jueves, 19 de noviembre de 2015

Revista Polemón

Uso de cielo: Apuntes para una obra de teatro | DESFILADERO

Uso de cielo: Apuntes para una obra de teatro | DESFILADERO
Por: Jaime Avilés (@Desfiladero132)
18 de noviembre de 2015. Ya se acerca el domingo 6 de diciembre, día de la consulta sobre el segundo pisito que Miguel Ángel Mancera Espinosa Villarreal y asociados quieren construir sobre avenida Chapultepec. Faltan dos fines de semana y los vecinos de las colonias Juárez, Roma y Condesa, todavía se preguntan a favor de qué y de quiénes estará el flamante jefe de la delegación Cuauhtémoc, el ex gobernador de Zacatecas, Ricardo Monreal Ávila.
Es tanta la marrullería del aparato empresarial del GDF (tripulado por Simón Levy), es tan grande el temor de Mancera a perder la consulta, que sus operadores pujan y pugnan para que voten los habitantes de todas las colonias de la delegación Cuauhtémoc, aunque algunas estén tan cerca de la avenida Chapultepec como de París o los Indios Verdes.
La táctica no oculta la intención de acarrear a los más pobres, manipular su participación “democrática” en beneficio de los inversionistas, pasando por alto que, en caso de que se haga el segundo pisito, se vendrá abajo el valor de los departamentos y negocios en donde actualmente trabajan los marginados como personal de servicio. Lo que agudizará la miseria en la periferia de la delegación.
Miguel Ángel Mancera –único jefe de gobierno que por insólita voluntad propia se degradó a regente el día que llegó al poder– quiere tapar el sol con un techo por medio de un dedazo. Su segundo pisito es un proyecto piloto. En el fondo ambiciona que los capitalinos privados del derecho de uso de cielo seamos la gran mayoría. Sí, la gran mayoría que lo eligió el fatídico primero de julio de hace tres años.
Mancera Metro
El petate del muerto que anda arrastrando el GDF para asustarnos con un nuevo aumento de 11 pesos al Metro, en realidad es una distracción para que se despolitice la consulta sobre el segundo pisito de avenida Chapultepec y el regente pueda subir el precio del metro, pero del metro cuadrado allá arriba.
Todavía no he visto, paseando por avenida Chapultepec, árboles numerados por el GDF, que “parecen judíos con su estrella cosida a la corteza para que los maten más fácil”, como una persona me los describió. ¿A qué viene tanta terquedad? Más de un columnista especializado en Mancera ha dicho, como si la vida le fuera en ello, que el segundo pisito va porque va.
Mancera mismo abrió el juego emitiendo un “decreto de necesidad” para que el proyecto adquiriera caracter de ley. De modo que porque sí, por sus pistolas jurídicas, por su convicción de que debe haber un derecho penal para los amigos y otro para los enemigos, nuestro alabado regente decretó que su segundo pisito es “necesario”.
¿Necesario para qué? ¿Para quiénes? ¿Para cuál de los grupos que se ofrecen a llevarlo a la presidencia? Porque para quienes pasamos por ahí, rumbo a los restaurantes coreanos de la zona; para los que trabajan banqueta adentro y arriba, para los que viven al ras de la calle, de ninguna manera es necesario un adefesio que privará a millones de transeúntes de su legítimo derecho al uso del cielo.
¿Qué se modificó en los códigos para que un gobernante le robe a una ciudad una calle o para que edifique una Plaza Carstens en medio de una avenida sin ínfulas? ¿Qué función cumple el “decreto de necesidad”? ¿Sirve para legitimar la expropiación del uso del cielo en beneficio de unos cuantos? ¿Se trata de una chicana leguleya que debe ser denunciada ante el Tribunal Superior del DF? ¿Me estoy burlando de ustedes al escribir esto, sin recordar que hace unos días el presidente del Tribunal Superior del DF, miembro del cártel de Rubén Figueroa en Guerrero, se reeligió ilegalmente con apoyo de Mancera y el PRD?
Para el arquitecto Teodoro González de León, que a punto de cumplir 90 años terminó el complejo Reforma 222, el segundo pisito no ayudaría a rehabilitar la zona como arguyen los propagandistas de Simón Levy y asociados. En entrevista reciente, González de León explicó: la avenida Chapultepec es una de las calles más amplias de la ciudad. Mide 56 metros de ancho, pero el frente de los terrenos que agrupa es, en general, muy pequeño y se requiere una estrategia para promover alianzas entre los propietarios y convertir predios colindantes en negocios con mayor potencial.
El arquitecto Teodoro González León. Foto: Conaculta
El arquitecto Teodoro González León. Foto: Conaculta
Traer una calle de Londres, una calle salpicada de tiendas y restaurantes de lujo y ponerla sobre la modesta y pundonorosa y querida avenida Chapultepec, ¿mejorará las condiciones de vida de quienes se queden allá abajo o servirá para lavar dinero a través de las joyerías que venden diamantes? ¿Los que se queden allá abajo tendrán más alumbrado público, más patrullas honradas, menos ladrones? ¿Dejarán de echar humo los motores que se embotellen bajo las techumbres de hormigón?
¿Como serán afectadas emocionalmente las personas de allá abajo que ya no puedan ver el sol, o la luna, o las nubes negras, ni alguna que otra ocasional estrellita? ¿Qué le dirían los padres a sus hijos, cuando éstos pregunten por qué ya no llueve desde arriba y ahora nomás todo se encharca? ¿No es discriminatorio quitarle el cielo a un niño? ¿No desvirtúa el derecho natural de los seres humanos al disfrute de la naturaleza?
Contra el segundo pisito han estampado su firma, además de González de León, los arquitrectos Alberto Kalach y Miquel Adriá, los urbanistas Roberto Remes, Rodrigo Díaz, Onésimo Flores, Salvador Medina y Andrés Lajous, la actriz Dolores Heredia, el actor Daniel Giménez-Cacho, la cantante Ximena Sariñana, y las organizaciones territoriales de las colonias Roma, Condesa y Juárez, pero falta una rúbrica, la más importante.
Falta, sí, la rúbrica de Ricardo Monreal Ávila, quien diplomáticamente se ha limitado a decir que respetará el “resultado” de la consulta, pese a que ésta, así como la concibe Mancera, tendrá tanta seriedad como las elecciones del pasado mes de junio, en donde el Instituto Electoral del DF, el PRD, el PRI, el Verde y el Panal se confabularon para arrebatarle cuatro delegaciones a los candidatos del Movimiento Regeneración Nacional, por la vía del fraude.
El jefe delegacional en Cuauhtémoc, Ricardo Monreal. Foto: Facebook
El jefe delegacional en Cuauhtémoc, Ricardo Monreal. Foto: Facebook
Cuando se hizo cargo de la delegación Cuauhtémoc, tras una eficaz campaña de a pie, casa por casa, que le permitió ganar holgadamente, Monreal fue víctima de un bautizo de mierda por parte de los perredistas que llevaban largos trienios podridos gobernando ahí. Primero fueron las amenazas de muerte, después el descubrimiento de cámaras de espionaje y luego el hallazgo de un millón y medio de pesos que le habrían mandado los grupos criminales para bajarle los humos.
¿Bastaron estos fuegos piroténicos siniestros para ablandar al experimentado político? No hay certeza, pero sí evidencias de que, a raíz de tales escaramuzas, la buena relación que está desarrollando con Mancera lo salvó, por ejemplo, del recorte de presupuesto que la Cámara de Diputados le acaba de aplicar a cuatro delegaciones gobernadas por Morena, pero no a la Cuauhtémoc.

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