viernes, 22 de agosto de 2014

México SA

Raquitismo económico, va
SHCP: autocomplacencia
Larrea: justo donde duele
Carlos Fernández-Vega
E
l Inegi ha tenido a bien informar a los habitantes de esta República reformada y con futuro promisorio que la arrolladora economía nacional creció 1.7 por ciento en el primer semestre de 2014, proporción microscópicamente superior a la estimada, pero de cualquier forma a todas luces insuficiente para mover a México.
Es tal el entusiasmo que reporta la economía nacional, que de abril a junio del presente año el crecimiento reportado fue exactamente igual al del mismo periodo de 2013, es decir, un fabuloso cuan estimulante 1.6 por ciento, lo que junto con el resultado del primer trimestre (1.9 por ciento) arroja un promedio en la primera mitad del año de 1.7 por ciento.
Muchas cifras y proporciones para llegar a la misma conclusión de las últimas tres décadas: la economía mexicana, ese navío de gran calado que presumió la brillante dupla panista que ocupó Los Pinos, de plano no levanta, con todo y el voluminoso inventario de reformas aprobadas en ese mismo periodo, las cuales, según dicen sus promotores, han sido rotundamente exitosas.
La historia es prácticamente la misma (con o sin crisis oficialmente reconocida) en cada uno de los seis gobiernos neoliberales. Se ha reformado para dar bases firmes y ciertas al crecimiento económico (Miguel de la Madrid); pasar de un Estado clientelar y propietario a un Estado solidario y promotor del crecimiento y la inclusión(Carlos Salinas); contar con una economía cada vez más eficiente, de tal manera que los factores de la producción, señaladamente el trabajo, obtengan mayores rendimientos e ingresos (Ernesto Zedillo).
De igual forma, se ha reformado para democratizar las oportunidades y transitar de la dependencia de la economía externa, al fortalecimiento del mercado interno y a la democratización de la economía (Vicente Fox); cambiar de fondo la estructura productiva y acelerar las políticas que corrijan la enorme desigualdad entre los mexicanos (Felipe Calderón), y evitar la tentación de conformarnos con la inercia(Enrique Peña Nieto).
Para eso y mucho más, según dijeron, pero en los hechos la economía mexicana cada vez crece menos, sus rendimientos se concentran más, las pérdidas se socializan de manera infame y la inercia es el sello de la casa. Y por si alguien tuviera duda, lo anterior se confirma con una raquítica tasa anual promedio de 2 por ciento en las últimas tres décadas; la insultante concentración del ingreso y la riqueza, con los mexicano marca Forbes a la cabeza; el constante cuan veloz incremento en el número de mexicanos en pobreza, y la pavorosa dependencia del vecino del norte, reforzada a más no poder con la reforma energética.
Qué bueno, pues: reformados hasta lo más recóndito del cuerpo, y seguimos en las mismas. En la primera mitad del segundo año de gobierno de EPN, la economía a duras penas creció 1.7 por ciento, la misma proporción que, para igual periodo, registró Miguel de la Madrid, con una crisis galopante a espaldas de los mexicanos; en el mismo lapso, pero en tiempos de Salinas, la tasa de avance fue de 2.54, y el susodicho presumía que la crisis estaba superada.
En idéntico lapso, pero con Ernesto Zedillo en Los Pinos, la economía creció 4.15 por ciento, lo que se entendió como un rebote del desplome registrado en 1995, año de la gran crisis. Pero llegó Fox, oficialmente sin crisis, y la poderosa y reformadísima economía mexicana cayó 0.4 por ciento en el primer semestre de 2002. En la primera mitad de 2008, poco antes del reconocimiento oficial de la crisis, la tasa de crecimiento fue de 2.6 por ciento, y ya sin crisis, según dice, con Enrique Peña Nieto la economía creció 1.6 por ciento, tanto en el primer semestre de 2013 como en la primera mitad de 2014.
En fin, todos reformaron, todos prometieron mejores condiciones, todos delinearon espectaculares avances y un futuro venturoso que envidiarían los noruegos, y en los hechos ha resultado exactamente lo contrario, en vías de empeorar. Obvio es que algo no funciona, que las reformas sólo han sido para privatizar las ganancias y socializar las pérdidas (y de qué forma), y que si esto sigue igual el país va directo al abismo, y ya está en el borde.
Aun así, a los genios tecnocráticos les vale una pura y dos con sal. Tras divulgarse el citado informe del Inegi, más rápido que una saeta brincó a la palestra el subsecretario de Hacienda, Fernando Aportela, para ratificar su pronóstico de crecimiento anual: 2.7 por ciento (el original era de 3,9 por ciento), no sin antes mencionar la necesidad, según dijo, de consolidar la estabilidad macroeconómica y la implementación de las reformas estructurales, las mismas que, prometen, moverán a México.
Pero la novela rosa no quedó allí, porque Aportela (a quien el ministro del añopor segunda ocasión consecutiva cede el micrófono para que justifique el raquitismo económico nacional) aseguró que en el segundo trimestre de este año inició un ciclo de crecimiento económico que se prolongará por lo menos hasta 2015 y que se sustenta en el impacto del crecimiento económico de Estados Unidos y un fortalecimiento industrial, comercial y de servicios en la economía mexicana (La Jornada, Víctor Cardoso).
Y lo más ilustrativo fue la ostentosa autocomplacencia de tan distinguido funcionario: el crecimiento de 2.7 por ciento para 2014 estará por encima del promedio de 2.4 por ciento observado en el desempeño de la economía mexicana durante los últimos 30 años. ¡Ole!
A su vez, la Secretaría de Hacienda emitió un comunicado, en el que se subraya que el gobierno de la República trabaja de manera activa para asegurar una tendencia de crecimiento aún más sólida que impacte favorablemente en el poder adquisitivo y bienestar de los mexicanos. ¿Se les hace conocido el estribillo?
Las rebanadas del pastel
Lo demás es lo de menos, porque lo único que le duele a Germán Larrea y su Grupo México es el bolsillo, y el reciente ecocidio por ellos cometido en Sonora les está pegando justamente allí, porque en los últimos dos días el precio de sus acciones ha caído cerca de 5 por ciento, y descontando. Aunado a ello, los analistas financieros advierten sobre la volatilidad en el precio de las acciones del Grupo México que será significativa, una vez que la Comisión Permanente del Congreso pidió el retiro de la concesión a ese consorcio, debido a que una de sus subsidiarias derramó 40 mil metros cúbicos de substancias tóxicas a un afluente del río Sonora (La Jornada, Roberto González Amador).
Twitter: @cafevega

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