lunes, 28 de septiembre de 2020

México SA

 

Banco del Bienestar: control itamita // La institución, en manos de Lutero // ¿Quién convenció a López Obrador?

E

l eje del gobierno de la 4T es la política social y una de sus joyas es el Banco del Bienestar, por medio del cual se canalizarían todo tipo de apoyos económicos y financieros a la población más necesitada del país, en un esquema de distribución que incluía la construcción de 2 mil 700 sucursales en el primer bienio de la administración de López Obrador, para llegar a 7 mil al finalizar el sexenio.

Así, todas las baterías gubernamentales se enfocarían a lograr ese objetivo para beneficio de dicha población, luego de que el gran logro de la política social del régimen neoliberal (planeada y ejecutada, fundamentalmente, por egresados del ITAM y de universidades foráneas; allí están Cordero y Meade para no ir más lejos) fue que el número de mexicanos en pobreza no dejó de aumentar.

Se trataba, pues, de un cambio radical en la forma de apoyar a los más necesitados y así clausurar la enorme cuan ignominiosa fábrica de pobres en la que los neoliberales convirtieron a México a lo largo de cuatro décadas. Conceptualmente el nuevo diseño de política social resulta impecable, pero algo falló, porque, paradójicamente, el presidente López Obrador anunció, el pasado 22 de junio, que la dirección general del Banco del Bienestar quedaba en manos de una itamita, Diana Álvarez Maury, es decir, dejó la Iglesia en manos de Lutero.

En lo que denominó un enroque obviamente republicano, López Obrador anunció que Diana Álvarez Maury dejaba la subsecretaría de Desarrollo Democrático, Participación Social y Asuntos Religiosos de Gobernación para que –sin ninguna experiencia en el ámbito financiero y menos en el bancario– ocupara la dirección del Banco del Bienestar, mientras Rabindranath Salazar desocupaba esa posición para llegar a Bucareli. En esa ocasión el mandatario dijo que se trataba de una decisión consensuada que va a ayudar mucho para seguir adelante en la transformación de México. ¿En serio?

Resulta un contrasentido que una de las joyas de la nueva política social quede en manos de una itamita (entre otras gracias asesora de Santiago Creel cuando este despachaba en el IFE). ¿Quién promovió a Álvarez Maury?, fue ¿Arturo Herrera? ¿Alfonso Romo? ¿Sánchez Cordero? ¿el fiscal Gertz Manero?, ¿quién convenció a López Obrador que una egresada del ITAM era la pieza que faltaba para redondear la política social de la 4-T?

¿Qué pensaba López Obrador sobre los itamitas? Tres botones: Meade, como Videgaray, es egresado del ITAM, la escuela de tecnócratas neoporfiristas que ha dañado la economía de la gente y a la nación (11/09/2016); refrendo mi compromiso irrevocable de cambiar la política económica que se impuso durante los últimos 36 años, en un sistema neoliberal que dio como resultado la grave crisis económica que padece la población (9/07/2019); siempre estuvimos en contra de la política neoliberal ¿Cómo voy a estar apostando a estas alturas, después del desastre de la política neoliberal, a seguir con lo mismo? Allá quienes defiendan ese dogma (10/07/2019).

Pero ahora, por consenso, favorece a una itamita para encabezar una institución fundamental para el desarrollo de nuestro país, sobre todo para la atención de la gente más necesitada (AMLO dixit), es decir, la masacrada por los mismos neoporfiristas. En pocas palabras, parafraseando a Diego Capusotto, el Banco del Bienestar quedó en manos de una representante del grupo que se cree dueño de un país que detesta.

Las rebanadas del pastel

Quintacolumnista: como era previsible, lo primero que hizo Álvarez Maury, experta en semiología y consultora de una preparatoria, fue despedir a buena parte de la estructura directiva del banco para remplazarla con más itamitas, y ni siquiera tuvo la cortesía de notificar oficialmente a quienes, sin más, echó a la calle, amén de que les ha negado la liquidación de ley por razones, según dice, de austeridad republicana. Por si fuera poco, de un plumazo mandó al desempleo a 357 trabajadores eventuales. Y hay más.

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