sábado, 21 de abril de 2018

Aeropuerto y debate

Bernardo Bátiz V.
D
os temas aparentemente inconexos, pero que no lo son tanto: el debate entre los candidatos a la jefatura de Gobierno de la flamante Ciudad de México, entre cinco mujeres y dos hombres, y el aeropuerto en proceso de construcción en el lecho lodoso del lago de Texcoco. Los participantes casi ni rozaron lo del aeropuerto, pero afuera, en el ambiente político, era el trasfondo, estaba detrás como contexto, de ambiente dentro del cual se cruzaban las propuestas, las diatribas, las razones y las sin razones que los capitalinos presenciamos apenas antier.
Del debate hay mucho qué decir. A mí, observador parcial pero aspirante a la objetividad, me quedó claro que Claudia Sheinbaum dejó la mejor impresión en todos los aspectos; en la apariencia, que tanto cuenta hoy en la política, se vio elegante, sin estridencias; en la tribuna mostró dominio y fue aguda, oportuna, con ademanes contenidos, sabedora de que la televisión los magnifica, y ofreció datos y argumentos precisos. Sus propuestas, sintetizadas en el lema innovación y esperanza, fueron las más convincentes.
Su administración, de ser electa, será renovación del gobierno encabezado por López Obrador (2000-2006), en el que ocupó un cargo importante; profesan convicciones políticas semejantes y ella retoma la esperanza de un buen gobierno, interrumpida desde hace tiempo; pero también aporta lo suyo, es científica, su formación se sustenta en las ciencias exactas, matemáticas y física, y quizá por ello ofrece aprovechar los adelantos tecnológicos de hoy e innovar en beneficio de los esperanzados capitalinos.
Le preocupa la educación, que ningún niño se quede sin escuela o algún joven excluido del nivel superior. En seguridad propone no sólo usar cámaras más modernas de vigilancia, sino revivir también las reuniones preventivas de las mañanas, que tan buenos resultados dieron en la jefatura de Andrés Manuel; no sólo la reunión encabezada por el jefe de Gobierno, con el fiscal general, los secretarios de Gobierno y Seguridad Pública, así como juntas equivalentes en cada una de las casi 100 coordinaciones territoriales que habrá en la extensa y poblada geografía capitalina.
Me recordó el lema positivista de la Escuela Nacional Preparatoria: Orden y progreso, pero con justicia social; atención a todos, empezando con los que más lo necesitan.
Una observación crítica a ella y a los demás participantes: no mencionaron a la Constitución capitalina del 5 de febrero de 2017, gracias a la cual alguno de ellos tendrá el honor de ser el primer jefe de Gobierno de la ciudad.
El otro tema, el del trasfondo, me recordó un debate en el que participé en una ya lejana legislatura de la que formé parte. Los priístas de entonces, del tiempo de Echeverría, tan iguales a los de hoy, defendían y presumían el gasto excesivo de la obra emblemática de ese momento: el puerto de abrigo de Yucalpetén, gasto entonces faraónico, como lo es hoy el extravagante resumidero de millones y millones de pesos, agujero sin fondo, negocio de negocios, cereza del pastel de la corrupción que es el NAICM.
Como diputado me opuse al gasto gigantesco que desquilibraba el presupuesto; me contestaron que deteníamos el progreso, que se justificaba por que sería el detonante de la economía de Yucatán y otras razones parecidas a las de hoy. El muy costoso puerto, destinado a la flota pesquera, se convirtió en poco tiempo en una marina para riquillos locales y hoy se desmorona abandonado, sin mantenimiento y olvidado el extravagante gasto de entonces.
La historia se repite: los funcionarios ven en las obras públicas negocios personales, todo se justifica mientras les deje utilidades; después se abandona lo construido a su suerte y los nuevos gobernantes sólo se interesarán en los nuevos negocios. El elefante blanco de Yucalpetén es ancestro del elefante blanco del aeropuerto en el lodazal de Texcoco; los priístas no han cambiado.

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