sábado, 16 de julio de 2016

Chapultepec y el dinero

Bernardo Bátiz V.
O
tra vez está en riesgo una parte de nuestro emblemático Bosque de Chapultepec, tan popular, tan lleno de historia, tan importante como generador de oxígeno para una ciudad contaminada y como espacio de captación de agua de lluvia para el recargo de los mantos freáticos del Valle de México. Parece que en alguna oficina del gobierno citadino hay alguien que no se rinde y tiene un fino olfato para los negocios con empresas inmobiliarias.
Ahora se trata del espacio que ocupaba el Centro de Transferencia Modal (Centram) y sus inmediaciones, que incluyen un pie dentro del espacio del bosque. El paraje se encuentra al final de la avenida Chapultepec, frente a la fuente de Belén de las Flores y justo donde se inicia la cuesta de Dolores rumbo al panteón de ese nombre.
La fuente era el inicio de los arcos del acueducto que concluía en otra toma, la de El Salto del Agua.
Es un nuevo gran negocio con bienes que pertenecen a la ciudad, la cual es ahora parte integrante como una entidad más de la federación. El negocio es a costa del paisaje citadino y de áreas verdes. El gobierno tiene la ocurrencia o intención de construir en la superficie y en el subsuelo la nueva terminal de vehículos de servicio público, lo cual está bien y es necesario, lo inexplicable es que se lo encargará a una empresa privada para lo cual la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) autorizó un polígono de más de 30 mil metros cuadrados que los inversionistas podrán usar y disfrutar por largos 40 años; esto es, harán con el terreno casi regalado un pingüe negocio en un lugar privilegiado.
Su obligación será construir el nuevo paradero modal al final de la avenida y a cambio tendrán el usufructo de un gran espacio que despierta el apetito de los especuladores, entre la Estela de Luz y el área verde de Chapultepec, para construir una gigantesca torre de oficinas, un hotel y una plaza comercial con sus respectivo corredor para negocios de moda.
Con toda razón los organizados y valientes vecinos que integran el Frente Ciudadano Salvemos la Ciudad señalan por una parte el pésimo negocio para la capital que entrega un predio valiosísimo a cambio de espejitos y cacahuates, pagaderos en 40 años, y por otra advierten el atentado contra un intangible más valioso aun que es nuestro patrimonio histórico.
En este caso, ese patrimonio se hace a un lado como un estorbo prescindible y se entrega sin justificación clara a los inversionistas un espacio que corresponde al bosque que dejará de ser área verde y pasará a formar parte de la gran plancha de cemento y hormigón.
La Seduvi se defiende al afirmar que la Fuente de Belén se desmontará piedra por piedra y luego, en dos años, cuando estemos en campaña electoral y nadie se acuerde del asunto, se volverá a instalar en su sitio; por ahora es un estorbo para los negocios y las inversiones.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) no ha dado aún el permiso, según parece, pero sin duda estará bajo presión para hacerlo.
El otro señalamiento del frente ciudadano tiene que ver con un predio que formó parte del bosque y que debiera retornar a él; tiene árboles en peligro y sería una mínima recuperación de tierra no urbanizada, que tanto necesita nuestra comunidad urbana. La denuncia que se ha hecho, descubre que se creó un predio, se le dio número oficial y alineamiento, le tocó el 531 de avenida Chapultepec y se le asignó un uso de suelo ad hoc para construir un edificio de muchísimos niveles. Esto significa, de llevarse a cabo, un despojo al patrimonio de la ciudad, un atentado a la estética, al buen sentido y a la historia.
Ya se logró que no se instalara entre los ahuehuetes milenarios la rueda de la fortuna; más desafortunado que eso será una torre grande y estorbosa, manchón en el paisaje de Chapultepec, fuente de problemas urbanos en un área ya saturada. ¿En qué cabeza cabe? Sólo se explica si se piensa en negocios y no en el bien de la ciudad y sus vecinos.

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