lunes, 14 de noviembre de 2016

Tiempo de canallas

Víctor Flores Olea
¡S
e realizó lo increíble, el escándalo! ¡Aquello que parecía imposible tuvo lugar! ¡Y ahora, claro, todas las mentes se preguntan cómo y por qué tuvo lugar, cómo fue posible lo imposible! Al igual que toda campaña electoral, no parece haber respuesta en los puntos de referencia acostumbrados, en la explicaciones más obvias, sino más bien en ciertos fenómenos y hechos secretos, en el arcano. Y esa circunstancia secreta y no evidente parece encerrarse en una frase, también secreta y no evidente: en el movimiento antiestablishment, que parece haber penetrado profundamente en muchas sicologías y voluntades también de los ciudadanos estadunidenses.
Lo cual supone, en primer lugar, que a Hillary Clinton se le identificara muy fuertemente con lo establecido, con lo ya conocido y esperado. Y la mayoría estaba precisamente contra tal cosa. Aunque debemos admitir que lo dicho es necesariamente relativo, porque Hillary ganó en términos de voto popular, aunque no en términos del sufragio que realmente cuenta para ese efecto en Estados Unidos, que es el llamado voto electoral (relacionado con el número de representantes, diputados de cada estado, en términos importantes, aunque no absolutos con la población de cada estado y con los senadores que siempre son dos, en estados pequeños o grandes).
Está bien, se le negaron a Hillary muchos votos por su pertenencia a lo establecido y conocido, y todo indicaría que precisamente por ser desconocido e imprevisible un gran número de sufragios que buscaban precisamente eso fueron a dar a manos de Donald Trump. Y que ese fue el más importante factor de su victoria electoral. Es obvio que nos encontramos entonces con un hecho, o sucesión de hechos, sin precedente o que han tenido muy excepcionales precedentes. Aunque debemos admitir que muchos indicios de carácter netamente político, seguramente en todos los continentes, muestran que habría ya, en términos bastante generalizados, una profunda insatisfacción de las sociedades respecto de algunos principios de política que se han impuesto, a veces desde hace mucho tiempo, en prácticamente todos los sistemas, o que se postulan como deseables para cualquier sistema político. Pensamos en la democracia representativa, en los partidos políticos, en el sistema de pesos y contrapesos, y en las limitaciones y rigores que implica cada uno de estos conceptos. Pero sobre todo subrayamos ahora sus defectos y falsedades e irrealidades, que han dado lugar a una insatisfacción profunda, como la mostrada en la última elección estadunidense, que distorsionó e hizo imposibles las previsiones de los conocedoresy hasta de los especialistas y científicos en materia política y social.
Sí, parece entonces haber un profundo cambio en la manera o maneras de concebir la política, pero esto no significa que desde un punto de vista objetivo tales consideraciones no tengan un signo claro de la tendencia ideológica en que se inscriben o de la tendencia que refuerzan o apuntalan. Desde luego, en Estados Unidos. Puede haber muchas razones de tipo personal o social que llevaron, por ejemplo en este caso, a los votantes estadunidenses a elegir presidente a Donald Trump y no a Hillary Clinton, sin evitar el hecho de que llevaron al poder de ese superpoder a un integrante de la extrema derecha, con todas las consecuencias que tendrá el que se haya impuesto tal opción.
Porque las anteriores explicaciones de los movimientos y voluntades antiestablishment, aunque tienen muchas raíces y razones de orden social, político y económico, y aparentemente sin ideología política determinada, en realidad nos recuerdan los clásicos pensadores (entre otros el gran filósofo Noam Chomsky), que sus decisiones y actos, más allá de su aparente imparcialidad, como estos de votar en favor de Donald Trump, están cargados de ideología y parcialidad política, porque han decidido en favor de un hombre de la extrema derecha que se define por su racismo, por su misoginia, por su rechazo al deterioro del medio ambiente, por su desprecio en el fondo a los derechos humanos y a cualquier tipo de solidaridad, además de su desprecio por los pobres y su exaltación como éxito de la posesión de riqueza; entre mayor sea la acumulación, más admiración de Donald Trump por los favorecidos y mayor su desprecio por los pobres.
En suma, ese voto significa objetivamente, por arriba de cualquier pretexto de orden sicológico o similar, una personalidad de la extrema derecha dispuesta a utilizar sus recursos, legales o no, para mantener en la sociedad los privilegios de los privilegiados y las desgracias de los pobres. Cualquiera que haya sido su retórica de campaña. Por esa razón la enorme preocupación y hasta el terror que ha cundido en el planeta por la elección de Donald Trump. Inclusive, por supuesto, en el interior de Estados Unidos, entre muchos que depositaron su voto en favor del personaje.
“Hablando de la elección en Estados Unidos –añade Chomsky–, es un horror que no se haya hablado de los principales problemas de Estados Unidos y de la humanidad. Y el mayor de todos es la amenaza que existe sobre la extinción de la especie humana y de todos los seres vivientes. Tenemos siempre presente la amenaza de la guerra nuclear y la catástrofe del medio ambiente. Estos problemas fueron prácticamente ignorados en las campañas electorales, salvo cuando Trump afirmó que el ‘cambio climático no tenía lugar’ y que nos olvidáramos de ese problema.” Dice Chomsky que tal afirmación equivale a sentenciar a muerte, no en lo inmediato pero sí en el mediano y largo plazos, a toda forma de vida sobre la tierra, lo cual resulta un escándalo mayor, algo con lo que no podemos vivir, y menos viniendo de alguien que ocupa la presidencia de este país¨. (Chomsky, entrevista en The Guardian, de Londres)
Habría mucho más que agregar, pero ya lo haremos en la medida en que surjan los problemas como resultado de esta elección, en el planeta entero y, desde luego, en México.

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