sábado, 30 de agosto de 2014

El nuevo frente de Mancera

Bernardo Bátiz V.
E
l jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, que tiene muchos problemas surgidos de la magnitud de la ciudad que tiene bajo su responsabilidad, abrió un nuevo frente de batalla que considero importante y sin duda lo es. Lo hizo al plantear como necesario, vital, podríamos decir, un aumento a los montos del salario mínimo, que se ha convertido en mucho menos que mínimo, en milimétrico, simbólico, irreal.
Es un tema que un gobernante con conciencia social no puede soslayar, y Mancera lo propuso a sabiendas de que muchos intereses en contra pondrían obstáculos, y más de un político torcería la boca al encontrarse con él en los actos públicos a los que asiste o en las reuniones relacionadas con el tema que sacó a la luz. Ha tenido que resistir diversos actos de acoso de quienes deberían de preocuparse por defender los derechos de los trabajadores mexicanos y que, desertando de esa responsabilidad, se sienten agredidos cuando alguien con sentido de responsabilidad se ocupa del tema.
Los panistas ansiosos de encontrar una tabla de salvación a su naufragio, se adjudican como propio el tema y proponen una consulta popular, que tiene el doble objetivo de darse ellos mismos respiración artificial y competir con la consulta de Morena, que va tan bien. Pero quienes más se sintieron aludidos y, como se dice en el lenguaje parlamentario, pidieron la palabra para contestar alusiones personales, fueron los secretarios del Trabajo de todo el país.
Ayer hicieron pública una declaración que sin mencionar a Mancera responde a su propuesta con lugares comunes, evasivas y excusas para no entrar a fondo en esto de los salarios mínimos; el desplegado de los titulares de las secretarías del Trabajo en forma retórica dan la bienvenida a una discusión que ellos tenían la obligación de haber planteado hace tiempo, en el fondo es una forma de exculparse por su descuido e indiferencia.
Dar la bienvenida a una discusión es sumamente fácil, pero también inútil si a esa aceptación no le siguen acciones efectivas encaminadas a resolver el problema. La Conferencia Nacional de Secretarios del Trabajo propone promover que en la discusión por el salario se continúe privilegiando el diálogo, al que llaman tripartito, esto es con la participación de trabajadores, empleadores y gobierno, pero soslaya que en la mayoría de los casos, quienes debieran representar a los trabajadores se coluden con los patrones, traicionan a sus agremiados y olvidan el hecho evidente e indudable de que el tema no es de los que atraen por el momento a los gobernantes.
No hacen referencia alguna a problemas tan graves como el outsourcing, las contrataciones por periodos muy breves o las simulaciones tan frecuentes de contratos disfrazados de servicios profesionales regidas por el derecho civil. Quizá esperen que alguien, como lo hizo el jefe de Gobierno del DF, llame la atención sobre esos temas, que tanto dañan a la ya de por sí vulnerada economía de los trabajadores, para dar su opinión.
El desplegado de la Conferencia de Secretarios del Trabajo quizá pretenda opacar la propuesta que el día de ayer se materializó, de que para el año próximo el salario mínimo se incremente a 82 pesos con 86 centavos y como punto de partida para que continúen los incrementos en un futuro que no puede ser muy lejano.
Experiencias como la tarjeta de adultos mayores en el Distrito Federal, indican que la economía se hace más dinámica si hay inyección de recursos que equilibran las desigualdades sociales y aseguran el comercio lo mismo a las grandes tiendas departamentales que a las misceláneas de barrio o al comercio informal. Poner obstáculos al pago justo a los trabajadores sólo beneficia a los empresarios, tanto a los que ya están aquí, como los que afilan sus uñas a raíz de la reforma energética.

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