jueves, 27 de septiembre de 2018

México SA

Aumenta número de informales // A Payán, la Belisario Domínguez
Carlos Fernández-Vega
E
n la primera mitad de diciembre de 2012, a escasos días de iniciar el gobierno de Enrique Peña Nieto, el Inegi informó por primera vez sobre el crudo panorama de la informalidad en México, un lacerante problema sociolaboral presente de tiempo atrás, pero acicateado por las dos administraciones panistas (Fox y Calderón) y el sector privado.
En aquel entonces, las cifras del Inegi documentaban que 29 millones 271 mil mexicanos en edad y condición de laborar sobrevivían en la informalidad, lo que representaba 60.1 por ciento de la población económicamente activa.
Casi seis años después (agosto de 2018), la misma fuente revela que la tasa de informalidad laboral se redujo a 56.6 por ciento (apenas 3.5 puntos porcentuales menos que en diciembre de 2012, cerca de 0.6 puntos por año), pero el universo afectado resulta mayor, pues en ese periodo la PEA se incrementó y no tuvo cupo en la economía formal.
Así, a estas alturas alrededor de 32 millones de mexicanos sobreviven en tan precaria situación, sin prestaciones de ninguna naturaleza y con remuneraciones entre 35 y 40 por ciento inferiores a las pagadas en la formalidad, donde el panorama tampoco es grato, porque si bien el gobierno peñanietista presume que concluirá el sexenio con la generación de casi 4 millones de plazas formales, aunque los salarios ofrecidos resultan cada día menores.
En este sentido, la numeralia del IDIC deja en claro las cosas: al concluir 2017, menos de 480 mil personas ocupadas tuvieron ingresos que superaron 10 salarios mínimos, contra 22.1 millones que cuando mucho recibieron dos salarios mínimos.
Solamente dos estados, Baja California y Chihuahua, contabilizan a más de 2 por ciento de su población ocupada ganando por lo menos 10 salarios mínimos. Morelos y Tlaxcala son el extremo de la precariedad: únicamente contabilizan a 0.2 por ciento de sus ocupados con percepciones mayores a 10 salarios mínimos. Se deben considerar a los 3.4 millones de mexicanos ocupados que no reciben ingreso.
Si se asume que una familia tiene 4 integrantes, en promedio, se puede apreciar la implicación negativa directa: los beneficios de un buen ingreso llegan a pocas personas, particularmente en un entorno laboral donde se reduce el número de plazas laborales que paga más de tres salarios mínimos.
Entre el último trimestre de 2012 y el correspondiente a 2017 la ocupación y empleo que paga entre tres y cinco salarios mínimos disminuyó en 713 mil plazas. En el mismo periodo la ocupación y empleo que paga más de cinco salarios mínimos se contrajo en 1.49 millones. En conjunto, ambas cifras muestran que si se considera el número de jóvenes que se sumó al mercado laboral, más mexicanos se disputan menos oportunidades.
La brecha entre el número de personas que ganan más de 10 salarios mínimos (solamente 0.9 por ciento de la población ocupada en el país) respecto a las que reciben hasta dos salarios mínimos (42 por ciento de la población ocupada) es el verdadero muro contra la equidad. Hay un hecho insoslayable: la disminución en la tasa oficial de desocupación se ha logrado al mismo tiempo que se reduce la ocupación mejor remunerada. Sólo el sector industrial ha logrado mantener generación de empleo con salarios de entre tres y cuatro veces el mínimo.
En consecuencia, se debe plantear que el verdadero problema de inequidad y pobreza es atribuible a la precariedad del ingreso laboral, que a su vez es resultado del entorno adverso que enfrenta la mayor parte de las empresas en México: inseguridad, corrupción, altos costos de energéticos y combustibles, falta de financiamiento e importación ilegal de productos, entre otros.
Las rebanadas del pastel
Excelente noticia: Carlos Payán Velver, director fundador de La Jornada, ha sido propuesto para ser galardonado con la medalla Belisario Domínguez. Más que merecida. Enhorabuena. Besos y apapachos para el tocayo y nuestra casa editorial. ¡Salud!
Twitter: @cafevega

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