
No pobreza, pero sí pobres
Cancela comida electorera
Arce, Moreira, Orozco
Julio Hernández López

TALANTES. Bruno Ferrari, secretario de Economía; Javier Lozano, titular del Trabajo, y Juan Rafael Elvira, responsable de la Semarnat, escuchan a los legisladores que los citaron a comparecer ante la Comisión Permanente, luego de la tragedia en un pocito de en el ejido de Sabinas, Coahuila. En la reunión se les planteó tomar una nueva ruta en la industria minera Foto Cristina Rodríguez
Si tan solo fuera en razón de ocurrencias, frases fallidas y tropiezos políticos, el secretario de Hacienda en campaña, Ernesto Cordero, podría sentirse plenamente capacitado para aspirar a ocupar la silla donde se han posado Vicente Fox y Felipe Calderón. La más memorable de sus frases, en el corto plazo en que ha estado expuesto a un escrutinio público más o menos serio (pues antes del año en curso poca atención se ponía a su lánguida carrera administrativa), es la relacionada con los 6 mil pesos que al mes bastarían a las familias mexicanas para hacerse de casa y automóvil, además de pagar a sus hijos colegiaturas en escuelas particulares.
Ayer, de visita en San Luis Potosí, el licenciado en actuaría por el ITAM refrendó lauros de extravagancia, pues soltó con toda tranquilidad una tesis muy apreciada en el circulito íntimo de Los Pinos: que en México ya no hay pobreza sino, en todo caso, localizados problemas de pobreza: jodidos no estamos todos, aunque sí hay algunos jodidos, podría ser la traducción práctica de las ingeniosas frases del caballero de la triste economía. Tan convencido está el ex profesor de la opusdeísta Universidad Panamericana del destino manifiesto de la gran potencia mexicana que asegura que en cinco años se consolidará ese país de clase media vigorosa y pobreza radicalmente extinta. Tuvo el pudor, eso sí, de evitar el uso de un plazo sexenal relacionado con sus propias aspiraciones presidenciales: en cinco años, el milagro mexicano.
Ha de consignarse, por lo demás, la prudencia de Cordero antes de lanzarse virtualmente al rodaje de Un mundo maravilloso, la película de Luis Estrada con Damián Alcázar como Juan Pérez (un vagabundo que por suerte entra a una espiral de simulaciones políticas que le reditúan casa, auto y empleo, con mucho más que 6 mil pesos al mes). Sabedor de que si México fuera el paraíso tal vez no habría necesidad de él como candidato para salvarlo, matizó su optimismo hacendario: No se trata de decir que México es un país maravilloso, porque todavía hay muchas cosas pendientes qué hacer. (Uf. Qué bueno, porque esta columna estaba a punto de cerrar el changarro para irse a vagabundear, ya sin materia de trabajo.)
Por lo pronto, el aspirante a administrador de la abundancia no ha podido ni siquiera asegurar la comida prometida a un puñado de seguidores de sus prédicas electoreras. En la capital potosina se preparaba una reunión gastronómico-política en el restaurante Villa Danieli para que el secretario de Hacienda, en el tiempo libre que debe dedicar a tomar sus viaticados alimentos, se reuniera con cuadros panistas que le apoyarían para ser candidato a la Presidencia de la República. La mecánica a inaugurar en San Luis Potosí podría haber dado pauta a esa forma de hacer campaña con recursos públicos y pretextos oficiales: desayuno con empresarios, reunión con el gobernador local y comida libre, es decir, con simpatizantes panistas. Pero a última hora la reunión de proselitismo se canceló.
Ayer, de visita en San Luis Potosí, el licenciado en actuaría por el ITAM refrendó lauros de extravagancia, pues soltó con toda tranquilidad una tesis muy apreciada en el circulito íntimo de Los Pinos: que en México ya no hay pobreza sino, en todo caso, localizados problemas de pobreza: jodidos no estamos todos, aunque sí hay algunos jodidos, podría ser la traducción práctica de las ingeniosas frases del caballero de la triste economía. Tan convencido está el ex profesor de la opusdeísta Universidad Panamericana del destino manifiesto de la gran potencia mexicana que asegura que en cinco años se consolidará ese país de clase media vigorosa y pobreza radicalmente extinta. Tuvo el pudor, eso sí, de evitar el uso de un plazo sexenal relacionado con sus propias aspiraciones presidenciales: en cinco años, el milagro mexicano.
Ha de consignarse, por lo demás, la prudencia de Cordero antes de lanzarse virtualmente al rodaje de Un mundo maravilloso, la película de Luis Estrada con Damián Alcázar como Juan Pérez (un vagabundo que por suerte entra a una espiral de simulaciones políticas que le reditúan casa, auto y empleo, con mucho más que 6 mil pesos al mes). Sabedor de que si México fuera el paraíso tal vez no habría necesidad de él como candidato para salvarlo, matizó su optimismo hacendario: No se trata de decir que México es un país maravilloso, porque todavía hay muchas cosas pendientes qué hacer. (Uf. Qué bueno, porque esta columna estaba a punto de cerrar el changarro para irse a vagabundear, ya sin materia de trabajo.)
Por lo pronto, el aspirante a administrador de la abundancia no ha podido ni siquiera asegurar la comida prometida a un puñado de seguidores de sus prédicas electoreras. En la capital potosina se preparaba una reunión gastronómico-política en el restaurante Villa Danieli para que el secretario de Hacienda, en el tiempo libre que debe dedicar a tomar sus viaticados alimentos, se reuniera con cuadros panistas que le apoyarían para ser candidato a la Presidencia de la República. La mecánica a inaugurar en San Luis Potosí podría haber dado pauta a esa forma de hacer campaña con recursos públicos y pretextos oficiales: desayuno con empresarios, reunión con el gobernador local y comida libre, es decir, con simpatizantes panistas. Pero a última hora la reunión de proselitismo se canceló.
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