sábado, 16 de julio de 2016

¿No será el hartazgo?

José M. Murià
D
e entrada, cabe manifestar el repudio a las acciones violentas de los rebeldes del sur, ya sean los bloqueos carreteros, los asaltos a comercios o las flagrantes humillaciones a ciudadanos que no concuerdan con ellos. Pero…
En cenáculos de conciudadanos a la pregunta de por qué suceden estas cosas (¿cómo es posible que en México se emprendan tales acciones?, ¿cuál es la razón de tanta agresividad?...), las respuestas que predominan suelen ser preocupantes. Todo gira en torno a que son malos; los han hecho malvados, los manipulan con fines perversos y destructivos. En síntesis, ellos tienen toda la culpa.
Queda la sensación de que hay algo inmanente en lo que hacen que, según una concepción maniquea de la vida, ellos son los malos y nosotros somos los buenos. Cabe reconocer que es una visión cómoda de las circunstancias que, además, nos exime de cualquier responsabilidad y nos deja impolutos.
Pensar que las cosas suceden por la maldad de la gente mala, como espetó un párroco tapatío el otro día, es fácil, pero no ayuda en nada a la solución. Es incontrovertible que las cosas sucedan porque pueden suceder. Lo imposible nunca acontece. Con ello quiero decir que todo tiene su razón de ser, aunque ésta resulte ser compleja o la suma de muchas causas de muy diferente envergadura.
Sin duda, resultaría más eficiente que quienes tienen el poder analicen cuidadosamente las muchas razones que animan esta problemática social, de manera que se evite la búsqueda de una medida única y sencilla y se proceda a desarmar o minimizar el conflicto mediante un conjunto de soluciones parciales de lo que está en sus manos resolver.
Por otro lado, ceder en algunas cosas también resulta sensato. Cuando un conflicto como el de esta revuelta magisterial alcanza tal magnitud y dispersión, ya no se deben de ver las cosas con la prepotencia de quien cree ejercer la verdad absoluta. Si bien hay cosas en las que se puede ser firme, hay otras en que tal vez la parte oficial no tenga la razón o no la tenga toda.
Simplificando, pongo dos ejemplos. Seguramente entre los rebeldes hay un fuerte afán de defender prebendas lícitas e ilícitas conseguidas con el paso del tiempo por razones diversas, que también deberían tomarse en cuenta. Esa es una discusión. Pero también es cierto que se intentó imponer una evaluación del magisterio sumamente cuestionable, al menos por dos razones.
Primera, dime cómo evalúas y te diré qué resultados quieres. Será por error o no, pero el caso es que dicha evaluación dejó la sospecha de que se quieren degollar algunos principios constitucionales en materia educativa.
Segunda, dicho examen parecía haberse concebido pensando en maestros de la colonia Narvarte, y poco o nada tenía que ver con muchas partes igualmente respetables de esta compleja nación mexicana, llena de culturas y condiciones muy diversas. Ahora la SEP parece hacerse más flexible y piensa en diversificar la evaluación. Ojalá la conciba gente conocedora de los diferentes espacios… De esta manera seguramente se desinflará el conflicto.
Pero eso no es todo. El tablero nacional, además de ser complejo, está sobrepoblado de abusos, arbitrariedades, latrocinios, ofensivos dispendios públicos y privados, etc., que han saturado el ánimo de muchos mexicanos y los han dispuesto a cualquier causa que pise los callos de quienes consideran, seguramente con cierta razón, principalmente responsables de muchos males que les aquejan.
Tal vez sea cierto que, si las rebeliones requieren muchas causas, en México se han llenado muchos de tales requisitos.
A Esteban Garáiz

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