martes, 24 de abril de 2018

Ciudad Perdida

Sobre el debate presidencial
Cuatro al unísono, uno discordante
Y ¿cómo le fue a la economía?
Miguel Ángel Velázquez
F
ue un buen intento.
Y el todos contra AMLO fue mucho más allá del simple bullying;desveló los propósitos de gobierno de los contendientes, que sí, sólo eran dos, aunque uno con cuatro cabezas.
Entre Zavala, Meade, Anaya y El Bronco no se miraban grandes diferencias, si acaso el problema radicó en cómo exponían unos y otros la misma idea, pero el modelo fue el mismo: la economía seguirá los mismos pasos y con ella todos los males que hasta ahora nos ha acarreado.
Uno de ellos, el más lacerante: la violencia. Quedó claro que con los cuatro del neoliberalismo se alimentará la guerra, seguirán los muertos por decenas, y cuando en los panteones ya no exista lugar para los muertos, entonces seguramente hablarán de paz, porque no existe otro camino.
Más allá de las locuras foxianas de El Bronco, Anaya trata de dormir, de engañar a la gente y les lanza una mordida envenenada; les dice que el modelo de paz colombiano falló, pero no habla de que su propuesta es un desastre en México, y que sólo tiene diferencia de matiz con la de Calderón o la de Peña Nieto, porque a fin de cuentas lo que pretende es continuar con la guerra.
Del otro lado, la única propuesta que habla del cambio de rumbo en serio, ahí donde se gestan las transformaciones en lo económico, aterriza en hallar los mecanismos para cerrar las brechas de injusticia, que son una de las raíces de los males del país. Los otros cuatro estuvieron en contra; eran una sola voz, una sola idea.
Y no, no es que le echaran montón sólo porque es el puntero, sino porque representa la idea que marca la diferencia. Fue triste, por decir lo menos, el papel de José Antonio Meade, reclamando al candidato de Morena la posesión de tres departamentos, pero sin poder explicar por qué desde la Secretaría de Hacienda se permitió, o cuando menos se obviaron problemas que se señalaron en el intercambio de ideas, y que involucran muchos millones de dólares, y que además seguramente sirvieron para que se compraran algo más que tres departamentos en la ciudad, sino más bien residencias en México y el extranjero, ranchos y otro bienes que los militantes del partido que lo postula han hecho de espaldas a la ley.
Pero claro, es muy probable que José Antonio Meade no haya recibido ningún premio, como los que reparten los priístas por lealtad (permítame llamarle de esa manera), pero lo que sí levanta sospechas es que en el PRI se sabía; todos tenían por cierto que Meade no era el representante que ese partido requería para mantener el poder, y aún así lo impusieron, y lo peor, él lo aceptó como si fuera un justo pago a esa lealtad.
De cualquier forma, queda la idea de que López Obrador se quedó corto; que tenía muchos elementos de certeza no sólo para contraatacar, sino para haber iniciado algunos ataques ciertos en contra de sus adversarios. No fue así, pero si los resultados de este debate son como algunos han pintado, de azul, habría que ver hasta dónde ese resultado no le cayó muy bien a la economía y el dólar repuntó en su precio. ¿Será esa la opinión del dinero o lo dejamos nada más en la especulación? Usted decide.
De pasadita
Lo que no para, con debate o sin él, son las campañas políticas en la Ciudad de México, donde las encuestas se niegan a moverse. Parece que hay decisiones tomadas con carácter de inamovibles, y es que aquí sí se quiere regresar a la izquierda, a un modelo que para empezar arrebate el total de las decisiones sobre el uso de suelo a los desarrolladores, inmobiliarios, que son quienes realmente están gobernando esta ciudad.

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