miércoles, 23 de septiembre de 2020

México SA


Banca, lavandería a todo vapor // Sólida industria del chaca-chaca

U

na vez más la banca que opera en México (trasnacional, en la mayoría de los casos) fue agarrada con las manos en la masa, aunque todo apunta a que, como siempre, se mantendrá intocada. No es gratuito que, al menos desde 1996, durante el gobierno de Zedillo (siempre al servicio del gran capital privado), el Departamento de Estado del vecino del norte pusiera al sistema financiero de nuestro país en semáforo rojo “por haber sido elegido por los cárteles internacionales de la droga como el principal centro de lavado y repatriación de dinero proveniente del narcotráfico en el hemisferio occidental”, y desde entonces, año tras año, el reporte estadunidense es el mismo.

Por ello, el balance se mantiene negativo (para las naciones, no para los bancos), porque realizadas desde o hacia México con origen en siete países de América y Europa, la autoridad antilavado de dinero de Estados Unidos, que depende del Departamento del Tesoro, detectó 57 transacciones realizadas a través de bancos asentados en nuestro país, tanto propiedad de extranjeros como uno nacional, como es el caso de Banorte, de acuerdo con documentos revelados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés). Se trata de operaciones que se realizaron entre 2010 y 2016, periodo que comprende los sexenios de los ex presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, y que suman 5 mil 500 millones de dólares. El monto resulta tanto de las operaciones originadas en México, como aquellas que desde el extranjero tuvieron como destino bancos del país ( La Jornada, Julio Gutiérrez).

Desde 1996, el Departamento de Estado le puso cifras a la industria mexicana del chaca-chaca: “de acuerdo con cifras de funcionarios mexicanos –no identificados– el sistema financiero que opera en México habría lavado alrededor de 30 mil millones de dólares por el concepto referido” –narcotráfico– (y contando). Se trata de un creciente volumen de dinero que ni en sueños se puede ocultar bajo el colchón, de tal suerte que es ahí donde el sistema financiero que opera en el país entra en acción, ante la complacencia de la autoridad que debería evitar ese tipo de ilícitos.

En el inventario, actualizado del Departamento de Estado, aparecen instituciones financieras como Banorte; Banco Base, de origen regiomontano; el español BBVA; el gringo CitiBanamex y CIBanco (la mexicana con mayor participación en este tipo de transacciones) y Santander, cuando menos, en una productiva industria sin chimeneas que deja pingües ganancias a los banqueros.

Pero no es novedad. Por allá de 2010, el Comité Permanente de Investigaciones del Senado estadunidense denunció que entre 2007 y 2008 (sexenio de Felipe Calderón) el banco trasnacional HSBC, por medio de su filial en México, remitió alrededor de 7 mil millones de dólares en efectivo a la sucursal que el corporativo mantiene en el vecino del norte.

Por aquellas fecha aquí se comentó que sólo en ese par de años dicha institución financiera envió, en promedio, casi 10 millones de dólares por día (incluidos sábados, domingos y días festivos), mientras el entonces secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, aseguraba no tener informes sobre la posible responsabilidad del banco HSBC en México en operaciones de lavado de dinero; de existir indicios de actividades delictivas, las autoridades correspondientes en México llevarán a cabo una investigación al respecto y en su momento darán a conocer los resultados (que nunca divulgó), con todo y que Barack Obama calificó a Felipe Calderón como el Elliot Ness mexicano.

¿Cómo se resolvió el asunto de HSBC? Fácil: José Antonio Meade, entonces secretario calderonista de Hacienda, aseguró que el caso de lavado de dinero de dicha institución financiera fue corregido a cabalidad y ya se cerró, mientras la industria del chaca-chaca creció y creció.

Las rebanadas del pastel

¡Felicidades!: si su gran arsenal es Ricardo Anaya, Vicente Fox, Felipe Calderón y el neonazi Gilberto Lozano, pues simple y llanamente qué jodida está la oposición.

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