lunes, 15 de junio de 2020

Tiempo de definiciones

John M. Ackerman
L
a mayor debilidad de la oposición a la Cuarta Transformación es que sus integrantes se niegan a identificarse como tal. Cuando el 25 de mayo la cuenta de Twitter Frente de Oposición Nacional subió un collage de fotografías de políticos, intelectuales y periodistas que se oponen cotidianamente a las acciones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, casi todos los mencionados se deslindaron de inmediato. Y cuando el martes 9 de junio el Presidente dio a conocer en su mañanera un documento sobre los planes del Bloque Opositor Amplio (BOA), los ahí referidos también se desmarcaron e incluso acusaron al Presidente de difundir noticias falsas.
Los deslindes llegaron a extremos ridículos. Carlos Loret de Mola insistió, por ejemplo, en que no es más que un reportero, y ya. León Krauze y Pascal Beltrán del Río subieron mensajes similares señalando que son simples periodistas que no participan en acciones políticas. Sergio Sarmiento negó su participación en ningún frente, ni grupo, ni partido y la presidenta ejecutiva de Mexicanos contra la Corrupción, María Amparo Casar, rechazó su pertenencia a ningún grupo opositor, ni partidista ni no partidista. Según ellos, son individuos puros que andan totalmente solos por el mundo sin afiliarse con absolutamente nadie. Mientras, Ciro Gómez Leyva y Leo Zuckermann exigieron a coro, utilizando casi las mismas palabras, que no me metan en sus conspiraciones y complot. Enrique Krauze y Aguilar Camín también cumplieron, por supuesto, con el mismo ritual de lavamanos.
Cualquier persona que tenga el estómago para revisar algunos de los reportajes o artículos de los personajes arriba señalados, y de otros similares como Denise Dresser, Pedro Ferriz o Luis Carlos Ugalde, se dará cuenta inmediatamente de que no son de ninguna manera neutrales u objetivos. Su golpeteo constante y visceral contra todas y cada una de las acciones del nuevo gobierno revela su decisión de oponerse a la Cuarta Transformación. Están enojados por la pérdida de sus viejos privilegios y asustados por el hecho de que tienen cada vez menos influencia entre la ciudadanía. Añoran regresar al viejo régimen en que su palabra era la ley y su opinión el evangelio.
Extraña, entonces, que estas figuras no se unan abiertamente para trabajar juntas para derrotar al hombre que consideran un déspota, un populista y un ignorante. Cuando los obradoristas estábamos en la oposición generábamos constantemente nuevos frentes, redes, asociaciones, grupos, consignas, marchas y hashtags para articular nuestra indignación y resistencia. Es en gran parte gracias a este esfuerzo continuo, ese compromiso constante con la lucha, el diálogo y la organización, que pudimos acumular suficiente fuerza para poder romper el cerco mediático, derrotar a los corruptos y superar el intento de fraude en 2018.
Ahora que los voceros del viejo régimen están en la oposición lo lógico sería que también articularan sus acciones y opiniones. Tanto el Frente de Oposición Nacional como el BOA son importantes esfuerzos iniciales en este sentido. ¿Por qué, entonces, no generan emoción alguna entre quienes tendrían que ser sus principales protagonistas?
Al parecer hay tanta mala leche entre ellos mismos, una historia tan larga de traiciones personales y de negocios arrebatados, que no existe la confianza necesaria para generar una efectiva acción colectiva. Algunos tienen más afinidad al PRI y otros al PAN o al PRD. Algunos trabajan para Televisa, otros para Tv Azteca o Imagen, y otros manejan sus propias empresas político-culturales. Sus abultados egos y sus fuertes intereses personales los alejan de la humildad y la perspectiva de largo plazo necesarias para construir una nueva red política suficientemente fuerte para vencer a su adversario común. Así que prefieren esconderse atrás de la cortina de humo de su supuesta independencia con la esperanza de mantener a flote sus negocios personales.
Algo similar ocurre entre los grupos de la oposición partidista. PAN, PRI, PRD, MC y México Libre, todos jalan por su propio lado en una lucha descarnada por la sobrevivencia en las elecciones de 2021. Esta división beneficiará enormemente al partido Morena, ya que permitirá que este nuevo partido salga victorioso no solamente en los distritos donde recibe la mayoría de los sufragios, sino también en aquellos donde apenas cuenta con el respaldo de la pluralidad, unos 30 o 40 por ciento, de los votos.
Aunque les duela aceptarlo, le haría muy bien a la oposición intelectual, periodística y partidista hacer caso a López Obrador: “Nada de medias tintas, que cada quien se ubique en el lugar que corresponde, no es tiempo de simulaciones, o somos conservadores o somos liberales… es tiempo de definiciones”. Si no se definen ahora frente a la historia, será la historia la que los defina a ellos y quedarán como un no grupo desorganizado y desarticulado totalmente rebasado por el nuevo contexto nacional.

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