta colocada la víspera en recinto de San Lázaro, habían lanzado legisladores petistas. Acusación que textualmente decía arriba de una fotografía de Calderón: “¿Tu dejarías a un borracho conducir tu auto?, ¿no, verdad? ¿Y por qué lo dejas conducir al país?”

Aristegui reivindicó su desempeño la mañana del viernes en su noticiario. “No sólo no rectifico ni me disculpo. Sino que, por el contrario, ratifico la pertinencia de que la Presidencia se manifieste al respecto. Lamentó, sí, que el Presidente y su familia se hayan sentido ofendidos”.

Sin embargo, consideró que el tema es un asunto de interés público y aludió a casos semejantes en otras democracias: “¿No tuvo Bill Clinton que hablar del semen depositado en el vestido azul de una muchacha ante una audiencia de millones de personas? ¿No acaso el estado de salud de Dilma Rousseff fue motivo de debate nacional? ¿Acaso no son las francachelas y excesos de Silvio Berlusconi materia del debate nacional? ¿Por qué en México se castiga con el despido a una periodista que se atreve a preguntar?”

La sociedad tiene derecho a saber cuál es el estado de salud “y el grado de equilibrio de un mandatario, tiene derecho a saber con certeza, sin ofensas, sin caricaturizaciones, sobre las condiciones de salud de quien ha tomado y seguirá tomando todos los días decisiones gravísimas que impactan sobre el destino de una nación, y vaya que sí han impactado las decisiones tomadas desde Los Pinos este sexenio”. La reacción presidencial mostró un grado de “irritabilidad e intolerancia, que por sí mismas hablan de algún tipo de problemática”.

Luego aludió a la familia Vargas, a la que dijo respetar y manifestó que lamentaba “que sus nombres estén siendo acribillados con insultos en las redes sociales”. Subrayó que la empresa que encabezan fue colocada en una disyuntiva tal, sometida a una presión incompatible con un régimen democrático, pues la exigencia presidencial de una disculpa pública era indigna y pretendía sólo “satisfacer la ira presidencial”, era una coartada para colocar a MVS en la disyuntiva de buscar las concesiones o cortar la cabeza de una periodista. Por eso tomó esa decisión suicida que va en contra de sus intereses en los momentos de mayor expansión del noticiario y de mayor influencia, valorada por los anunciantes y las audiencias, concluyó.