jueves, 13 de septiembre de 2012

Movimiento o partido: algunas claves



Adolfo Sánchez Rebolledo

Andrés Manuel López Obrador anunció en el acto en el Zócalo el calendario para decidir si Morena seguirá siendo una asociación civil o se convierte en un nuevo partido. En otras palabras, si continúa siendo un movimiento, cuyos alcances –más que su número– están sujetos a una valoración objetiva después de las elecciones de julio, o se transforma para ocupar de lleno un nuevo papel en la vida pública nacional. La discusión, por lo visto, ha sido intensa y, en mi opinión, por lo que he logrado leer, bastante franca y directa, alejada de los maniqueísmos que suelen endilgarle sus adversarios.



La dirección de Morena pidió tres ponencias a favor de seguir como movimiento y otras tres por la conversión en partido político. Cada una aporta matices pertinentes y/o lectura de la situación que merecen discutirse. Como es natural, predominan los enfoques propositivos sobre la autocrítica, que apenas si aparece, pero en conjunto dan una idea más realista de la que teníamos hace unos días. De las posturas esbozadas por quienes se inclinan por mantener al movimiento, subrayo las de Armando Bartra, quien evita la que considera falsa disyuntiva: “Morena es un gran movimiento plural e incluyente, pero en la práctica es también un partido, más partido que muchos de los que dicen serlo. No lo que la legislación mexicana exige, sí lo que la historia demanda. Cuándo y cómo busque su registro, porque así convenga a su profesionalización o planes electorales, importa y urge (hay plazos fatales), pero resulta secundario. Lo que cuenta es que seguimos en pie y no nos vamos a rendir ni claudicar. Lo principal es que Morena siga siendo un movimiento amplio, plural, incluyente y combativo que lucha por el cambio de régimen vía electoral, pero también resistiendo reformas neoliberales y políticas antipopulares, apoyando demandas populares e impulsando el cambio verdadero”.



Por su parte, Luciano Concheiro insiste en que Morena es uno de esos movimientos que son sujetos políticos pero que a la vez son sociales, y es esta doble condición la que permite que el cuestionamiento del régimen actual también confronte las propias estructuras sociales que le dan sustento al ser parte de las estructuras antidemocráticas; y a la vez permite establecer en la práctica y como proyecto una nueva relación Estado-sociedad. En consecuencia, Morena es un movimiento, pero también un partido distinto, “tiene un carácter de sujeto histórico parte de la sociedad vuelta pueblo organizado, porque es allí donde se encuentran las fuerzas del cambio radical que hoy necesitamos”.



Finalmente, la tercera expresión a favor de mantener movimiento es la de Alejandro Encinas, que incluye una propuesta para eludir la inevitable fragmentación de las fuerzas progresistas a partir de la creación de un partido más compitiendo por los mismos espacios. “Se requiere mantener un movimiento amplio y plural, con una estructura flexible y horizontal que desate la iniciativa y la imaginación de la gente. Al mismo tiempo, se requiere construir una organización política que permita a los miembros de Morena acceder al poder público y a los cargos de representación popular, evitando la subordinación de Morena a los partidos y que éstos cosechen los espacios de representación a los que legítimamente pueden aspirar sus miembros”. Para evitar la fragmentación, Encinas plantea la creación de un partido-frente con los actuales integrantes del Movimiento Progresista o con algunos de ellos, en el que bajo un solo registro, Morena y los partidos establezcan un frente político electoral, manteniendo la autonomía y organicidad de cada integrante en igualdad de condiciones, con base en un acuerdo político en lo fundamental que permita la unidad de acción, el derecho a disentir y defender posiciones en los temas que no formen parte del acuerdo básico y con reglas claras de convivencia y competencia interna para definir los órganos de dirección y las candidaturas del frente.



Entre las ponencias a favor de formar el partido hay coincidencia en la necesidad de buscar un camino diferente y distante al de los actuales, en cuyo espejo negativo observan la imagen rechazable. Eduardo Cervantes Díaz Lombardo escribe: “Conviene preguntarse si los partidos llamados de izquierda son capaces de llevar a buen puerto los objetivos históricos del pueblo mexicano, y la respuesta evidente es que no, por la simple razón de que se han olvidado de dichos objetivos y más bien se han sumado a las reglas del juego del sistema y de la clase política. Otra pregunta obligada es si el movimiento social, con sus variadas expresiones (incluida Morena) puede conducir la lucha por el cambio verdadero, considerando en ello la vía pacífica y la participación electoral como Andrés Manuel ha planteado reiteradamente, y la respuesta también es que no, entre otras cosas porque se mantendría la subordinación a los partidos llamados de izquierda y la definición de las candidaturas seguiría en manos de sus burocracias, incapaces de ver más allá de sus intereses personales y de grupo. En consecuencia, se requiere de un partido de nuevo tipo sustentado en una nueva base social y una militancia organizadas, informadas y participativas, constituidas en conciencia crítica de los dirigentes, con capacidad de propuesta y de evaluación, atentas cuando se requiera a la revocación del mandato, exigentes con la rendición de cuentas; incluyente y plural, abierto a la sociedad, solidario y comprometido con las luchas y movimientos sociales, en el que las candidaturas se definan por el perfil de las personas (...) y nunca más por cuotas o influyentismos”.



Jaime López Vega es categórico: “La izquierda partidista actual ha cumplido su ciclo político y como cualquier organización debe ser susceptible a una revisión de sus resultados a través de los objetivos que le dieron origen (...) Por tanto, refundar la izquierda, convirtiendo a Morena en partido político en este momento histórico, es abrir un camino para el necesario relevo generacional, es limpiar a la izquierda de cacicazgos incapaces, ineficientes y faltos de convicción”. Y apunta: en un país con tanta desigualdad social, la izquierda política no puede ser exclusiva de los partidos existentes, ni debe estar condenada a su constante disminución, por lo que es necesario refundar a la izquierda, abrevando de los aciertos (que no son pocos) y de los errores que impidieron alcanzar el objetivo, de hacer de México un país más justo. Para ello propone “continuar nuestra encomienda de cambiar al régimen, pero desde sus propias reglas, desafiando al sistema con sus propias instituciones, modificar nuestra realidad política y de representación popular a través de un instrumento que permita la expresión libre, amplia, crítica, incluso con humor, del potencial creativo que no encuentra cabida en los partidos políticos existentes”.



Estas son, en apretado resumen, algunas de las principales tesis para la transformación de Morena. Sin duda quedan en el tintero numerosos temas, comenzando por la necesidad de hacer un balance objetivo de lo ocurrido a partir de 2006. Por lo pronto, Morena inicia una discusión sin precedente que por lo mínimo debe dar como resultado la consolidación de una organización democrática, sujeta a normas y fiscalizada por sus propios miembros. Seguramente la realidad enriquecerá el debate.





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